<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <rss version="2.0"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
><channel><title>Relatos Porno &#187; relatos de lesbianas</title> <atom:link href="http://www.relatos.conejitax.es/tag/relatos-de-lesbianas/feed" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://www.relatos.conejitax.es</link> <description>Relatos porno y relatos de sexo</description> <lastBuildDate>Sun, 29 Aug 2010 10:01:44 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator> <item><title>Caricias enter mujeres lesbianas</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/caricias-enter-mujeres-lesbianas</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/caricias-enter-mujeres-lesbianas#comments</comments> <pubDate>Sun, 20 Jun 2010 21:20:03 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos lesbicos]]></category> <category><![CDATA[relatos porno lesbianas]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=254</guid> <description><![CDATA[Me llamo Noemí y tengo veintitrés años aunque la aventura que quiero dar a conocer me aconteció cuando apenas había cumplido los dieciocho. Por aquel entonces acababa de empezar la carrera de Bellas Artes lo cual compaginaba como mejor podía con mi trabajo en aquella tienda de ropa femenina. Llevaba en aquel trabajo unos seis [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Me llamo Noemí y tengo veintitrés años aunque la aventura que quiero dar a conocer me aconteció cuando apenas había cumplido los dieciocho. Por aquel entonces acababa de empezar la carrera de Bellas Artes lo cual compaginaba como mejor podía con mi trabajo en aquella tienda de ropa femenina. Llevaba en aquel trabajo unos seis meses y aquel dinero que me sacaba me ayudaba en los gastos de la facultad y para comprarme ropa y mis cosillas. La verdad es que resultaba un trabajo divertido, todo el día peleándome con mujeres de buen nivel social y seguramente cansadas de sus quehaceres diarios y de sus maridos. Mari Luz, la jefa, me tenía aprecio y nos llevábamos bien pues las ventas marchaban a la perfección y además nunca le había dado el más mínimo motivo de queja.</p><p>Bueno, pues la historia que deseo contarles tuvo lugar un sábado y la recuerdo como si fuera ahora mismo sin poder evitar sentir un leve cosquilleo entre las piernas recordando todo aquello. Una hora antes del cierre de la tienda vi entrar una mujer de unos treinta y cinco años según le eché a bote pronto. Me gustaba aquello de imaginar la edad de las clientas así que con aquella no iba a ser una excepción. Siempre me hacía un pequeño retrato robot de las clientas que entraban en la tienda imaginando sus vidas, sus alegrías y sus desconsuelos, sus historias de mujeres enamoradas o tal vez despechadas por sus parejas pocos días antes.<span id="more-254"></span></p><p>Era la primera vez que veía a aquella mujer por la tienda <a href="http://www.bragax.com" target="_blank">video xxx</a> así que dejé que fuera fisgoneando y mirando ropa pues, desde el primer día que entré a trabajar, Mari Luz me dijo que había que dejar a las clientas mirar tranquilamente unos minutos los vestidos y las prendas antes de pasar al ataque. Así lo hice en aquella ocasión mientras repasaba su figura desde el mostrador donde estaba etiquetando un nuevo pedido que había llegado aquel día y que aún no había tenido tiempo de revisar.</p><p>De bonitos cabellos cortos teñidos de color borgoña y con ligeras mechas rubias y de unos treinta y cinco años de edad como dije, se la veía una mujer elegante bajo aquel conjunto otoñal de camiseta de tirantes y pantalón gris de lino complementado con una fina y transparente blusilla por encima, un bolso al hombro y sandalias de altísimo tacón todo ello en color fucsia. Estuvo curioseando por la tienda unos diez minutos sin que yo le dijera nada hasta que finalmente acabé con el último vestido del albarán que estaba revisando y entonces fue cuando me dirigí hacia ella.</p><p>Me dijo con su gracioso acento andaluz que necesitaba comprar varias cosas y que no sabía por donde empezar. Así estuvimos un buen rato mirando diversos vestidos y algunas faldas y blusas. La verdad es que con su tipo todo le quedaba fenomenal pues, pese a no ser muy alta, mantenía una buena figura con aquel pecho de talla mediana y aquel pompis redondo y levantadito que a buen seguro debía provocar más de un suspiro de admiración.</p><p>Ya era casi la hora de cerrar cuando acabó de probarse todo aquel arsenal de prendas. Al fin se decidió por dos carísimas blusas de seda y un bonito vestido en tonos malva que según dijo iba a necesitar para una boda que tenía cercana. Lo cierto es que aquella mujer resultaba agradable y dicharachera con su sonrisa contagiosa y su alegre acento sevillano. Pagó todo aquello con tarjeta American Express y antes de marchar le comentó a Mari Luz que seguramente volvería pronto pues necesitaba algunas cosas más.</p><p>Así fueron pasando los días siguientes entre ventas y albaranes cuando, cuatro días más tarde, volví a ver entrar en la tienda a aquella hermosa mujer esta vez acompañada por un joven muchacho de cabellos rubísimos y de unos doce años el cual imaginé que sería su hijo. Aquella mañana me había quedado sola en la tienda pues Mari Luz había tenido que ir al juzgado a arreglar unos papeles de su divorcio así que, con la mejor de mis sonrisas, me dispuse a atender de la mejor manera posible a aquella clienta que tan buena compra había hecho unos días antes.</p><p>Tras comentarme que necesitaba mirarse unos pantalones y un bolso le dijo al muchacho acuclillándose frente a él que fuera con su padre al coche pues mamá tenía que comprarse ropa y que allí se iba a aburrir.</p><p>Así que está casada. Seguro que el marido tiene que estar como un queso –pensé para mí misma mientras veía salir a aquel mozalbete de la tienda a la carrera.</p><p>Una vez solas me fijé más en ella y en el ceñido vestido que llevaba puesto. Era de color amarillo pálido y resaltaba a la perfección su piel oscura y su cuerpo de curvas pronunciadas. Llevaba en una mano una bolsa y con su alegre parlotear me dijo que el vestido que se había llevado para la boda le iba un poco justo y que necesitaba algún que otro retoque. Sonriéndole sin dejar de mirarle a los ojos le dije que fuéramos al probador para verle el vestido puesto y tomar nota de los arreglos que necesitaba. Cerré la puerta del probador una vez entró y le dije amablemente que enseguida volvía con ella pues en esos momentos había entrado otra clienta a la tienda.</p><p>No tardé en volver con ella pues la señora mayor a la que atendía no encontró ningún bolso que fuera de su gusto. Volviendo al probador le pregunté en voz alta tras la puerta si ya tenía el vestido puesto contestándome ella que ya casi estaba. Segundos más tarde abrió la puerta del probador diciéndome que le apretaba algo de la cintura y que si se podía hacer algo con eso. De forma muy profesional le dije que no había mucho problema, que sólo habría que ensanchar mínimamente la tela y que con ese simple arreglo le iba a quedar de fábula.</p><p>Pues me quitas un peso de encima porque creía que no iba a tener solución y que iba a tener que cambiarlo.</p><p>No mujer, nada de eso. No será necesario; sólo déjemelo y en dos días lo tiene.</p><p>¿Dos días? –me preguntó con cara de fastidio. ¿No podrías tenérmelo antes? –dijo ahora cambiando en un momento su cara a un gesto casi de súplica.</p><p>Bueno, si lo necesita con urgencia se lo puedo tener para mañana por la tarde –respondí al instante tratando de tranquilizarla.</p><p>Perfecto, si me lo tienes para mañana por la tarde perfecto. Por cierto, ¿cómo te llamas? Eres muy buena dependienta aunque se te ve algo joven –dijo como tratando de crear una mayor intimidad entre nosotras.</p><p>Le dije mi nombre mientras tomaba nota del arreglo que había que hacerle. Mientras tanto ella me dijo que se llamaba Mamen y que vendría mucho más a menudo a visitarnos pues teníamos una ropa que le gustaba mucho. Me levanté quedando junto a ella y entonces fue cuando me preguntó si tenía pareja diciéndole yo que no, que aún era muy joven para eso.</p><p>¿Y qué edad tienes? –me preguntó acercándose aún más a mí.</p><p>Dieciocho, señora –contesté con rapidez a su pregunta.</p><p>Dieciocho años… -repitió ella con voz susurrante y como si estuviera pensando en otra cosa.</p><p>Fue cuando sentí su presencia casi encima de mí y su mirada felina como si quisiera devorarme con ella.</p><p>Dieciocho años… -volvió a repetir entre susurros notando yo la cercanía de aquel bello cuerpo junto al mío. Con dieciocho años ya no eres ninguna jovencita… -exclamó sin poder reprimirse.</p><p>Fue en ese momento cuando noté el leve roce del dorso de su mano de largas y bien cuidadas uñas por encima de mi rostro acariciándomelo de manera suave y delicada. Podía sentir su respiración ligeramente galopante mientras acariciaba mi mejilla con enorme ternura y cariño. Me quedé como paralizada sin saber cómo responder ante la inesperada caricia que aquella bella mujer me daba.</p><p>¿Realmente estaba tratando de provocarme y seducirme aquella mujer de bonitos ojos color avellana y ligeramente rasgados y a la que estaban esperando en la calle su marido y su hijo? –pensé sin saber dónde meterme y rezando porque Mari Luz o alguna otra clienta no se presentara en la tienda en una de esas casualidades que tiene la vida.</p><p>Sin esperar más acercó su cara a la mía haciéndome sentir la fragancia fresca de aquel perfume que llevaba. Noté cómo sus húmedos labios se posaban sobre los míos sin que tuviera fuerza alguna para negarme. Sus labios expertos parecían querer quemarme los míos haciéndomelos sentir cálidos y ardiendo. Nunca hasta entonces ninguna mujer me había besado y, a fuer de ser sincera, debo decir que aquello no me desagradó lo más mínimo dejándome hacer por ella sin responder a su caricia.</p><p>Empinándose sobre sus pies retiró mis largos cabellos castaños a un lado y acercó su boca a mi oreja la cual empezó a chupar y a lamer con sus labios y su lengua haciéndome estremecer aquel simple roce. Pronto los chupetones y lametones se convirtieron en pequeños mordiscos que tuvieron la virtud de hacerme lanzar un profundo suspiro demostrándole así lo mucho que aquello me gustaba.</p><p>Con los ojos cerrados disfrutando de lo que Mamen me hacía, noté cómo se separaba de mí y al entreabrir los ojos la vi quitarse el vestido y ponerse el suyo para después recoger sus cosas mientras decía con sonrisa maliciosa:</p><p>Me gustas… me gustas muchachita, pero ahora tengo que marcharme que mi marido y mi hijo me están esperando. ¿Tendrás el vestido para mañana, verdad? –la escuché decirme al tiempo que la veía escapar de la tienda corriendo camino de la calle.</p><p>Ni tiempo me dio a responderle quedándome allí parada y sin saber muy bien lo que había pasado. Aquella noche apenas dormí pensando en Mamen y en lo que había ocurrido en la tienda. Recordé la sensación agradable del roce de sus labios sobre los míos y cómo luego se había apoderado de mi pequeña orejilla maltratándola con suavidad y delicadeza. Sin poder evitarlo tuve la necesidad de masturbarme de modo furioso evitando, sin embargo, gritar para que mis padres no me oyeran desde su habitación.</p><p>A la mañana siguiente estuve nerviosa y sin centrarme en nada de lo que hacía, tanto que hasta la misma Mari Luz se dio cuenta de que algo me pasaba.</p><p>Hija, ¿qué te pasa esta mañana? No estás como siempre, a ti algo te preocupa –me dijo mostrándose un tanto preocupada por mi actitud de aquel día.</p><p>No me pasa nada Mari Luz, de verdad –le contesté con una sonrisa forzada y viendo como pese a mis palabras no se quedaba muy convencida.</p><p>Por mi cabeza no hacían más que pasar y repasar las imágenes de aquella mujer junto a mí acariciándome y besándome de manera lasciva. Ya casi al mediodía sonó el teléfono diciéndome Mari Luz desde el almacén que contestara a ver quién era. Una voz sensual y femenina preguntó por mí al otro lado del aparato contestando yo que era yo misma. Sabía perfectamente que era ella y de nuevo aquella sensación tan envolvente volvió a apoderarse de todo mi cuerpo.</p><p>Sabía que eras tú –me dijo con voz susurrante. Tenía tantas ganas de hablar contigo. Me gusta tu voz a través del teléfono, resulta terriblemente cálida y agradable –aseguró quedándonos ambas mudas unos segundos al aparato sin decir una sola palabra.</p><p>Sólo quería pedirte que tengas el vestido preparado y que te espero esta tarde en la calle a la hora de salir. Esta noche mi marido y mi hijo no están en casa y tengo ganas de verte, cariño. No me falles –la oí colgando al momento sin dejarme una vez más darle respuesta.</p><p>Nada más colgar yo supe lo que aquella llamada significaba. Aquella mujer deseaba estar a solas conmigo y yo no iba a tener fuerzas para decir que no. Deseaba tanto volver a sentir aquellos labios trémulos y tan femeninos besándome de manera apenas perceptible, que no pude evitar notar un escalofrío recorriéndome todo el cuerpo. Mari Luz desde la puerta del almacén me preguntó quién había llamado diciéndole yo que era la clienta que había dejado el día antes el vestido para arreglar.</p><p>Si durante toda la mañana había estado nerviosa perdida, podéis imaginaros como estaba ahora tras haber recibido la invitación de aquella hermosa treintañera a conocernos de un modo mucho más íntimo y lujurioso. Toda la tarde estuve como volando en un sueño, sin parar de jugar con el bolígrafo entre mis dedos y sin prestar ninguna atención a lo que hacía.