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Yo tenia en ese entonces 18 años recién cumplidos xxx , había terminado mi secundario sin reprobar ninguna materia y había por fin conquistado la medalla de campeón de natación intercolegial que se me había negado en años anteriores, como premio por tanto esfuerzo mis padres me había comprado mi primer autito y con unos pesos que había ahorrado decidí tomarme todo el mes de enero de vacaciones para disfrutarlo paseando por el interior del país en mi propio auto.

Llevaba un par de días de recorrer caminos cuando, hacia media tarde, se desato una fuerte tormenta que me obligo a reducir la marcha ya que el camino por el que avanzaba se había convertido en un lodazal, luego de una hora o dos de penoso avance mi auto se descontrolo y fue a parar a la cuneta donde las ruedas giraron hasta quedar completamente atascadas en el barro. Mire a mi alrededor y en la semipenumbra del atardecer alcance a divisar, a través de la cortina de agua, varias luces a una distancia que yo calcule de un kilómetro. Hacia allí me dirigí atravesando el campo a pie, pero mi avance era tan lento, sufrí tantas caídas en el barro y tuve que cruzar tantos charcos donde el agua me llegaba mas arriba de la cintura, que para cuando llegue me encontraba lleno de lodo de los pies a la cabeza y se había hecho de noche cerrada.

La que yo creí un pequeño rancho en el medio del campo resulto ser una gran casona que, como luego supe, era el casco de una estancia. Leer todo

Mi cuñada insistía permanentemente. Hasta un día que vino a casa y mi mujer no estaba llegó a mostrarme las tetas para convencerme de que sería bien recibida en nuestro ambiente de parejas “swingers” al que habíamos ingresado hacía un par de meses y en el que la estábamos pasando muy bien.

Lo pero era que mi esposa la incentivaba. Lo único que a ella le daba un poquito de vergüenza era que en el entrevero en alguna reunión yo pudiera quedar pegado a su hermana. La apañaba porque le tenía bronca al marido de ella porque según contaba era un atrasado, un celoso, que no se la cogía nunca, que prefería ver fútbol a estar con ella y que ésta ya no lo aguantaba por lo que quería ir sola porque necesitaba tener sexo.

A mí no me parecía bien que concurriera sin su esposo pero en definitiva no era mi problema. Para colmo mi mujer la entusiasmaba contándole lo bien que la pasábamos y los amigos que habíamos hecho.

Así que un día me decidí y lamentándome por su marido armé una pequeña reunión en casa con un par de amigos. Era una parejita joven y muy perversa, El superdotado y ella bisex. Por supuesto que la invitamos a mi cuñada, quien para no levantar sospechas con su esposo llegó temprano y como siempre, con un paquete de facturas. Mi cuñado nunca venía porque iba a la cancha y después se quedaba viendo fútbol por televisión hasta el último partido. Leer todo

-¿¿Es esa tu última palabra-pregunté muy enfadada-??.

-¿¡QUIERES OÍR MI ÚLTIMA PALABRA!?.

Su tono tan alto y amenazante que en otras ocasiones me había amedrentado solo consiguió enfurecerme más.

-¿¿De veras es esa tu última palabra??.

-Escúchame bien, ¡NIÑATA!. Más te vale olvidar esta charla si no quieres desatar una furia que solo has visto en la Biblia, ¿¡QUEDA CLARO!?.

-¡SÍ, SEÑOR TIRANO, CLARÍSIMO!.

Salí de su despacho dando un soberano portazo que retumbó por toda la casa. Estaba hecha una auténtica furia, cuando vi a Guillermo y Héctor salir de la habitación de éste último, que estaba a poca distancia del despacho.

-¿¡Se puede saber que ha pasado ahí dentro-preguntó Guillermo-!?.

-¡NADA!. Simplemente que he discutido con ese #@!!X%&(no me atrevo a repetir aquel insulto) y la discusión se salió de madre.

-¿Pero va todo bien?.

-Sí Héctor, va perfectamente-repuse con sonrisa sardónica y mucha ironía-, y si me disculpáis, me iré al comedor, o a salita, o al jardín, ¡¡O A TOMAR POR EL PUTO CULO!!.

Me largué de allí echando leches queriendo aplacar mi mal genio y ellos se volvieron a su cuarto con mala cara por haberles gritado. Siempre fui muy temperamental. Decidí irme al balcón de fuera, a que el sol de la mañana me iluminase y se llevase mis malos humos. Tenía que pensar, pensar, pensar…si hubiera sido un dibujo animado, me hubiera dado cabezazos contra las paredes con tal de tener una idea. Me apoyé en el balcón y contemplé la inmensa panorámica de aquella casa de campo en la que me encontraba y en la que esperaba pasar un buen día al despertar. Al irse despejando mi cabeza, entré en razón y me fui a disculpar con Guillermo y Héctor por haberles gritado. Ellos quitaron hierro al asunto diciendo que todos nos solíamos acalorar al discutir y que era normal. Nos dimos un abrazo y me propusieron quedarme con ellos jugando en su ordenador una partida de “Need For Speed”, pero les dije que no, que tenía otros planes. Me fui a mi cuarto, y me quedé pensando en que tenía hasta la puesta de sol para cumplir la idea que accidentalmente había sido trazada.

Tres hombres en la casa, tres desafíos, a cada cual más difícil. Evidentemente, Guillermo y Héctor serían los primeros, y el otro con quien yo había discutido quedaba para el final. La cuestión era donde pillarlos a solas para someterlos, uno por uno, y así obtener lo que mi corazón ansiadamente quería. De los dos chicos, Héctor, que era el menor por año y medio, fue mi primer objetivo, no solo por ser el menor, si no por ser el más guapo. Su pelo era más de un castaño más claro que el de Guillermo, y sus ojos verdes más brillantes, sin contar con que aún tenía cierto aspecto de niño, mientras que el otro ya parecía todo un hombre. Con la ventaja que da saber las costumbres de unos y otros, yo sabía que a Héctor le encantaba pasar al menos un buen rato dando un paseo por el campo, y más si la mañana era soleada. Por fortuna, no tuve que esperar mucho para ver como salía a dar su paseo matutino. Le seguí con cuidado de no ser descubierta, viendo como se salió del camino e iba hasta una pequeña colina que le gustaba mucho, hasta que finalmente se echó en campo abierto a disfrutar la mañana y ponerse a soñar despierto. Con mucho sigilo me puse a su lado, y le vi con los ojos cerrados, lo que explicaba haber llegado hasta allí sin ser descubierta. Llevé mi mano a su bragueta e intenté desabrocharle la cremallera de sus pantalones. Leer todo

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