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Relato porno del 8 de mayo del 2010. Todo comenzó en una empresa filial de otra de mayor reputación, donde yo trabajaba. Si algo sobresalía en esa empresa, era la que fue mi jefa, la presidenta de la empresa. Era más o menos joven como yo, y ella estaba allí “de enchufe” puesto que era la hija del dueño de la empresa, que hacía poco que se jubiló. Tenía muy mal carácter, era muy mandona, muy manipuladora. Aunque eso sí, los trabajadores que no éramos jefes de ningún departamento de la empresa y no teníamos trato con ella, admirábamos su espectacular físico. Era alta, delgada, pelirroja de ojos verdes, con unos pechos bastante grandes y culo redondeado y bien trabajado. Era de suponer que la niña rica iba a un gimnasio y se le notaban algunas operaciones estéticas en la cara, que se la habían dejado preciosa. Por desgracia para nuestras ilusiones, la señora Mar R.D. estaba casada; ya tan joven, con menos de 25 años. No hace falta decir que sería un casamiento que hacen estos ricos entre sus hijos, más por interés en los negocios entre ellos, por supuesto. Y aún encima, no podíamos admirar tal belleza “en toda su extensión”, ya que siempre iba vestida muy “tapada”: ni escote, ni faldas en el trabajo. Sólo la pudimos ver con escote y enseñando pierna en los vestidos que llevaba a esas cenas entre negociantes, a través tan sólo de fotos que conseguíamos mis compañeros y yo muy difícilmente.

Durante un tiempo, comenzaron a circular rumores de la difícil situación económica que atravesaba la empresa. Por ese motivo, la bella Mar estaba insoportable y no toleraba fallos por aquel entonces; además, también se sabía que iba reducir la plantilla de trabajadores para reducir gastos. Entre el gremio de trabajadores, había una tensión impresionante; todos hacían su trabajo a la perfección para dar a los jefes de departamento una buena impresión y evitar perder el empleo. Yo, que siempre realizaba satisfactoriamente mi trabajo, tuve un fallo importante en ese precario momento. Era un cliente muy cabezón, y cada vez que me esforzaba en explicarle la solución viable para lo que él me pedía (había otra, pero económicamente negativa para la empresa). Al final, comenzó la conversación a subir de tono, y el cliente me comenzó a recriminar casi chillando. Leer todo

Relato porno del 8 de mayo del 2009. “Se busca compañer@ para compartir piso de estudiantes, piso cerca de la facultad”

Creo que con esto llegará- pienso mientras coloco papel por la universidad con mi número de teléfono debajo.

Me llamo Eva y este es mi tercer año de universidad y después de dos años de la residencia, decidí que era mejor buscarme un piso ya que me era más barato que la residencia. Espero tener suerte con mi compañero y no tener que volver a hacer esta búsqueda hasta que acabe mi licenciatura de psicología.

Las llamadas se fueron sucediendo hasta que creí encontrar a mi nuevo compañero de piso y lo invité a que lo viera antes de decidirse a alquilar.

El timbre suena a las 5, justo a la hora a la que habíamos quedado y eso me gusta, sobretodo porque odio tener que esperar por los demás.

Abro la puerta y veo a un chico de 1,80 (diez centímetros más alto que yo), ojos y pelo negro y de complexión atlética:

-Tú debes de ser Marc-digo

-El mismo y tú Eva ¿no?

-Si, pasa para que puedas ver el piso.

Mientras le enseñaba el piso, hablamos y pensé que no e había equivocado al elegirlo. Marc me fue contando su vida, diciéndome que estaba estudiando arquitectura, que tenia 21 años como yo, que no era de Salamanca pero que su hermana también vivía aquí, ella también estaba compartiendo piso por la zona. Nos caímos bien desde el principio. Leer todo

Relato porno del 8 de mayo del 2010. No fue un día cualquiera: te recogí en tu ciudad, a la hora que salías de la oficina, pasadas las cuatro de la tarde, y quince minutos después nos besábamos en un cuarto de hotel. Nos desvestimos cuidadosamente, prenda por prenda, cada una a su tiempo. Busqué entre los pliegues de tu cuerpo el botón del clítoris y la jugosa herida de tu sexo.

Me cabalgaste despacio, moviéndote como sabes hacerlo, sin dejar de besarme, hasta hacerme terminar entre estertores de agonía. Empapados en sudor, charlamos desnudos sobre las sábanas, pero tus dedos no me dejaban en paz, tus gruesos labios buscaban mi cuello y mi pecho y la verga recuperó su compostura.

Esta vez te monté yo. Tu abriste las piernas en compás y movías las caderas para recibirme, al ritmo de tus gemidos. Yo iba y venía, regodeándome con la vista, mirando como mi mejor amigo entraba y salía, se mostraba de pronto en todo su esplender para luego ser engullido por completo por tu carne generosa, mientras el sudor seguía corriendo y tus jugos le daban a mis ataques una deliciosa ingravidez que terminó con ambos fundidos en largo abrazo. Leer todo