</p><p>Noe, mañana espero que estés más por la labor de lo que has estado hoy. No sé qué demonios te ha pasado durante todo el día pero quiero que prestes más atención a las cosas –me dijo Mari Luz mientras cerraba la puerta de la tienda y se despedía de mí hasta el día siguiente.</p><p>Despidiéndome de ella entre disculpas que no debieron sonar demasiado convincentes, me quedé allí en medio de la acera escuchando a los pocos segundos el claxon insistente de aquel coche aparcado al borde de la acera. Volviéndome hacia aquel ruido me encontré con que allí estaba esperándome Mamen con la ventanilla bajada y haciéndome gestos para que me acercara. A partir de ese momento perdí el mundo de vista fijando mi atención en aquella bella mujer que tan sorbido me tenía el seso.</p><p>Allí dentro de aquel flamante Honda Civic en color rojo metalizado me esperaba aquella mujer hecha pecado y a la que estaba segura no iba a poderle negar nada que me pidiera. Con su sonrisa traviesa y sus brillantes ojos clavados sobre mi rostro, nuevamente volví a sentir aquella extraña sensación recorriéndome todo el cuerpo al verla acercarse y empezar a sentir aquellos labios fundirse con los míos. Mamen, muy segura de sí misma y mucho más experta que yo, apoyó con suavidad sus dedos detrás de mi nuca para después enredarlos entre mis cabellos mientras me besaba de un modo delicioso y diferente. Con algo de urgencia noté su lengua presionar sobre mis labios hasta que consiguió que los abriera ligeramente dejando paso libre a su apéndice dentro de mi boca.</p><p>Noté su lengua ardiente abriéndose paso a empellones en el interior de mi boca y cómo se enzarzaba con la mía mezclando nuestras salivas en un beso mucho más sensual y apasionado. Sin esperar más dejó caer su mano con delicadeza sobre mi muslo cubierto por la tela de la falda que llevaba aquel día para, al momento apretarlo con fuerza entre sus dedos haciéndome emitir un ligero suspiro de satisfacción. Aquella mujer transpiraba pasión y sexo por todos y cada uno de los poros de su piel y yo creí marearme durante un breve lapso de tiempo recibiendo aquel intenso y prohibido beso entre mujeres. Cerrando los ojos me olvidé de todo, de donde estábamos, allí dentro de aquel coche y pudiendo ser vistas por cualquiera que pasara por la calle. Apoyando mis manos en sus brazos respondí a aquella caricia besándola ahora yo de manera furiosa y desenfrenada, deseándola de un modo salvaje y totalmente desconocido para mí.</p><p>Separándose de mí la vi sonreírme de nuevo con aquella mirada felina que tanto me atraía y antes de poner el coche en marcha la escuché decirme apenas musitando:</p><p>Tranquila mi niña, tranquila… todavía tenemos que esperar un poquito más. Veo que aprendes rápido, eso me gusta. Nena, no sabes las ganas que tenía de verte… llevaba todo el día esperando tenerte a mi lado. No te preocupes por el vestido que mañana a primera hora pasaré a recogerlo. Creo que voy a tener una muy buena razón para venir a menudo a tu tienda –dijo mientras encendía el motor del coche encontrándonos en pocos segundos inmersas en la locura del tráfico de la ciudad.</p><p>Mientras no hacíamos más que pasar semáforo tras semáforo a velocidad de vértigo, fijé mi atención en el atuendo que mi nueva amante llevaba aquella noche. Vestía de forma mucho más juvenil e informal que las dos veces anteriores que nos habíamos visto, con aquella corta camiseta marrón oscuro que le dejaba la tripilla al aire y en la que descubrí un pequeño piercing presidiendo la redondez del ombligo. Aquella imagen me sorprendió gratamente pues debo reconocer que no hubiera imaginado algo así en una mujer como aquella. Adornaba sus orejas con unos pequeños pendientes con la clave de sol que me encantaron nada más verlos y cubría sus poderosas piernas con unos tejanos ceñidos de un color blanco inmaculado. Unas zapatillas Converse en tono marrón a juego con la camiseta eran el complemento perfecto a aquel conjunto tan juvenil y divertido.</p><p>Pasamos calles y más calles sin dejar de hablar de diferentes cosas y sintiéndome yo cada vez más envuelta por la mirada penetrante de Mamen la cual de tanto en tanto abandonaba levemente la mirada del asfalto centrando toda su atención en mí. Incluso en dos ocasiones apoyó su mano de manera fugaz en la mía abandonándola al instante para volver a tomar el volante con fuerza. Estos roces de sus largos y finos dedos sobre mi mano me hicieron poner en alerta en espera de un mayor avance por su parte.</p><p>Salimos de la ciudad camino de la carretera de la costa y cada vez su coche tomaba una mayor velocidad bajo los pies de mi nueva compañera. Al fin la vi desviarse por una carretera al inicio de la cual un cartel indicaba la proximidad de una zona residencial bien conocida. Casas y apartamentos de lujo, con grandes jardines y piscinas resultaron para mí todo un paraíso quedándome completamente prendada con aquellas bonitas vistas al mar. La casa de Mamen era un edificio de dos plantas con una amplia terraza que daba directamente a un acantilado por encima del mar. El salón era de estilo colonial distinguiéndose claramente por el inconfundible sello artesanal que lo caracterizaba. Los muebles daban a la estancia un toque original, respetando al mismo tiempo la infraestructura de la casa con su belleza tranquila y sus líneas sosegadas. En toda la habitación destacaba como color por excelencia el blanco mezclado a la perfección con la gama cromática del beige y los marrones del mobiliario macizo y del sofá de tres plazas que descansaba junto al enorme ventanal. Las cortinas en suaves tonalidades lilas suponían el contrapunto ideal a todo aquel ambiente tan amable y acogedor y en el que se respiraba una fascinante tranquilidad.</p><p>Elementos modernos encontraban su sitio de la mano del acero y de la forja, haciéndose notar en forma de pequeños detalles tales como remates en las sillas y en la mesa que presidía uno de los rincones del comedor. Sobre la mesa un jarrón de mimbre con tallos de bambú transmitía un mensaje de fresca naturalidad. Por otro lado aquel elemento decorativo y moderno quedaba igualmente presente a través de los sutiles adornos mates de la gran lámpara de pie que iluminaba toda la estancia.</p><p>Una alfombra de tupidos flecos y de grandes dimensiones cubría todo el suelo ofreciendo al salón una dimensión mucho más completa. En las paredes colgaban diversos cuadros de estilo abstracto y también imágenes en sepia de lugares bien conocidos de diversas ciudades europeas como Roma, Lisboa, Praga o Londres. Por último el ventilador de aspas de madera y rafia colgado del techo fue llenando todo el salón de un delicioso frescor en el mismo momento en que Mamen lo puso en marcha por medio del mando a distancia que descansaba sobre la repisa repleta de libros de la chimenea.</p><p>Mamen, todo esto es precioso –comenté sin dejar de admirar cada uno de los rincones y elementos que formaban todo aquel conjunto.</p><p>¿Te gusta, cariño? A través de muchos años hemos ido montando esta casa a gusto de mi marido y mío. Pero no te quedes en pie y siéntate cómoda que yo vuelvo enseguida –dijo no sin antes encender el equipo de música a través del cual se empezó a escuchar un suave y delicado tema instrumental.</p><p>Allí me quedé unos minutos sentada en aquel sofá marrón de fría piel y disfrutando de la tranquilidad de aquella casa y de aquella noche que tantas emociones fuertes prometía. Sacando mi móvil del bolso llamé a mis padres diciendo que no me esperasen aquella noche a dormir pues había quedado con mi amiga Maribel para pasar la noche y que me iba a quedar a dormir en su casa. Una vez hube colgado llamé a continuación a Maribel, mi mejor amiga, para decirle que me escudara en mi mentira y que ya le contaría todo cuando la viera. Maribel, como siempre en estos casos, rió divertida diciéndome que sería una tumba y que estaba ansiosa porque le contara todo con pelos y señales y por saber quién era mi nuevo acompañante.</p><p>Si ella supiera –pensé escuchándola hablar entre alegre y divertida al otro lado del teléfono.</p><p>Guardando el móvil en el bolso escuché ligeros ruidos procedentes de la planta superior al tiempo que trataba de acomodarme a aquella casa de ensueño y decorada de modo tan exquisito. Al fin apareció Mamen vestida con un elegante y corto camisón en color morado el cual dejaba al aire la totalidad de sus espléndidas piernas.</p><p>Perdona que no te haya invitado a tomar nada. ¡Qué despiste el mío! –exclamó caminando sobre sus piececillos descalzos hacia el mueble bar hecho de madera de nogal y lleno de copas y de bebidas de todo tipo. Dime, ¿qué te apetece tomar? ¿un whisky, cognac, ginebra?</p><p>Sin dejar de contemplar un solo segundo su bello cuerpo de espaldas a mí contesté que un gin tonic estaría bien para mí. En segundos se volvió sonriéndome de aquel modo tan malvado y llevando entre sus dedos una copa de cognac para ella y un vaso de tubo con mi gin tonic. Enseguida la tuve sentada a mi lado entregándome mi bebida y ofreciéndome al momento su copa para que ambas brindáramos por el amor. Se había quitado los pendientes viéndose ahora sus pequeñas orejillas desnudas bajo sus oscuros cabellos. Sin dejar de mirarnos a los ojos ambas dimos un largo trago a nuestras bebidas pudiéndose escuchar al fondo el sonido cálido del equipo de música. Deseaba tanto que me besara nuevamente que no sabía qué hacer ni cómo comportarme, sintiéndome en esos momentos un tanto torpe y estúpida jugando una y otra vez con mi vaso de tubo cogido entre los dedos.</p><p>Al parecer mi actitud nerviosa no debió de pasar desapercibida para ella pues acercándose a mí y sin decir palabra agarró mi vaso y quitándomelo lo dejó reposar sobre la mesa de cristal que tenía junto a ella. Lo cierto es que me sentía un tanto aturdida junto a ella aunque al mismo tiempo su compañía me hacía sentir de maravilla y segura de mí misma teniéndola allí a mi lado.</p><p>Aquí estaremos mucho más cómodas pues fuera hace un poco de frío –dijo susurrando y acercándose cada vez más y más a mí.</p><p>Una vez más noté el roce del dorso de su mano apoyado sobre mi mejilla igual que aquella mañana en que nos encontramos a solas en la tienda. Y otra vez me quedé totalmente paralizada ante aquella simple caricia pero que tanto conseguía turbarme. Con sus dedos apartó a un lado, con elegancia inaudita, los pocos cabellos que caían sobre mi rostro. El silencio podía cortarse con un cuchillo en espera de aquellos acontecimientos que, sin duda alguna, iban a producirse a no tardar. Sus ojos revoloteaban por encima de los míos como intentando hipnotizarme con su mirada rasgada y llena de misterio.</p><p>Nuestros rostros se encontraban tan cercanos el uno al otro que podía notar la catarata de cosquillas que me producía su respiración golpeando una y otra vez sobre mi cuello. Tomándome de las manos me susurró al oído si me habían gustado sus besos, respondiéndole yo que sí asintiendo al mismo tiempo con un leve movimiento de cabeza. En ese momento Mamen ya no aguantó más el deseo que la envolvía y, posando sus labios sobre los míos, volvió a besarme de aquel modo tan dulce que sólo ella sabía emplear. Un beso tímido que lentamente se fue transformando en uno mucho más apasionado cuando su lengua empezó a juguetear entre mis dientes y luego en el interior de mi boca. Mi lengua cambió su fisonomía a la de un pequeño pene y mi bella compañera no hacía más que chuparla y devorarla mientras la espuma de su saliva era la ambrosía perfecta que embriagaba todos mis sentidos por entero.</p><p>Eres tan bonita… y tan terriblemente adorable –la escuché decirme una vez nos separamos unos breves instantes la una de la otra.</p><p>Me haces sentir tan bien y tan segura estando a tu lado –confesé con voz trémula y viendo cómo sonreía tímidamente al oír aquellas palabras tan llenas de sentimiento.</p><p>Ella miró mi cuerpo de arriba abajo y su descarada mirada no pudo dejar de sobrecogerme unos segundos. Mi experta compañera dejó escapar una leve sonrisa la cual tuvo la virtud de lograr tranquilizarme mínimamente. Agarrándome el cuello entre sus dedos Mamen volvió a besarme haciéndome sentir sus labios húmedos sobre los míos mientras me dejaba acurrucar entre sus femeninos brazos. Me abrazó muy tiernamente y luego besó mi hombro con extrema dulzura lo cual provocó en mí un ligero temblor de emoción al sentir tan maravillosa caricia sobre mi piel. La tenía tan encima de mí que apenas podía percibir su gesto dominante y lujurioso junto a mi cara. Abrazadas, nuestros cuerpos de bellas formas se unían empezando a notar los primeros sudores de nuestra pasión creciente. Su entusiasmo y ardor me hacían encender entre los más oscuros abismos del placer.</p><p>Sus curvas eran bellas y hermosas y sin esperar más nos acariciamos pasándome ella la mano por la espalda mientras mis manos masajeaban sus nalgas por encima de la fina tela de su camisón. Su piel era tan brillante y tersa como la seda y el aroma tan cercano de su perfume me hacía perder la razón cada vez que lo percibía. Luchamos allí estiradas sobre el sofá hasta que, no sé cómo, Mamen consiguió acabar sentada sobre mí teniéndome de ese modo completamente a su merced. No pude moverme ni escapar pues ella era mucho más fuerte que yo y, por otro lado, tampoco me veía con fuerzas para hacerlo no queriendo otra cosa que no fuera entregarme a sus más perversos deseos.</p><p>Hechizándome con sus ojos recorrió mi cara con sus dedos al tiempo que me decía lo bonita que era. Sonreí de forma vergonzosa como cuando mamá me reprendía por cualquier cosa siendo yo mucho más pequeña. Llevó sus manos a mis pechos que se encontraban duros y excitados bajo la blusa que los ocultaba.</p><p>¡Qué duros los tienes, cariño! –no pudo menos que exclamar mientras se humedecía el labio inferior pasando la lengua por encima del mismo.</p><p>Los estuvo sobando unos minutos hasta que no pude más y noté cómo empezaba a mojarme entre mis piernas. Cerré los ojos cayendo mi cabeza sobre el almohadón que descansaba a mi lado. Le entregué mi lengua y ella, ni corta ni perezosa, empezó a mordisquearla jugando sin descanso hasta que acabó introduciendo su lengua dentro de mi boca al tiempo que su mano llegaba a mi entrepierna y, metiéndose entre la tela de mi braguilla, sus dedos iniciaron un lento maltrato sobre mi cálido tesoro. Lancé un fuerte suspiro al sentirme atacada de aquel modo tan maravilloso e inesperado. Mamen sonrió con malicia al notarme tan empapada y dispuesta completamente a sus caricias.</p><p>Al ir con falda no le resultó nada difícil dar con los rincones más escondidos de mi cuerpo. Haciéndome volver la cabeza a un lado, mi cuello y mi orejilla quedaron a su disposición y entonces noté un fuerte lametón sobre mi oreja que me hizo estremecer por entero gracias a aquella caricia tan obscena pero tan sumamente encantadora al mismo tiempo. El aliento de Mamen parecía quemar la fina piel de mi cuello cada vez que respiraba haciéndome sentir el enorme deseo que la invadía.</p><p>Sus manos traviesas recorrían mi cuerpo arriba y abajo deleitándose con mis muslos para luego subir por mis costados hasta acabar apoderándose de mis pechitos los cuales recibieron su caricia haciéndose sentir bajo la tela de la blusa. Ella lo apretó con delicadeza y enseguida empezó a quitarme la ropa mientras continuaba besándome y sobándome. Ya no sentía nada de todo aquello que me rodeaba, notando tan solo el roce continuo de aquellas deliciosas manos que tanto me gustaban.</p><p>La blusa desapareció a la velocidad del rayo y el mismo camino siguió la falda quedándome así sólo cubierta con el sujetador y la minúscula braguita. Mi respiración se aceleró de modo irrefrenable imaginando lo que estaba a punto de acontecer, la llegada de aquella caricia tan deseada sobre mi joven y casi virginal coñito.</p><p>Estás completamente empapada, cariño –la escuché decir mientras la miraba con mis ojos entornados y sin saber exactamente cuál iba a ser su próximo movimiento.</p><p>Su mano se apoderó de mi desnuda tripilla haciéndome aquel simple roce gemir débilmente. Abandonada a mi suerte, sentía aquella caricia aparentemente tan inocente pero que tanto me ponía, rozar mi vientre lentamente con la palma de su mano una y otra vez, una y otra vez.</p><p>De mi tripilla pasó a mis pies desnudos contemplándolos como si de un par de tesoros se tratara. Levantando uno de ellos empezó a chuparlo, primero el dedo gordo y luego el resto de dedos mientras yo no paraba de pedirle que continuase con todo aquello diciéndole lo mucho que me gustaba. Así noté sus labios seguir y seguir chupando ahora un dedo y ahora otro en una sucesión de caricias sin fin que me hicieron enloquecer sintiendo cómo un suave cosquilleo me corría por la pierna. De un pie pasó al otro jugando igualmente y subiendo y bajando por el empeine hasta acabar de nuevo en los dedos limpios y pequeños, muy pequeñitos y femeninos. Poco a poco fue subiendo por la pantorrilla hacia mi rodilla, pasando de largo hasta mi muslo el cual manoseó con fuerza entre sus dedos notándolo bien rotundo.</p><p>Mamen empezó a obsequiarles con pequeños besitos pasando de un muslo al otro y, sin dejarlos descansar, se introdujo entre mis glúteos besándolos una y otra vez y sin dejar de darles suaves lametazos con los que me los llenaba de saliva. Yo durante todo este tratamiento no hacía más que gemir y jadear perdida totalmente la razón y sin dejar de agarrarme al almohadón para así poder calmar mínimamente el deseo que me consumía por dentro.</p><p>De pronto y sin esperármelo, mi avezada amante se deshizo del camisón y puso sus pechos sobre mi cara. Eran redonditos y bien formados y se veían durísimos y necesitados de mis caricias. Yo, un tanto tímida y aturdida, empecé a pasarles la lengua y a morderlos haciéndola gemir lo cual logró excitarme aún más. Bajó de nuevo entre mis piernas y siguió mordiéndome y besándome por todos lados hasta que lentamente fue acercándose a mi entrepierna. Así vi cómo acercaba su boca al interior de mis muslos al tiempo que masajeaba con lentitud mi tripilla. Dejando caer muy lentamente mi braga con su boca a través de mis muslos, el roce de sus labios y de su lengua sobre mi ingle me hizo suspirar profundamente y entonces, haciéndome separar las piernas, Mamen se hundió entre ellas metiendo al momento la punta de su lengua en el interior de mi vagina. Dando un fuerte respingo por lo delicado de aquella caricia empecé a agitarme de forma convulsa entre sus manos notando la llegada de un orgasmo incontrolable y que me hizo gritar y sollozar disfrutando de aquel placer tan dulce y único. Había estado tanto rato deseándolo y aguantando la tensión que no pude menos que llorar comenzando a caerme pequeñas lágrimas a través de mis mejillas.</p><p>Sin embargo, esto no pareció ser suficiente para mi hermosa treintañera pues, sin darme respiro, se puso a morder, lamer y chupar mi pequeño botoncito haciéndome gritar aún más hasta que un nuevo orgasmo me visitó notándolo mucho más salvaje y duradero. Con los ojos cerrados y el rostro fuertemente congestionado no hacía otra cosa que retorcerme y arañar la almohada y la piel del sofá mientras le entregaba a Mamen la totalidad de mis jugos los cuales bebió y sorbió con gran placer pasándome la lengua arriba y abajo consiguiendo hacer de ese modo mucho más intenso mi placer.</p><p>Caí sobre el sofá sudorosa y sin dejar de boquear en busca del aire que me faltaba y entonces vi a Mamen colocarse sobre mí en posición inversa y entregándome de esa manera su sexo para que lo saboreara. Un 69 que me encantó al ver frente a mi cara su almejita húmeda y con el vello bien recortadito que cubría su monte de Venus. Inmediatamente recogí el testigo que me daba y agarrándola de la cintura empecé a hacer lo mismo que ella me hacía a mí.</p><p>Empezó a gemir al momento gracias a mis lametones sobre su rajita la cual no tardó en dejar escapar los ardientes efluvios del amor saboreándolos ahora yo como antes había hecho ella conmigo. Lamí y lamí su clítoris el cual succioné entre mis labios hasta lograr endurecerlo al máximo. Mamen chillaba y berreaba como nunca había visto hacer antes a nadie. La capacidad de entrega de aquella mujer resultaba verdaderamente asombrosa. Al parecer debía llevar días deseándome y al lograr tenerme entre sus brazos toda su pasión escondida había explotado como un torrente desbocado haciéndola disfrutar de aquel modo tan auténtico y salvaje.</p><p>Mamen movía sus caderas arriba y abajo, adelante y atrás y en círculos logrando de ese modo que la penetración de mi lengua fuera mucho más profunda. Ambas estábamos totalmente entregadas a los placeres de Lesbos disfrutando de nuestros cuerpos y sin reparar en ninguna otra cosa. Estoy completamente segura que si alguien hubiera entrado en ese salón en esos momentos, ninguna de las dos hubiéramos abandonado nuestras tan dulces tareas.</p><p>Sin darnos un momento de respiro ella introducía la punta de su lengua y sus dedillos en mi coñito al mismo tiempo que yo le respondía con la misma moneda jadeando y gruñendo las dos una y otra vez. Pronto noté aquel terremoto producirse en ella en el momento en que empezó a correrse dándome sus jugos de un modo que parecía estarse completamente meando de gusto. Seguí comiéndome su sexo haciéndola reventar de placer y caer sobre mí cansada y exhausta por el orgasmo obtenido.</p><p>Ha sido fantástico, muchachita… realmente fantástico –aseguró con voz entrecortada y fatigada por el enorme placer que le había procurado con mi lengua y mis dedos.</p><p>Descabalgó de encima de mí fijando su vista en la mía con un tremendo gesto de felicidad que delataba el intenso desahogo que había sentido. Toda su cara era un espejo de lujuria y lascivia, su cuello pálido y largo se levantaba sobre la perfecta curva de sus hombros. Sus senos resultaban generosos y turgentes y sus rosados y apetitosos pezones invitaban al pecado apuntando al frente excitados y erectos. Su vientre era terso y plano seguramente debido al mucho ejercicio practicado para poder lograr semejantes abdominales a su edad. En fin, que todo el cuerpo de aquella mujer llamaba al vicio y a la perdición.</p><p>Mamen al observar mi gesto de profundo estupor sonrió, al tiempo que se arrodillaba dejándome contemplar la imagen de su espalda desnuda y la apertura de su trasero que escondía la hermosura de sus partes más entrañables. Tomé asiento a su lado y ya perdidos los últimos vestigios de mi juvenil vergüenza, aproveché su indefensión para acariciarle el cuello y besarla en los labios. Mi amiga entreabrió complacida su boca y me dejó saborear su lengua que noté mojada, punzante y necesitada de mis besos.</p><p>Separándonos la vi cogerse sus pechos con ambas manos y decirme con voz trémula:</p><p>Vamos Noe, acaríciamelos… son todo tuyos, tócamelos mi amor…</p><p>Relevando sus manos con las mías empecé a tocárselos de un modo algo brusco y desconsiderado sin poder ocultar mi inexperiencia en ese tipo de caricias.</p><p>¿Nunca has estado con una mujer? –la escuché preguntarme con un leve brillo de conmiseración en la mirada.</p><p>La verdad es que no… esta es mi primera vez con otra mujer –respondí con voz temblorosa pero sin dejar de sobar aquellos senos de buen tamaño y firmeza.</p><p>¡Oh cariño, eres tan dulce y deliciosa! Desde el primer momento supe que no me equivocaba contigo. Pero deja que te ayude a hacerlo –exclamó retorciéndose ligeramente los pezones con sus propios dedos.</p><p>Recogí sus enseñanzas tomándolas al pie de la letra y sin parar de dibujar círculos y, nada más pellizcar su rosado pezón, sentí cómo sollozaba débilmente poniendo los ojos en blanco completamente abandonada a mí. Mi mirada cayó sobre aquel par de senos abultados y desvalidos. Los pezones habían crecido y apuntaban hacia el techo deseosos de una boca que los envolviera. Bajándome sobre ella nos besamos para luego dirigirme hacia sus pechos cuando ella me invitó a chuparlos. Teniendo un pecho bien agarrado se lo fui chupando y lamiendo escuchándola gemir satisfecha con lo que le hacía. Haciendo mi caricia mucho más traviesa, mordisqueé levemente el pezoncillo obligando a Mamen a lanzar un fuerte grito de sorpresa para enseguida retorcerse sobre el sofá como una culebra.</p><p>¡Eres una chica mala! ¡Veo que aprendes rápido! –dijo con la voz entrecortada antes de llevarme con sus manos hacia el otro pecho en el que repetí el mismo tratamiento anterior.</p><p>Tengo una buena maestra –le sonreí ahora yo mirándola a los ojos y sin parar de llenarle los pechos con mi saliva.</p><p>¿Te gustan mis pechos? –preguntó entre susurros.</p><p>Me encantan… tienes unos pechos preciosos. Duritos y bien grandes –aseguré mientras nos dábamos unos segundos de alivio y descanso.</p><p>Cambiando de postura la vi sentarse frente a mí para, al momento, abrir bien sus piernas.</p><p>Vamos, mi amor. Ven aquí y chúpamelo como antes… me ha gustado mucho.</p><p>Colocándome entre sus piernas observé el triangulillo de su vello púbico perlado del rocío de los jugos de su vulva la cual se hallaba totalmente húmeda y empapada.</p><p>Cómemelo, por favor. Venga cómemelo, tengo tantas ganas –dijo indicándome su coñito con los dedos.</p><p>Yo jugueteé con los pliegues que ocultaban su hermoso tesoro y me emborraché con los efluvios que escapaban de su ardiente sexo. Mamen, mi querida Mamen, no hacía más que jadear y emitir frases ininteligibles mientras se estremecía arriba y abajo recibiendo una y otra vez mis diabólicas caricias. Viéndola así de entregada la descubrí realmente deseable y apetitosa. Sus manos revolvieron mi pelo apoyándolas en mi cabeza como dándome la seguridad que me faltaba para continuar y seguir adelante. Mi lengua abrazaba la abertura de su rajita y pronto sus gemidos se transformaron en gritos ahogados y sus temblores en violentos golpes de sus caderas y de su pelvis como suplicando acabar con todo aquello lo antes posible. Pero yo sabía que no era así, sabía que Mamen disfrutaba de todo aquello y que precisamente aquellas últimas caricias eran las que más le gustaban. No dejaba de jadear y jadear deseando más y más.</p><p>Acaricié el corazón de aquel monte donde se escondía su prenda más valiosa. Ella se quedó inmóvil como aguardando la llegada de aquel estímulo sin posibilidad alguna de poder eludirlo. Su rincón más escondido era carnoso y sonrosado, tanto que creí perder la razón con su sola imagen devorándolo con mi mirada viéndolo tan húmedo y delicado.</p><p>Empecé a introducir con facilidad mi lengua en el coñito de mi compañera y así mi saliva se juntó con los jugos que Mamen destilaba entre pequeños grititos y movimientos espasmódicos. Ella apretó mi cabeza contra su vulva con fuerza como deseando que mi caricia se hiciera mucho más profunda y ciertamente no la decepcioné jugando con su clítoris y sus pliegues sin darle descanso alguno. Sus piernas se separaban al máximo al tiempo que ella levantaba su pubis para favorecer aún más mi trabajo.</p><p>Su gesto aparecía descompuesto y se tensaba cada vez que la atacaba rozando los pliegues húmedos y el botoncito endurecido en que se había convertido su clítoris. Sin embargo su mirada parecía animarme a continuar indicándome que aún no había alcanzado el límite de sus fuerzas. De ese modo metí toda mi lengua y seguí sorbiendo y lamiendo pues no podía defraudar a aquella hermosa hembra que tan loca me tenía.</p><p>¡Así cabrona así, qué bien lo haces! –dijo mientras se erguía y al momento se desplomaba sobre el sofá gritando como una desesperada.</p><p>El mundo pareció pararse unos segundos sin notar nada más que el roce de mi lengua sobre su húmeda almejita que no dejaba de producir líquidos que yo bebía como podía. Al mismo tiempo acompañé la caricia de mi lengua con uno de mis dedos el cual metí en el interior de su sexo acompañándolo al momento de otro más y luego de un tercero.</p><p>¡Dios, qué bueno es esto! ¡Estoy a punto de correrme… para, para! –me pidió casi llorando. Es tan bueno, sigue cariño, sigue… me dijo sin parar de moverse adelante y atrás como si quisiera follarse ella misma con mi lengua y mis dedos.</p><p>Y entonces subí por su rajita hasta alcanzar el clítoris el cual se veía solitario y sin nadie que lo defendiese, esperando la llegada de su amante para que lo hiciera vibrar y sentir las miles de caricias de mi lengua y mis labios. Primero lo acaricié de forma tierna, sin que apenas lo notara pero luego ya pasaron a ser mis labios los que lo envolvieron succionándolo una y otra vez hasta hacerla correr entre gritos y aullidos que llenaron el amplio salón mientras Mamen daba la sensación de enloquecer gracias a mis muchas atenciones.</p><p>De forma increíble se retorcía con lo que le hacía, encadenando un segundo orgasmo al primero que tuvo pero este segundo resultó aún mucho más escandaloso y satisfactorio, un orgasmo largo y placentero con el que cayó en un estado de relajación y cansancio agradeciéndome con sus ojos bañados en lágrimas todo el placer que le había ofrecido. Con mis dedos enlacé los pelillos que cubrían su monte de Venus y luego inicié un juego con su ombliguillo haciéndola temblar y sin poder hacer otra cosa más que morderse el labio inferior para poder soportar aquel estado de ansiedad que la envolvía. Al fin suspiró y se arrodilló delante de mí dándome otro largo beso para corresponderme de esa manera lo mucho que la había hecho gozar.</p><p>Cariño, pocas veces he sentido así como tú me has hecho sentir. Realmente para ser tan joven sabes como hacer gozar a una mujer –me aseguró al tiempo que jugaba con mis cabellos apartándolos de mi cara y llevándolos a un lado para así poder contemplarme a su antojo.</p><p>¿Te ha gustado? –le pregunté sonriendo y con aquella falsa modestia que en esos momentos estaba tan lejos de poder sentir.</p><p>Ha sido fabuloso, mi amor. Pocos orgasmos he disfrutado como los tuyos y puedo asegurarte que han sido muchos los que me han hecho gozar –dijo llevándome hacia ella para poder abrazarnos de manera suave y delicada. Y ahora prepárate que tengo un amiguito que te va a encantar –me dijo levantándose y volviendo a recuperar aquella mirada felina que tanto sabía seducirme.</p><p>¿Qué es? –pregunté un tanto curiosa y divertida.</p><p>Es un amiguito que me hace compañía de vez en cuando –respondió sacando de entre las almohadas un arnés que había escondido minutos antes sin que yo me diera cuenta.</p><p>Sin tardar se lo puso apretándolo bien a su cintura para enseguida apuntarme con él como si de un elemento del género masculino se tratara.</p><p>Vamos Noe, ponte de espaldas que voy a hacerte gozar como pocas veces lo hayas hecho –pronunció aquellas palabras recuperando la seguridad que tan bien conocía en ella.</p><p>Está bien pero ten cuidado con eso que es muy grande y grueso –dije sin apartar mi mirada de aquel grueso consolador de brillante tono negruzco.</p><p>Tranquila mi niña que te volverás loca con él. Puedo garantizarte que nunca me ha fallado hasta ahora…</p><p>Mamen se tumbó a mi lado y empezó a jugar con mi espalda dándome pequeños besitos y recorriéndola con su lengua arriba y abajo. Gemí de puro placer gracias a aquella sensación que me corría desde la nuca hasta el lugar donde acaba la espalda y se inicia el bello espectáculo de mi trasero. Una corriente eléctrica que me hizo caer rendida abrazada a la almohada la cual mordí con desesperación para poder ahogar el largo gemido que buscaba escapar de entre mis labios. Ella se incorporó y con sus manos me ayudó a abrir las montañas de mi culito. Quise facilitar su lento avance y doblé mis rodillas para elevar el trasero hacia mi compañera. Situándose detrás de mí se introdujo en busca de mi pequeño agujerito comenzando a subir y bajar a través de la raja que formaban mis dos protuberantes manzanas. A cada paso que daba rozando mi oscuro agujero un grito placentero salía de mi garganta. Durante un tiempo que para mí se hizo eterno, mi hermosa compañera me estuvo humedeciendo el culito con su saliva pasando su lengua una y otra vez.</p><p>Con uno de sus dedos frotaba el estrecho ojete haciendo círculos alrededor del mismo con la yema del dedo. Mi corazón se aceleró y mi respiración se ahogó notando aquella caricia que tan pocas veces había sentido y que debo reconocer tanto placer me estaba procurando.</p><p>Fóllame, por favor… fóllame, lo necesito tanto –exclamé sin parar de remover mis caderas para así animarla a que lo hiciera.</p><p>Con gesto serio se colocó detrás de mí teniéndome apoyada y vencida sobre el brazo del sofá. De ese modo mi culito quedaba bien ofrecido a todos sus deseos. Desde mi posición podía ver aquel falso pene que imitaba a la perfección el grosor y las rugosidades de uno de verdad. Cogiéndolo entre sus dedos noté cómo Mamen lo apoyaba sobre mi estrecho agujero sin meterlo todavía, tan solo haciéndomelo sentir sobre las inmediaciones de mi culito.</p><p>Yo, entre sollozos lastimeros, no hacía otra cosa que rogarle que me lo metiera, que no aguantaba más aquella espera. Sonriendo por su triunfo, Mamen apuntó el largo consolador y lo fue clavando de manera suave y profunda al mismo tiempo, gimiendo yo de satisfacción y sintiéndome a la vez quemar por dentro cuando dando dos fuertes golpes lo introdujo quedando totalmente dentro de mí.</p><p>Lancé un fuerte quejido creyendo romperme por dentro, tan salvaje sentí la penetración de mi compañera horadando mi casi virginal agujerito. Sólo dos veces habían tratado de profanarlo así que podéis imaginar mi falta de experiencia. Pronto ella empezó a moverse marcando el ritmo de la follada, sodomizándome cada vez a mayor velocidad entre mis berridos y aullidos de dolor y de placer al tiempo. Llevando su mano a mi sexo logró de ese modo tranquilizar mínimamente mi creciente agitación por la presión que aquel largo cilindro ejercía en el interior de mi pobre ojete.</p><p>¿Te gusta, cariño? –me preguntó de forma entrecortada antes de volver a empujar para clavarse hasta lo más hondo de mi ser.</p><p>Me gusta… me gusta. Me duele pero me gusta al mismo tiempo –tuve que reconocer sin dejar de acompañar sus movimientos con golpes de mis caderas para así follarme yo misma contra ese falso apéndice.</p><p>Ambas sudábamos a mares, lo noté al hacerme mi amante apoyar en su pecho apretando sus erectos pezones contra mi espalda una y otra vez mientras se apoderaba de mi cuello chupándolo con auténtica furia. Tuve que morderme los labios para reprimir mi placer, el cual sentía aparecer desbocado entre mis piernas cada vez que Mamen me acariciaba con sus dedillos. A los pocos segundos y casi como si de un milagro se tratara fue mi propio culito el que empezó a devorar el consolador de mi amiga, dilatándose y tragándolo sin dificultad alguna. El orgasmo se me presentó sin avisar y así mi cuerpo tembló agradecido ante aquel rápido mete y saca que me abría mis paredes traseras cada vez más y más.</p><p>Me corro… me corro sí –confirmé meneando las caderas y con la cabeza apoyada sobre el brazo del sofá mientras Mamen me tenía bien cogida por las caderas.</p><p>Así, mi amor… así, disfrútalo. Me ha gustado tanto follarte como si de un hombre se tratase –me dijo al oído llevándome nuevamente contra ella notando su respiración desbocada antes de abandonar mi cuerpo sacando su horrible instrumento de mis entrañas sonando del mismo modo que hace un tapón al abandonar el cuello de una botella.</p><p>Aquella noche dormimos abrazadas sobre su cama para, ya por la mañana, acompañarme ella hasta la esquina de mi tienda donde trabajé todo el día la mar de alegre y divertida lo cual fue recompensado por mi jefa con una comprensiva sonrisa.</p><p>Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/caricias-enter-mujeres-lesbianas/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Las primas</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/las-primas</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/las-primas#comments</comments> <pubDate>Fri, 19 Feb 2010 10:08:11 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[lesbianas follando]]></category> <category><![CDATA[lesbianas primas]]></category> <category><![CDATA[primas follando]]></category> <category><![CDATA[primas lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[webcam lesbianas]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=143</guid> <description><![CDATA[Relato porno 19 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. El verano comenzó bien desde los primeros días, todas las primas nos juntamos para pasar unas vacaciones lejos de la casa de nuestros respectivos padres. Trabajo nos había costado convencerlos de que nos encontraríamos perfectamente bien estando solas y lejos de casa pero afortunadamente [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 19 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. El verano comenzó bien desde los primeros días, todas las <a href="http://www.camporno.tv" target="_blank">primas </a>nos juntamos para pasar unas vacaciones lejos de la casa de nuestros respectivos padres. Trabajo nos había costado convencerlos de que nos encontraríamos perfectamente bien estando solas y lejos de casa pero afortunadamente habíamos conseguido el permiso.</p><p>Éramos en realidad cuatro <a href="http://www.camxxx.bragax.com" target="_blank">jóvenes</a>, todas hijas de familia, la más joven con 18 y la mayor de 24. Pues bien, nos encontrábamos en el aeropuerto esperando a la última que faltaba y llegó justamente antes de la hora de la <a href="http://www.conejitax.es" target="_blank">cita</a>, nuestros padres nos acompañaban y nos daban los clásicos consejos: &#8220;no se separen, háganle caso a Sandra (que es la mayor), no tomen demasiado, aléjense de los chicos, etcétera.</p><p>Por fin después de las despedidas y muchos más consejos nos perdimos entre las salas y pasillos y abordamos el avión que nos llevaría hasta las hermosas playas de Cancún, en México. Serían varias horas de vuelo así que nos pusimos a platicar sobre cualquier cosa. Efectivamente varias horas después ya nos encontrábamos descendiendo de la aeronave en el aeropuerto de ese paradisíaco lugar del caribe. El <a href="http://www.queporno.es" target="_blank">calor</a> se dejó sentir desde el primer momento y lo primero que hicimos fue ir a rentar una camioneta en la que pudiéramos viajar todas cómodamente.<span id="more-143"></span></p><p>Después del papeleo y esas cosas inmediatamente nos dirigimos hasta nuestro hotel. Ocupamos dos habitaciones dobles, así podríamos estar más a gusto por si alguna o algunas decidían salir y otras no. En fin, nos duchamos, nos cambiamos y a eso de las cuatro de la tarde ya estábamos listas para salir a dar nuestro primer paseo.</p><p>Fuimos a comer a un bonito lugar en la zona turística y Leslie vio desde donde comíamos vio un bonji e inmediatamente preguntó si nos gustaría ir allí. Todas dijimos que no pero ella insistió y nos dijo que se aventaría si la acompañábamos. Con tal de verla sufrir de ese modo la acompañamos después de la comida y efectivamente, Leslie se aventó amarrada por los pies del dichoso bonji. Primero todas estábamos aterradas pero después del salto nos moríamos de la risa por las cosas que ella nos contó de su experiencia.</p><p>Bien pues esa noche todas salimos a una disco y nos la pasamos muy bien, bailamos con algunos chicos y aunque ellos quisieron invitarnos a &#8220;algún lugar más privado&#8221;, pues ninguna de nosotras acepto. Esa noche me tocó dormir con mi prima Romina, por supuesto ella en su cama y yo en la mía. Todavía después de llegar al hotel nos quedamos platicando las dos por más de una hora ya a oscuras.</p><p>La mañana siguiente desde temprano salimos a la playa, estuvimos ahí hasta el medio día. A las dos de la tarde me estaba duchando y Romina me avisó que iba a salir, terminé de ducharme y me sequé, salí desnuda y me recosté en la cama disfrutando del aire acondicionado de la habitación. Recostada en la cama como estaba comencé a acariciar mis senos muy lentamente, mis pezones estaban duros como una piedra, jugué con ellos y mi otra mano comenzó a acariciar mi estómago; muy levemente los dedos que me acariciaban iban logrando que mi piel se erizara y comencé a mover la mano más abajo. Caminé por mi vientre y pronto sentí la pequeña rayita de vello que me dejaba sobre la raja. Sentí más abajo el inicio de mis labios vaginales y uno de mis dedos se introdujo levemente acariciando la capucha bajo la cual se ocultaba mi clítoris. Mis senos subían y bajaban rápidamente a ritmo con mi agitada respiración y mi acelerado corazón. El dedo giró sobre mi clítoris qué ya comenzaba a reaccionar, pronto sentí un espasmo en mi vientre y entonces mis músculos se tensaron. Un delicioso orgasmo hizo que mi raja se hiciera completamente agua. Gemí levemente disfrutando de las deliciosas sensaciones y de pronto escuché que alguien se acercaba por el pasillo, metieron la llave en la cerradura y para ese momento yo ya estaba de vuelta en el baño.</p><p>¿Aun no terminas de bañarte, Tania?</p><p>¡Ya casi, me estoy secando!</p><p>Apúrate, vamos a ir al Hard Rock.</p><p>Ya voy.</p><p>Efectivamente al salir me encontré con mi prima recostada en su cama viendo la televisión, poco después ya vestida y arreglada Romina y yo nos reunimos con Leslie y Sandra. Pasamos una agradable tarde en el mencionado establecimiento y cuando comenzaba la noche salimos a caminar por la costera. Platicando y bromeando caminamos hasta nuestro hotel. Leslie y Romina nos comentaron que esa noche deseaban ir a una disco. Yo me encontraba cansada y no tenía muchas ganas de salir pero no quería cortarme. Afortunadamente Sandra dijo que se sentía cansada y que no tenía ganas de salir, cosa que aproveche diciendo que no podíamos dejarla sola y que mejor sería que le hiciera compañía.</p><p>¡No te preocupes! Puedo quedarme sola, no hay problema.</p><p>No, como crees&#8230; no te voy a dejar sola&#8230; ¿Por qué no se van ustedes?</p><p>¡Bueno, esta bien!&#8230; ¿Estás de acuerdo Leslie?</p><p>Sí, por mi no hay problema.</p><p>Así quedamos y al llegar al hotel yo me fui a un cuarto con Sandra mientras que Leslie y Romina se fueron a arreglar a la otra habitación. A las diez de la noche nuestras dos primas se despidieron y nosotras nos quedamos mirando la televisión.</p><p>No me di cuenta a que hora me quedé dormida. Cuando desperté únicamente vi oscuridad y no quise hacer ruido para no despertar a Sandra, me volví a quedar dormida y ya en la madrugada escuché que llegaban las otras dos chicas, oí como abrían la puerta de la otra habitación y entre risitas tontas entraban. Ya no pude volver a dormir, me quedé despierta pero sin moverme ni hacer ruido, mirando únicamente hacia la oscuridad del cuarto. Apenas divisaba la silueta de Sandra y alcanzaba a ver las sombras de los muebles en la habitación. Lentamente mi mirada se acostumbró a la densa oscuridad y pude ver un poco más.</p><p>Sandra estaba cubierta hasta el cuello con la sábana y recostada de lado, dando me la espalda, pasaron cerca de veinte minutos y ya mis ojos se comenzaban a cerrar cuando escuché cómo mi prima se movía. Abrí los ojos y pude ver como ella estaba ahora boca arriba, de pronto su brazo se estiró por debajo de la sábana e hizo esta a un lado. Sandra quedó completamente destapada, traía puesta una playera sin mangas de color blanco y debajo únicamente unas bragas. Volví a cerrar los ojos y otro sonido hizo que los volviera abrir, era una sonido apagado que no identifiqué en el momento. Mi prima se estaba acariciando los senos, sus manos se movía despacio sobre las dos masas pectorales produciendo el ruido que segundos antes me había obligado a abrir nuevamente mis ojos. Sentí de inmediato como una punzada aguijoneaba mi corazón y este se aceleraba hasta el tope. Sentí miedo, angustia, excitación y ansiedad. Todo a la vez. Estaba espiando en lo más sagrado de una persona, su privacidad. Esta idea, la de estar espiando a mi prima, me espantó y me excitó al mismo tiempo. Mi respiración se agitó enseguida y tuve que hacer grandes esfuerzos para contenerme ya que de lo contrario me delataría y ella se detendría en sus propósitos, dejándome de esta forma sin el placer de la observación oculta. Bueno, no oculta pero supuestamente yo no debería de estar mirándola, sino dormida. En fin, como pude me contuve y seguí observando sin ni siquiera moverme.</p><p>Las manos de Sandra seguían sobre sus pechos, todavía sobre la tela de la playera. Un muy leve gemido escapó de sus labios. Se volvió a mirarme, por unos segundos pensé que me había descubierto y cerré los ojos, pero era imposible que me viera detalladamente en esa oscuridad. Los volví a abrir. Mi prima cruzó sus brazos y sujetó los costados de la playera, luego jaló y la sacó por su cabeza. Sus senos se dibujaron perfectamente en las sombras de la noche. Siguió jugando con sus tetas ahora desnudas, sus dedos se recreaban con sus pezones y yo sentí que los míos se erectaban junto con los de ella. Luego de unos segundos así una de sus manos comenzó a descender lentamente por su pecho, su estómago y su vientre; claramente vi como sus dedos se metían debajo de las bragas. Se escuchó ese leve sonido de cuando los dedos rozan la mata de vello y luego unos segundos de silencio y más tarde la piel restregándose contra la piel. El que haya tenido la oportunidad de disfrutar de esto me comprenderá. Yo tenía todas las ganas de tocarme pero me era imposible pues cualquier movimiento me delataría.</p><p>El movimiento de la mano sobre la vulva fue aumentando minuto a minuto en intensidad y poco después se comenzó a escuchar ese ‘chop-chop’ que producen los jugos vaginales ya mamando del interior y restregándose entre las paredes de la vagina y los dedos. Vi claramente como la espina de mi prima se arqueaba levemente y un ahogado gemido me avisaba de su venida. El olor de su sexo me llegó hasta las fosas nasales. Y sin siquiera haberme tocado sentí como yo me comenzaba a venir, y fue imposible, sí, fue imposible que contuviera un muy leve gemido. Gemido que me delató. Sandra se giró hacia mí y sin más encendió la luz de la lámpara, sorprendiéndome con los ojos abiertos y mirándola. Rápidamente se puso en pie sin cubrirse y se paró frente a mi cama.</p><p>¿Nunca te han dicho que es malo espiar a la gente? – dijo en tono enfadado.</p><p>Yo sentí como la vergüenza me cubría el rostro y no atiné a decir nada, podía haber argüido mil excusas, pero nada se me vino a la mente en ese instante. Y esa misma duda fue lo que me impidió razonar a continuación: Sandra jaló las sábanas de mi cama y me despojó completamente de estás, se sentó a mi lado y reclinando su cara contra la mía depositó un beso en mis labios, su lengua entró profundamente en mi boca qué no respondía. Abrió bruscamente con sus manos la camisa de mi pijama, los botones volaron por todos lados. Mis pechos quedaron desnudos y Sandra sin más se prendió de uno. Sentí su lengua caliente lamiéndome, sus labios apretando y succionando mi pezón. Mil cosas se vinieron a mi mente y quise entonces rechazar a mi prima.</p><p>¡Noooo! – grité débilmente.</p><p>Sandra no me hizo caso y siguió lamiendo mi pezón. Me sentía ultrajada y asqueada sabiendo que ella era mi prima, nunca había pensado en una situación así. Moví mi cuerpo para tratar de zafarme pero me fue imposible, Sandra era más pesada que yo.</p><p>¡No lo hagas, Sandy!&#8230; ¡Por favor!</p><p>Mi prima no contestó, siguió chupando mi seno y además con una de sus manos comenzó a acariciar mi entrepierna. Sentí más miedo, más frustración al no poderme escapar, pero también al mismo tiempo había algo que comenzaba a hacer de esta situación algo morboso. Los labios de mi prima fueron recorriendo mi pecho y subiendo lentamente por mi cuello, me acarició con una mano la cabellera mientras que con la otra seguía sobando mi vulva. Yo tenía las piernas cerradas y no dejaba que ella avanzara demasiado, pero ella sabía donde tocar. Cuando sus labios se apoderaron de una de mis orejas sentí la piel de mi cuerpo se erizaba completamente.</p><p>¡No, Sandy, nooo-. Dije otra vez, pero esta vez más en gemido que en protesta.</p><p>Sentí como los senos de ella se apretaban contra los míos y su boca volvió a invadir la mía, esta vez mi lengua ya no se resistió y todos mis miedos, ascos y prejuicios se fueron quedando atrás. Sentí su saliva intercambiarse por la mía y la sorbí gustosa. La abracé y acaricié su cabellera azabache.</p><p>¡No temas preciosa! ¡Te voy a tratar como nadie lo ha hecho! – dijo mi prima en mi oído.</p><p>Me volvió a besar y luego muy lentamente fue descendiendo por mi cuerpo, me mamó de nuevo los senos, esta vez uno y luego el otro. Bajó por mi vientre plano y al llegar al pantalón de mi pijama lo bajó lentamente descubriendo mi vulva. Miró mis vellos rasurados apenas en una rayita muy tenue y me sonrió desde abajo. Luego su lengua comenzó a recorrer mis muslos mientras que sus labios succionaban el sabor de mi piel. La boca de mi prima no tardó en llegar a mi vulva y jugó con mucha calma con mis labios, me hizo sentir mil cosas que nunca antes había experimentado. Llegué a el orgasmo sin que nada hubiera entrado en mi conducto, únicamente con rozar mis portes con sus labios y lengua. Después de este orgasmo el ataque de mi prima fue más directo y se enfocó en mi clítoris. No fue un ataque directo al botoncito sino a su alrededor. Con expertos movimientos Sandra recorrió ese pequeño punto pero sin lastimar ni apretar. Eran movimientos suaves, armoniosos con la punta de su lengua al contorno de mi clítoris. Y Muy de vez en vez un leve roce. Gemí y halé aire en innumerables ocasiones antes de experimentar el más húmedo de los orgasmos que hubiera tenido en mi vida. Sentí como los jugos bajaban por mis nalgas y no dejaban de manar.</p><p>¿Qué me haces prima? ¡No lo soporto, es deliciosooo!</p><p>Sandra me dejaba unos segundos después de los orgasmos y yo se lo agradecía, pues además ambos habían sido los mejores orgasmos de mi vida, poderosos y extenuantes; pero antes de que ella reiniciara yo ya estaba deseosa de probar uno nuevo. Mi prima abrió mis labios con sus dedos y dejó que su lengua se introdujera lo más profundamente posible dentro de mi canal. Lamió una a una las paredes de mi concha, sorbiendo todos los jugos que yo expelía y me acerqué más y más a un nuevo orgasmo. Pero esta vez quería otorgar algo del goce que ella me regalaba.</p><p>¡Dame la tuya! – dije entre gemidos.</p><p>Sandra se detuvo unos instantes y se puso de pie en la cama, bajó sus bragas mostrándome apenas su escasa cabellera sobre la vulva.</p><p>¡Qué linda! – exclamé.</p><p>¿Te gusta mi amor? – preguntó mi prima con evidente excitación.</p><p>¡Sí!</p><p>Esta vez ella colocó las rodillas a un lado de mi cabeza y me pidió que bajara un poco más mi cuerpo, entonces vi su vulva más de cerca, sus labios rojizos y húmedos por su anterior masturbación. No sabía que hacer pero tenía que seguir mis instantes. El cuerpo de mi prima se posó entonces sobre el mío y su boca reinició con el trabajo interrumpido. Yo pasé mis manos por debajo de sus muslos y abrazando cada uno acaricié las nalgas hermosas de mi prima. Acerqué mi boca a su vulva y sentí ese tibio aroma que expelía esta. Pasé mi lengua muy tenuemente sobre la piel de su concha y por primera vez sentí el agridulce sabor de su jugo, de un jugo de mujer. Volví a lengüetear sus labios vaginales esta vez metiendo más la lengua entre ellos.</p><p>¡Así chiquita, lo haces muy rico! – dijo ella separándose de mi vulva.</p><p>Continué explorando ese delicioso manjar que se me ofrecía y descubriendo en cada momento un punto que la hacía estremecerse. Ella por su parte trabajaba como toda una conocedora en mi rajada y hacía que mi cuerpo se erizara y expulsara más jugos cada vez. Yo ahora le comía completamente la concha, abarcando con toda mi boca esos tiernos labios que me besaban y me regalaban ese néctar tan delicioso, tibio y agridulce. Tomando un poco la iniciativa clavé en el ano de mi prima uno de mis dedos y enseguida ella se levantó para gemir aprobadoramente.</p><p>Después de un intenso orgasmo simultaneo nos quedamos tendidas en cama, ella acariciando mi vulva y yo su trasero. Sandra se levantó para acomodarse a mi altura y nos besamos, intercambiando nuestros propios jugos, su vulva se restregaba con la mía y sus tetas con mis tetas. Al oído ella me preguntó si me gustaría ser penetrada. Definitivamente yo estaba aún caliente y enseguida dije que sí sin imaginar lo que a continuación vendría.</p><p>Sandra se levantó y fue hasta uno de los cajones en donde había guardado sus cosas, lo abrió y sacó algo que yo no pude ver. Luego vi que de levantaba una pierna y luego la otra y de pronto mi prima tenia pene. Sí, se puso un arnes tipo braga con una pene bien erecto al frente. Sandra caminó con esa cosa balanceándose y la imagen se me hizo un poco comica, llegó hasta mi lado y me hizo sentarme en la cama. Acercó ese palo de látex a mi rostro y me pidió que lo mamara. Abrí mi boca y dejé que la gruesa cabeza de ese palo artificial se metiera en mi boca. Lo chupe lentamente como lo habría hecho con un pene de verdad y sentí en mis labios y lengua cada una de las venas y curvas de la verga plástica. La situación comenzó a ponerme más caliente pues además de estar chupando ese palo acariciaba las redondas nalgas de mi prima y veía sus senos balancearse sobre mi cabeza. Después de mamarla varios minutos ella me tendió de espaldas en la cama. Mis piernas estaban caídas y ella las sujetó con sus manos y las puso sobre sus hombros. Acercó el palo a mis labios y sentí la presión de la cabeza. Lentamente me empezó a penetrar. Mis carnes se fueron abriendo y ella avanzó decidida hasta llegar a lo más profundo de mi ser. Me estremecí al sentir esa gruesa verga tocar mi matriz. Ella se quedó quieta y mirándome a los ojos.</p><p>¡Nunca pensé en hacerlo contigo! – dijo ella.</p><p>¡Ni yo!&#8230; ¿Crees que esta mal que lo hagamos?</p><p>¿Eso te importa?</p><p>Ya no contesté únicamente moví negativamente la cabeza y esa fue la señal para que ella retrocediera sus caderas, el ariete de látex comenzó a abandonar mis profundidades y ya cuando este había avanzado hasta la mitad ella reingresó en mí. Sus movimientos eran suaves, lentos y profundos. Mis ansias se regaron mucho antes de lo que había supuesto, el palo de mentira fue regado con las mieles de mi ser.</p><p>¡Siiii, no te dentengas&#8230;. mássss! – pedí.</p><p>Sandra siguió moviendo sus caderas dentro de mi sin pausas, me besaba los tobillos y jugueteaban sus manos con mis senos, el siguiente orgasmo tampoco tardó demasiado tiempo en presentarse y entre movimientos de mis caderas e impulsos de las suyas nuevamente festejé esos segundos de dicha.</p><p>Era tiempo de regalar lo aprendido a mi profesora y rápidamente me coloqué el juguete que ella había dejado.</p><p>¿Cómo lo quieres? – me preguntó.</p><p>¡Empínate!</p><p>Sandra se quedó empinada en la orilla de la cama, sus nalgas redondas se marcaban perfectamente y dejaba ver al centro su ano y su sexo bañado de jugos viscosos. Me acomodé detrás de esas ricas redondeses y apunté esa barra contra los labios vaginales. Comencé a empujar viendo como la punta iba perforando la hendidura. La cabezota entró completamente y de una sola embestida me fui hasta dentro de su vulva.</p><p>¡Haaaa, sí! – gimió ella.</p><p>Me sujeté de sus caderas y comencé a bombearla lentamente, justo como ella lo había hecho. La gran verga sintética comenzó a entrar y salir de esa deliciosa concha mojada produciendo deliciosos sonidos ‘¡Plash, plash, chop!’ y yo fascinada apreciaba como perforaba las carnes de mi prima mayor. Su explosión interna fue anunciada con gemidos entrecortados y palabras incoherentes que escapaban de los más profundo de su ser. Sus caderas se movían también circularmente haciendo más placentero el gocé de ambas pues mi vulva no dejaba de soltar sus mieles y estas escurrían por mis suaves y blancos muslos. Cómo ella me lo enseñó la dejé descansar unos segundos tras su orgasmo y después continué perforándole la concha.</p><p>La cogí de esa forma un rato más sin mayores cambios hasta que por fin llegó a su desahogo lúbrico.</p><p>Nos tendimos en la misma cama, sudorosas, llenas de jugos vaginales, con la respiración agitada; pero completamente saciadas y satisfechas. Así nos quedamos dormidas una al lado de la otra y no despertamos sino hasta que nuestras otras primas tocaron a la puerta, rápidamente nos medio arreglamos y abrimos, al entrar ellas comentaron que olía a sexo y no había modo de negarlo. Entonces graciosamente inventé que por la noche después de que se fueron nosotras habíamos salido a caminar y nos encontramos con unos chicos muy agradables, los invitamos a la habitación y terminamos haciendo el amor. Las dos se lo creyeron y envidiaron nuestra suerte pues ellas no pudieron encontrar nada en el antro al que fueron.</p><p>Sandra y yo no nos volvimos a separar más durante el resto de las vacaciones y fue muy duro regresar a nuestras vidas normales. Bueno, casi normales ya que esa relación aún dura. Solamente nos vemos muy de vez en cuando pero cuando lo hacemos no paramos de amarnos hasta quedar completamente saciadas de todo ese tiempo sin sexo.<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/las-primas/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Sorpresa con mi vecina</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/sorpresa-con-mi-vecina</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/sorpresa-con-mi-vecina#comments</comments> <pubDate>Mon, 15 Feb 2010 09:04:57 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[cam lesbiana]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[webcam lesbianas]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=130</guid> <description><![CDATA[Relato porno 15 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. Yo sabía perfectamente que mi marido siempre se había sentido atraído por mi vecina Teresa, una mujer aproximadamente de nuestra edad -45 años-, aunque nunca se había atrevido a confesármelo. No obstante, a raíz de nuestro encuentro con un matrimonio amigo, Julio y Carmen, cambiaron [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 15 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. Yo sabía perfectamente que mi marido siempre se había sentido atraído por mi vecina Teresa, una mujer aproximadamente de nuestra edad -45 años-, aunque nunca se había atrevido a confesármelo. No obstante, a raíz de nuestro encuentro con un matrimonio amigo, Julio y Carmen, cambiaron muchas cosas en nuestra relación y una de ellas fue un aumento de la mutua confianza. Nos lo contábamos todo, o casi todo, porque yo no le hablaba de los encuentros furtivos que mantenía con Carmen desde nuestro primer intercambio con ella y su marido. En resumen, que un buen día Paco me contó lo que yo ya sabía: que estaba deseando beneficiarse a Teresa.<span id="more-130"></span></p><div id="relato"><p>Teresa vive puerta con puerta con nosotros. Es una mujer bastante atractiva, rubia teñida, más bien menuda pero con un tipo envidiable, al que acompaña una cara bastante agraciada. Está casada con Benito, dos o tres años mayor que ella, también de baja estatura y muy delgado.</p><p>Mi relación con Teresa siempre fue muy cordial, tanto que podría decirse que somos buenas amigas. De trato agradable, es muy locuaz y dicharachera. Nuestra confianza comenzó al poco de venirse a vivir a nuestro edificio, hará unos cuatro años, cuando nos encontramos un buen día tendiendo la colada en el patio interior, al coincidir nuestras ventanas frente por frente. Desde ese día, como si de un pacto tácito se tratase, lo hacemos siempre a la misma hora, y aprovechamos para charlar un rato.</p><p>Una mañana de sábado, sobre las once, me asomé a la ventana para tender la ropa. Acababa de salir de la ducha y solo llevaba puesto mi albornoz, sin nada debajo. Casi al instante se abrió la ventana de enfrente y salió Teresa, vestida con un pijama, que me había oído y se dispuso a hacer lo mismo aprovechando para mantener nuestra charla cotidiana.</p><p>-Buenos días, Isa. Que tal de noche de viernes ¿salisteis de farra?-</p><p>-Que va, hija, los años ya empiezan a pesar y cada vez apetece menos-</p><p>-Bueno, seguro que aprovechasteis bien la noche- me dijo con un guiño picaresco y una sonrisa</p><p>-Mujer, para eso aun tenemos fuerzas… y ganas- le contesté con una sonrisa -y tú que tal con Benito. ¿Tuvisteis también marcha?-</p><p>-Claro. Y de la buena. Ten en cuenta que el pobre se levanta todos los días a las 6 de la mañana y no regresa hasta tarde, así que durante la semana tengo que estar a dieta. Pero el viernes ya es otra cosa. Nos dimos una paliza tan grande que él todavía está roncando, y a mí me costó un triunfo despegarme de las sábanas-</p><p>-Caramba para Benito. Es pequeño pero parece que da la talla-</p><p>-Y no sabes de que forma. Es una fiera. Y además, no todo en él es pequeño- e hizo un ilustrativo gesto separando ambas manos</p><p>-Vaya, vaya. Sois toda una caja de sorpresas-</p><p>-Yo no, en todo caso, él. Ni te puedes imaginar el tamaño que se gasta-</p><p>-y tú que sabes de tamaños. Para hacerlo tienes que compararlo con otros-</p><p>-¿y quien te dice a ti que no lo he hecho ya?-</p><p>-¡No me digas!- exclamé sinceramente sorprendida. ¿de veras has probado otra…. polla?-</p><p>-Que quede entre nosotras, pero sí. Y más de una-</p><p>Ni en sueños me hubiera pasado aquello por la imaginación que Teresa, tan recatada como parecía, le estuviera poniendo los cuernos al bueno de Benito. Pero no tenía por que escandalizarme. En los últimos meses mi vida sexual había dado un vuelco espectacular, pasando de la monogamia más absoluta a un libertinaje total, tras aquella loca velada en compañía de nuestros amigos Julio y Carmen, en la que hicimos de todo entre todos, y los posteriores encuentros con ellos y los míos con Carmen.</p><p>De todos modos estaba intrigada y quería saber más. La conversación había empezado a calentarme, así que le espeté:</p><p>-Yo también tengo ciertas cosas que contarte al respecto, pero me parece que este no es el momento. Pueden oírnos y no me gustaría ser la comidilla del vecindario, pero por que no podemos contarnos mutuamente nuestras confidencias cualquier día de semana, cuando estemos solas, mientras nos tomamos un café-</p><p>-Cuando quieras, por mí no hay problema-</p><p>-¿Qué te parece el lunes?- le dije, recordando que Paco tenía previsto un viaje de trabajo y estaría ausente un par de días.</p><p>-Perfecto. El lunes pues-</p><p>En ese momento sucedió algo inesperado. Noté un roce detrás de mí. Era mi marido, que sin que percibiese su presencia se había arrodillado sigilosamente detrás de mí y pude notar como iba subiendo lentamente el albornoz hasta dejar mi culo ante su vista. Yo no podía hacer nada para evitarlo, -aunque en el fondo tampoco lo deseaba-, porque aun con lo comprometido de la situación, con la vecina a pocos metros de mi, tenía que disimular ante ella como si no pasara nada. Me hice una composición de lugar. El cabrón había estado oyendo nuestra conversación sin que nos percatásemos y estaba tratando de sacar provecho.</p><p>Traté de disimular su presencia –en la posición en que estaba, ella no podía advertirla, porque al estar arrodillado quedaba fuera de su vista- pero al notar como sus manos abrían mis nalgas y su lengua invadía mi culo, no pude evitar dar un fuerte respingo</p><p>-¿te pasa algo?- dijo Teresa</p><p>-Nada mujer. Estoy descalza y sin querer he tropezado con la pared al mover un pie- dije mintiendo descaradamente, pero con una voz tan susurrante que provocó en ella un gesto de incredulidad, aunque nada dijo.</p><p>Seguimos con nuestra conversación, aunque abordando temas menos escabrosos, o mas bien lo hizo ella, porque yo era incapaz de coordinar mis ideas. La lengua de paco lamía mi culo cada vez con mayor insistencia.</p><p>Y así transcurrieron unos momentos, justo hasta que Paco dejó de conformarse solamente con mi culo y sus traviesos dedos se abrieron paso entre los pliegues de mi mojado coñito, y no pude aguantar más. Con una disculpa incongruente –ni siquiera recuerdo cual- me despedí de Teresa, dejándola casi con la palabra en la boca, y cerré la ventana. Ya tendría tiempo de darle explicaciones, pero ahora lo que más urgía era continuar recibiendo placer.</p><p>Tras separarme de él le dije:</p><p>-vámonos ahora mismo a la cama, que te vas a enterar, hijo de puta-</p><p>Y a continuación me lo llevé casi a rastras hacia el dormitorio, asiéndolo por un brazo. El iba completamente desnudo e hice que se tendiese boca arriba en la cama.</p><p>Me senté sobre su rostro mirando hacia sus pies.</p><p>-Sigue comiendo, cabrón, que lo estabas haciendo muy bien-</p><p>Y continuó con el trabajo interrumpido.</p><p>Me agaché hasta que mi boca pudo apoderarse de su polla y me la tragué entera; cuando empezaba a coger ritmo de chupada me vino a la cabeza el comentario de Teresa sobre el tamaño de la verga de Benito, y de repente me imaginé que era la que me estaba comiendo.</p><p>Fue tal la avidez con que lo hice, que mi marido se descargó casi instantáneamente en mi boca, sin sospechar siquiera que mi entusiasmo iba destinado al vecino.</p><p>Después, como vi que era incapaz de enderezarla de nuevo –el desgaste de la noche añadido al de la mañana habían provocado en él una provisional impotencia-, le obligué a complacerme con su lengua y dedos, lo cual no dejó de ser muy satisfactorio.</p><p>Cuando tras terminar estábamos recuperándonos en el lecho, me dijo:</p><p>-Oí todo lo que te decía Teresa. Espero que obtengas más información sobre lo que está pasando, porque me gustaría hacer algo con ella-</p><p>Le prometí intentarlo.</p><p>Y llegó el lunes. Paco, tras hacer la maleta, salió de casa sobre las 10 de la mañana para viajar en avión a Barcelona, despidiéndose de mí hasta el miércoles con un beso, no sin antes insistir sobre el asunto de Teresa, que no se le había ido de la cabeza.</p><p>Poco después, acudía a mi cotidiana cita con mi vecina mientras tendíamos la colada, y allí estaba ella, puntual.</p><p>-Chica, el otro día te fuiste tan repentinamente que no tuvimos tiempo a despedirnos. ¿te pasaba algo?-</p><p>-Claro que me pasaba algo, pero ahora no te lo puedo contar. Mejor lo hago cuando tomemos ese café que tenemos pendiente-</p><p>-Pues si quieres nos lo tomamos ahora ya. Yo al menos no tengo mucho que hacer-</p><p>Estaba deseando tener ese rato de intimidad con ella, así que acepté. Le dije si podía venir a mi casa, porque yo ya tenía el café preparado.</p><p>-De acuerdo; no estoy muy presentable pero solo se trata de pasar de una puerta a la otra- me dijo.</p><p>A los dos minutos llamaba a mi puerta. Efectivamente, no estaba como para salir a la calle, ya que calzaba zapatillas y vestía un pijama de pantalón corto y una bata, indumentaria similar a la que yo llevaba.</p><p>El café ya estaba dispuesto en la mesita y la invité a sentarse. Nada más hacerlo, no se anduvo con rodeos:</p><p>-Bueno, cuéntame tu secreto del otro día, que me tienes sobre ascuas-</p><p>-Vale, pero después me tienes tú que responder a unas cuantas preguntas. Confidencia por confidencia-</p><p>Asintió, aunque no muy convencida, y pasé a contarle todo lo acontecido el sábado con el ataque a traición de Paco mientras hablaba con ella a través de la ventana. No dudé en entrar en los detalles más escabrosos, porque suponía que eso la iba a hacer reaccionar. Y efectivamente, según le iba comentando lo ocurrido un rubor tiñó sus mejillas, y a veces no podía evitar relamerse los labios. Esa actitud por su parte, que además llevaba aparejada una pronunciada hinchazón de sus pezones, me contagió, y empecé a sentir un calor en la entrepierna, síntoma de que me estaba excitando, no sé si por recordar lo sucedido o porque su presencia me perturbaba. Cuando terminé de contarle, Teresa estaba encendida como una hoguera. Y entonces llegó mi hora.</p><p>-Bueno, pues cuéntame esas aventuras que te traes, golfilla-</p><p>-Bueno, pero esto tiene que quedar entre nosotras. ¿Me lo prometes?-</p><p>-Sí, pero cuéntamelo ya, que me muero de curiosidad-</p><p>-Es que me da un poco de apuro, porque tú al fin y al cabo me has contado algo que te ha pasado con tu marido, pero lo mío es distinto: le he puesto los cuernos a Benito-</p><p>-No eres la única. Yo tampoco estoy libre de pecado, también tengo mis &#8220;cosillas&#8221;, y más de las que supones- y le conté todos los detalles de los intercambios que Paco y yo manteníamos con Julio y Carmen, y los encuentros furtivos con ésta, a espaldas de nuestros maridos.</p><p>Cuando terminé, su cara era un poema, con una expresión en la que se entremezclaban la excitación y la sorpresa.</p><p>-espero que ahora me cuentes tú-</p><p>Tras asentir con un gesto, comenzó:</p><p>-Pues verás: hace algunas semanas, me encontré casualmente en el supermercado con Manolo, un compañero de trabajo de Benito. Hacía tiempo que no nos veíamos, y le pregunté por su familia –conozco a su mujer por haber coincidido en cenas de trabajo-. Nos liamos a hablar, y terminamos tomando un café juntos.</p><p>Manolo es muy atractivo, alto fuerte y guapo, y a ello hay que añadir que está dotado de una labia y un desparpajo fuera de lo común, y tiene fama de mujeriego. Enseguida me di cuenta de que pretendía llevarme al huerto, pero debo reconocer que la idea no me desagradaba en absoluto.</p><p>Empezó haciéndome ligeras insinuaciones, y terminó diciendo que envidiaba la suerte que tenía Benito de tener como esposa a una muñequita como yo, que si él fuera mi marido no me dejaba ni a sol ni a sombra, etc.</p><p>Le contesté que eso precisamente era lo que ocurría. Mi marido iba del trabajo a casa y de casa al trabajo. Pero el me respondió que no siempre era así, porque cerca de la fábrica en que trabajan hay un puti club del que Benito era asiduo, y que no iba allí solamente a tomar copas, y de ello podían dar fe tanto el propio Manolo como otros compañeros de trabajo.</p><p>Eso me hizo pensar que ya que mi marido me ponía los cuernos, ¿Por qué tenía yo que permanecer fiel, y más teniendo ante mi a un bombón como Manolo, que me estaba diciendo claramente cómeme?</p><p>Cambié claramente de actitud, haciendo ver a mi acompañante que tenía via libre para seducirme, y él lo percibió tan claramente que en pocos minutos me encontraba a bordo de su coche, camino de un motel.</p><p>Tan pronto llegamos al pequeño parking correspondiente a la habitación que habíamos alquilado, ni siquiera me dejó bajar del coche. Puso su mano derecha en mi nuca y me arrastró hacia él, aproximando sus labios a los míos, que inconscientemente se entreabrieron para dar acceso a su lengua, que se enzarzó en un duelo con la mía. Estábamos a tope los dos. Mi calentura era tan grande que cuando su mano izquierda se posó en mi muslo, iniciando una subida por dentro de la falda en dirección a mi zona más íntima, abrí las piernas para facilitarle el trabajo-</p><p>El relato de Teresa me estaba poniendo tan cachonda que no dudé en posar una mano en sus desnudos muslos, al tiempo que me iba acercando tanto a ella que sentíamos el soplido de nuestras respiraciones, pero no quise pasar de ahí, al menos por el momento. Ella pareció no darse cuenta y continuó:</p><p>-Pronto su mano llegó a donde pretendía, sin que nuestras bocas se separaran ni un solo instante. Mi lengua recorría todo el interior de su boca y me tragaba su saliva como si fuera el néctar más exquisito, y mi mano tampoco permanecía inactiva, puesto que como si tuviera voluntad propia, se dirigió hacia su polla, que apretó por fuera del pantalón, haciendo que me llevase una pequeña decepción, puesto que al tacto se notaba claramente que su tamaño era muy inferior a la de mi Benito; pero ni con esas bajó mi calentura.</p><p>Su mano echó a un lado mi tanga y accedió a mi coñito, que al estar completamente depilado no le puso impedimento alguno para que sus dedos se introdujesen en el interior. Mi excitación era tan grande que solo tardé unos instantes en correrme.</p><p>Después, bajamos del coche y entramos en la habitación. Nada más hacerlo encendió las luces, me arrastró hacia la cama y me tumbó en ella boca arriba. Comenzó a besarme de nuevo, mientras desabrochaba lentamente los botones de mi blusa, para después sacar mis tetas del sujetador donde estaban aprisionadas, y comenzar a magrearlas y a pellizcarme los pezones.</p><p>Su boca abandonó la mía y se dirigió a mi cuello y mi oreja, que chupó, lamió y mordió con delicadeza, provocándome unas sensaciones increíblemente gratificantes.</p><p>Después descendió hacia mis tetas, que chupó con avidez, al tiempo que su mano se dirigió al borde de mi falda, que arrastró hasta la cintura. Tras eso, su cabeza descendió hasta la altura de mi coño y con sus manos bajó mi tanga hasta los tobillos, facilitando que me lo quitara con un simple movimiento de pies. Sus dedos separaron los labios de mi depilado coñito, y ante la vista de su interior, no pudo evitar comentar: -joder, es precioso-, para después introducir allí su lengua y comenzar a comerlo con maestría.</p><p>Mientras tanto, mis manos tampoco se estaban quietas. La entrepierna de Manolo había quedado a su altura y hacia allí se dirigieron para desabrochar con habilidad el cierre y la bragueta del pantalón, introducirse en su slip y sacar a la luz una enhiesta polla, muy dura, pero de un tamaño realmente decepcionante al lado de lo que yo estaba acostumbrada, como ya había podido apreciar previamente al tacto.</p><p>Pero no me importó. Me la llevé a la boca como si fuese el más sabroso de los caramelos y me puse a chuparla, mientras pensaba que aún no hacía una hora que me había encontrado con Manolo y ya estábamos haciendo un 69. Me sentí puta, pero eso en lugar de afectarme me agradaba.</p><p>Pronto nos corrimos casi al unísono. Primero le tocó el turno a él, que inundó mi boca con una descarga de leche de la que no dejé escapar ni una gota, y casi al instante me sobrevino un intenso orgasmo.</p><p>Después terminamos de desnudarnos. Pese al lamentable tamaño de su polla, yo tenía ganas de meterla en mi coño, porque aunque ya había disfrutado de dos orgasmos no estaba ni mucho menos saciada. Pero las perspectivas eran penosas: entre lo pequeña que era y lo arrugada que estaba, parecía haber desaparecido, enterrada entre los huevos.</p><p>Pese a ello no desfallecí. Acercando de nuevo mi boca, me puse a chupársela con entusiasmo, alternando con lamidas en los huevos, pero no parecía reaccionar. Hice que se diera la vuelta y se quedara a cuatro patas, y tras abrir sus nalgas, metí la lengua en el agujero de su culo en un apasionado beso negro, algo que cuando se lo hago a Benito provoca que su polla salte como un resorte. Pero fue inútil: al pasar mi mano por entre sus muslos para comprobar su estado de rigidez, comprobé decepcionada que apenas habia reaccionado.</p><p>Manolo captó mi desencanto y se ofreció a llamar a un amigo de toda confianza que gustosamente se ofrecería a saciar mis urgencias. Pese a las ganas de polla que tenía, me negué, porque ya me estaba arriesgando bastante con lo que estaba haciendo como para permitir que alguien más interviniese.</p><p>Pero Manolo, a quien lo que le faltaba de potencia sexual lo compensaba con imaginación, encontró la solución.</p><p>-Aquí de lo que se trata no es de ver, sino de follar, así que si lo llamo y apagamos las luces antes de que llegue, no habrá problema alguno porque no sabrá con quien ha estado-</p><p>Ese argumento, unido a la intensidad con que deseaba una polla en condiciones dentro de mi coño, me convenció plenamente y accedí. Llamó por el móvil:</p><p>-¿Jaime? Soy Manolo. Estoy en el motel &#8220;La Rosaleda&#8221;, habitación 134, y necesito que me eches una mano- y a continuación le explicó de lo que se trataba, y tras colgar, me dijo que llegaría en cinco minutos. Salió a abrir la puerta del garaje, único acceso a la habitación para los clientes, y después apagó la luz y descorrió ligeramente la persiana del ventanal hasta conseguir una penumbra adecuada, que permitiese moverse por la habitación pero sin distinguir las caras, y se tendió conmigo a esperar.</p><p>Al cabo del tiempo prometido, escuchamos unos suaves golpes en la puerta de la habitación. Manolo se levantó a abrir.</p><p>-Hola Jaime. Pasa y vete desnudando-</p><p>El recién llegado no dijo ni una palabra. Le distinguí en la penumbra, desnudándose. Cuando hubo terminado, decidí tomar la iniciativa. Salí de la cama, me arrodillé ante Jaime, y tomé su polla en mis manos. Estaba morcillona, pero enseguida comenzó a desperezarse.</p><p>Me la llevé a la boca y comencé a chuparla. Sin llegar a ser la de mi marido, era mucho mayor que la de Manolo y unos cuantos chupetones y lamidas de huevos la pusieron dura como el acero.</p><p>Yo necesitaba que me la metieran bien adentro, así que sin más dilación le obligué a tumbarse en la cama, me puse sobre él, mirándole de frente, y me la clavé de un solo golpe, sintiendo un extraordinario e instantáneo placer. Comencé a dar saltitos, sintiendo como aquella espléndida polla entraba y salía de mi resbaladizo coño. A mi izquierda, percibí en la penumbra que Manolo se había puesto de pie sobre la cama y su pollita estaba a la altura de mi boca en una clara invitación que no dudé en aceptar.</p><p>Me la metí en la boca teniendo cuidado de que no me quedase encajada entre mis dientes –evidentemente es broma pero no se aleja mucho de la realidad-. Los esfuerzos realizados para ponérsela a tono dieron finalmente sus frutos y la polla de Manolo se endureció, quizás producto de mi entusiasmo y del morbo que le producían los jadeos que exhalábamos Jaime y yo en nuestra follada.</p><p>En ese momento, a mi enfebrecida y calenturienta mente se le ocurrió una idea. Benito llevaba años intentando metérmela por el culo, pero sus reiterados intentos siempre habían fracasado, debido al descomunal tamaño de su instrumento. La insignificancia de los atributos de Manolo me daba pie, no solo a intentar que me acometiesen por primera vez por ese orificio, sino a experimentar una doble penetración, así que no dudé en pedirle que me la introdujese por atrás.</p><p>Éste accedió gustoso a mi petición, y se situó detrás de mí, poniéndose de rodillas. Uno de sus dedos buscó a tientas mi esfínter y se dedicó a masajearlo.</p><p>Supuse que lo había mojado en saliva, porque noté cierta humedad. Y placer, mucho placer, añadido al que me provocaba su amigo con la polla metida dentro de mí mientras aprovechaba para chuparme las tetas.</p><p>Pero lo mejor estaba por llegar, porque tras masajear durante un rato la zona y conseguir relajarla, el dedo de Manolo fue sustituido por su polla, que no era mucho más grande. No hizo más que empujar y lo introdujo de un solo golpe en mi virginal agujero sin provocarme prácticamente dolor, y no pasaron ni diez segundos cuando me sobrevino un intensísimo orgasmo en medio de fuertes gemidos, y se provocó una reacción en cadena: en primer lugar Jaime y un momento después Manolo, se vaciaron en mi interior.</p><p>Estaba tan agradecida por el placer recibido, que en cuando se sacaron de dentro de mí hice que se pusieran juntos, de pie, y arrodillada, lamí sus pollas hasta dejarlas completamente relucientes.</p><p>Después, Jaime se vistió y se marchó tras decirnos que cuando volviésemos a necesitar de su colaboración no dudásemos en llamarle, y poco después Manolo y yo abandonábamos la habitación, prometiendo volver a repetir en cuanto surgiese la oportunidad, algo que todavía no ha sucedido-</p><p>Aquel relato causó estragos en mí, dejándome completamente enfebrecida, presa de la más desenfrenada lujuria; estaba tan cerca de ella que sentía su respiración entrecortada, fiel reflejo de que su estado era muy parecido al mío.</p><p>Tuve la tentación de besarla en la boca, casi segura como estaba de que no me rechazaría, pero algo me hizo ser prudente y cambiar de táctica hasta confirmar mi teoría. Mi mano continuaba posada en uno de sus muslos, muy cerca del borde del pantaloncito del pijama, y ella no hacía nada por separarla.</p><p>-¿Teresa, te puedo pedir una cosa un poco íntima?-</p><p>-Lo que quieras. Hemos desnudado nuestras intimidades hasta tal punto, que poco puede haber ya que no sepamos la una de la otra-</p><p>-No, no se trata de que me cuentes nada; es otra cosa. Hace tiempo que mi marido me ha pedido que me depile el coño, pero de momento no me atreví porque tengo miedo a que no me guste como me queda. ¿Me permitirías ver el tuyo para comprobarlo?-</p><p>-Por supuesto que sí. Puedes contemplarlo todo el tiempo que quieras-</p><p>Y a renglón seguido se alzó un poco y bajó su pantaloncito de pijama, dejando al descubierto un hermoso coñito, completamente rasurado, y que entre sus labios reflejaba un brillo de humedad que delataba lo excitada que estaba su propietaria.</p><p>Sin decir nada, me levanté del sofá y me arrodillé ante Teresa, aproximando mi cara a su entrepierna con la disculpa de verlo con más detenimiento. Un penetrante y delicioso aroma a sexo me invadió.</p><p>-¿Puedo tocarte alrededor para comprobar su suavidad?-</p><p>-Por supuesto. Es todo tuyo- me invitó con voz susurrante.</p><p>Las yemas de mis dedos pasaron a acariciar los alrededores de su vagina con extrema suavidad, arrancando de Teresa un profundo gemido de excitación, que me dio a entender que la suerte estaba definitivamente echada.</p><p>Alcé la vista hacia su rostro y vi que tenía los ojos entrecerrados y mordía su labio inferior, y me decidí a atacar. Acerqué los dedos a su coñito y lo abrí con delicadeza. Chorreaba.</p><p>En ese instante abrió los ojos y mirándome, dijo en un susurro:</p><p>-Hazlo ya, por favor-</p><p>No hizo falta que lo repitiera. Mi boca se acercó a aquella cueva y mi lengua penetró en su interior, quedando pegada a las húmedas paredes como una ventosa, al tiempo que una de mis manos bajaba a mi coñito y comenzaba a acariciarlo. Después, mi lengua empezó a moverse por todos los recovecos, primero lentamente y después a mayor ritmo el sonido de su chapoteo estaba acompañado por la sucesión de gemidos que exhalaba Teresa, y que alternaba con todo tipo de frases soeces invitándome a devorarla. Cuando mi lengua tocó su botoncito y mis labios lo apretaron, le llegó el éxtasis, que se encadenó con el mío, ambos de gran intensidad.</p><p>Teresa quiso cambiar de posición conmigo para aplicarme el mismo tratamiento, pero le dije que no. Hice que se pusiera de pie, y le quité la escasa ropa que le quedaba, lo que después hizo ella conmigo. A continuación la tomé de una mano y la arrastré hasta el dormitorio.</p><p>Nos tendimos sobre la cama y comenzamos a comernos la boca con voracidad, mientras nos manoseábamos mutuamente por todo el cuerpo.</p><p>Aprecié la belleza y consistencia de sus tetas, de tamaño mediano y pezón negro, y no pude resistir la tentación de metérmelas en la boca, devorándolas a base de lamidas y chupeteos.</p><p>Poco a poco fuimos buscando la posición idónea para un 69. Mientras yo utilizaba mis dedos para penetrarla y jugar dentro de ella, sentí como su lengua se introducía en mi coño y me devoraba por dentro tal y como yo le había hecho antes, demostrando ser una aventajada aprendiz.</p><p>No tardamos en volver a corrernos violentamente, en una auténtica vorágine de frenesí sexual, pero no estábamos agotadas, ni mucho menos. Hice que se pusiera a cuatro patas y mi lengua pasó a lamer el agujerito de su culo, provocando una nueva retahíla de frases obscenas en las que las palabras guarra, puta y zorra dirigidas a mi persona tenían el mayor protagonismo, cosa que me enardecía aun más, animando a mi lengua a seguir con su trabajo empujando con la punta en su agujero hasta llegar casi a sodomizarla. Tardó bastante en correrse, pero finalmente lo hizo, y sin tomar casi respiro, se situó detrás de mí para dedicarme el mismo tratamiento que ella había disfrutado.</p><p>Terminamos exhaustas y bañadas en sudor, y pasamos a la ducha, donde nos enjabonamos mutuamente, aprovechando para darnos una nueva ración de caricias.</p><p>Comprendí que definitivamente, me gustaban más las mujeres que los hombres, aun sin despreciar a éstos.</p><p>Poco después nos despedíamos. Teresa, a sabiendas de que yo aquella noche dormiría sola, se ofreció para mediar ante su marido proponiéndole que hicieran un trío conmigo, algo de lo que estaba segura que no se negaría, pero decliné la tentadora invitación. No quería mantener ningún tipo de relación con hombres en ausencia de mi marido, pero lo que sí le pedí fue que aquella noche, aun siendo día de semana, lo provocase para tener sexo, y se &#8220;olvidase&#8221; de bajar las persianas de la habitación, con lo que yo podría ser espectadora privilegiada desde mi ventana, dándome una buena masturbada mientras admiraba la enorme polla de Benito.</p><p>Fuente: todorelatos.com</p></div> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/sorpresa-con-mi-vecina/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>El restaurante de la laguna</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/el-restaurante-de-la-laguna</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/el-restaurante-de-la-laguna#comments</comments> <pubDate>Wed, 10 Feb 2010 09:04:23 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[porno con lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos porno lesbianas]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=113</guid> <description><![CDATA[Relato porno 10 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. Ahí estaba, sentada en la mesa con un café americano a lado mío y enfrente de mi la lap-top, me encontraba en aquel restaurante al que me encantaba ir después de el trabajo, es un lugar calido y tranquilo, iba ahí muy a menudo [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 10 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. Ahí estaba, sentada en la mesa con un café americano a lado mío y enfrente de mi la lap-top, me encontraba en aquel restaurante al que me encantaba ir después de el trabajo, es un lugar calido y tranquilo, iba ahí muy a menudo aparte de que la mesa que siempre escogía tenia una vista magnifica hacia la laguna, donde por momentos me ponía a divagar con mis pensamientos soñando en esa chica de mis sueños, con la que quiero compartir mi vida y al mismo tiempo veía tan pero tan lejos.</p><p>Me imaginaba llegar de el trabajo y que me pudiera recibir con una rica sena en esa mesa donde siempre habría un pequeño arreglo florar en el centro, el cual yo le regalaría, hasta que el mesero me interrumpió…<span id="more-113"></span></p><p>-Señorita Dulce-</p><p>-Dime Gustavo-</p><p>-El señor de aquella mesa me ha dicho que si usted gusta el puede pagar el café que esta tomando y le manda este recado-</p><p>-Gracias, aunque le puedes decir que no es necesario que lo haga, pero que aun así agradezco su interés-</p><p>El mesero se retiro directamente a la mesa de el señor que se encontraba a poca distancia de mi, cuando Gustavo termino de decirle lo que yo le había dicho el señor volteo a verme y le sonreí en forma de agradecimiento, doble y guarde en mi bolsa el recado que me había mandando sin siquiera abrirlo, estaba a punto de pedir la cuenta cuando te vi., eras tu, la chica que siempre había soñado y fantaseado en ese lugar, cabello largo color negro a la altura de su cintura, esa cara que irradia felicidad, esos hermosos ojos color café que tienen ese brillo tan especial y los cuales podía ver todo el día sin cansarme, su piel blanca y esa sonrisa que me dejo cautivada.</p><p>Entro junto con una pareja, un señor corpulento y una señora que a pesar de ser mayor era casi igual de bella que ella, para mi buena o mala suerte llegaron y se sentaron con el señor que me había mandado la nota con Gustavo, fue un sentimiento tan traumante que no sabría como describirlo, impotencia con enojo seria lo mas parecido.</p><p>Recordé la nota que me había mandado, la tome rápidamente de la bolsa y la saque, decía:</p><p>-&#8221;mis ojos ocas veces pueden ver tanta belleza junta, te dejo mi teléfono atte. Iván Basaldua&#8221;-</p><p>Moría de ganas por marcarle, pero sabia muy en el fondo que no era la mejor idea para acercarme a ella, se mal interpretaría todo y no quería eso, necesitaba calmar mis nervios y pensar con la cabeza fría así que decidí ir al baño solamente a retocarme el maquillaje, tome mi bolsa y fui al sanitario, mientras me tranquilizaba y retocaba mis labios entro ella, no sabia que hacer y volvía a sentirme tan nerviosa como aquella niña a la que por primera vez se enfrenta a esa persona que con solo mirar le tiemblan las rodillas, tome una gran bocanada de aire, la busque con la mirada y le sonreí, pensé lo mas rápido para encontrar un buen pretexto para entablar conversación aunque fuera lo mas sencilla posible, mi mente estaba atrofiada, no podía pensar claramente con ella a mi lado, lo único que deseaba era poder abrazarla y decirle que tenia demasiado tiempo esperándola, sabia que era ella, así la había imaginado con todos esos valores y educación que siempre había esperado en tantas personas y que nunca encontré…</p><p>Mi mente después de recordar los valores que yo esperaba y que sabia que ella tenia como pretexto y para poder confirmarlo tome mis llaves, quite la llave del auto y la del departamento y solo deje la de los cajones de la oficina sabiendo que Sonia, la señora de la limpieza guardaba unas por cualquier emergencia, las saque de mi bolso y las deje a lado del lavamanos junto con el llavero de peluche que me había regalado mi sobrina, guarde mis cosas y salí del baño.</p><p>A pocos segundos de mi salida, escuche su voz, esa voz que acomplejaba el cuadro perfectamente, era tierna, con un toque de dulzura angelical…</p><p>-Disculpa, dejaste tus llaves a lado del lavamanos-</p><p>Era ahora o nunca, así que decidí hacerle la platica aunque no sabia si mi voz sonaría igual por los nervios que me producía el tenerla cerca y haberla escuchado.</p><p>-OH! Muchas gracias me has salvado la vida, como puedo agradecerte, te invito un café para agradecerte-</p><p>-Disculpa, pero solo vine aquí por mi tío que acaba de llegar de Los Ángeles, vine con mis padres y solamente fue para poder recordar como era, tenia mucho tiempo que no lo veía-</p><p>-ah! OK disculpa mi mala educación, mi nombre es Dulce, Dulce Montaño y el tuyo? Al menos me gustaría saber como se llama la persona que hizo que no me volviera loca buscando las llaves- (si lo se, mentira, pero no podía hacer otra cosa para saber su nombre)</p><p>- Mi nombre es Fernanda, mucho gusto, al menos el conocernos sirvió para que al menos no te diera un ataque al no encontrarlas, no te imagino con otra cara-</p><p>-Siempre lo he dicho, el físico solo es el estuche de cómo eres por dentro y que bueno que no me imagines con otra cara, por que por desgracia no la puedo cambiar, trabajo en una agencia de viajes, te dejo mi numero por si algún día tu tío decide regresar a Los Ángeles, ten por seguro que serán los mejore precios que vas a encontrar-</p><p>- Muchísimas Gracias, me tengo que ir, me he tardado mucho aquí y no quiero que mis padres se preocupen por mi, te llamare, te lo prometo-</p><p>-Hasta luego, espero tu llamada, cuídate-</p><p>Y se fue caminando hacia su mesa con esa sonrisa que me dejo con la boca abierta y con el corazón a mil por hora, me asegure de guardar nuevamente las llaves en mi bolsa y camine hacia mi mesa cuando vi a Gustavo cuidando mi laptop.</p><p>-me traes la cuenta por favor-</p><p>-claro que si señorita con mucho gusto-</p><p>Tome mi saco, guarde la laptop y espere a que Gustavo me trajera la cuenta, saque de mi billetera la propina y se la deje en la mesa, el chico se la había ganado muy bien por al menos hacer que le sonriera al tío de Fernanda, cuando llego el chico, metí el dinero a la carpeta donde se encontraba el ticket y tome mis cosas para ir en camino a mi casa después de ese magnifico día.</p><p>Después de 2 semanas de nerviosismo y sin perder detalle de mi celular, empezó a sonar cuando yo me encontraba en una junta de los planes de viaje redondo con la empresa y el desayuno europeo que se les ofrecía a los pasajeros cuando estaba en primera clase, pedí disculpas y salí de la sala de juntas lo tome y en el display aparecía un numero desconocido.</p><p>-Buenas tardes, Dulce Montaño, puedo servirle de algo?-</p><p>-Hola Dulce, soy yo, Fernanda me recuerdas?-</p><p>Como no recordarla si no dejaba de pensar en ella</p><p>-Claro que si señorita, como te encuentras?-</p><p>-Bien gracias pero me gustaría que dejaras de tratarme como un cliente y me hablaras con mas confianza-</p><p>-que bueno, me agrada que te encuentres bien, por fin tu tío regresa a Los Anéjeles?-</p><p>-no, de hecho me dijo que quería quedarse un tiempo por jaca ara recordar lo que es estar en Tierra Azteca-</p><p>Pues a ver si no le gusta mas y termina quedándose aquí-</p><p>-si verdad, fue lo que le dije, pero me dijo que necesitaba regresar para acabar unos asuntos pendientes que había dejado haya, pero dejemos a mi tío, como estas?-</p><p>-pues con trabajo, aunque todavía me queda tiempo para ir al restaurante y poder disfrutar de la vista de la laguna-</p><p>-Desde la mesa en donde estabas se veía la laguna? Dicen que de noche tiene una vista magnifica-</p><p>-si, de hecho es un paisaje muy bonito por la iluminación que le pusieron, de repente el mismo paisaje hace que empieces a soñar, que te parece si te invito mañana por la noche a cenar, como eso de las 8:00pm para que puedas ver que no te miento con lo agradable que es ver la laguna de noche-</p><p>-OK, me parece perfecto, nos vemos mañana a las 8:00 en la mesa donde te encontrabas la otra vez-</p><p>-claro, ahí se come muy bien y mucho mas con una acompañante como tu, te veo mañana a esa hora, cuídate y suerte en tu día-</p><p>-gracias Dulce, igualmente, besos-</p><p>Esperaba con demasiadas ansias que llegara ese día, a la mañana siguiente termine mis pendientes temprano para poder retirarme y tener tiempo para arreglarme, aunque por mas que veía el reloj el tiempo pasaba muy lento, decidí ir al súper a comprar mis víveres y aprovechando perdería un poco de tiempo para solo llegar a mi casa y arreglarme, al llegar al súper fui directamente al departamento de lácteos y compre yogurt, leche y gelatinas, es lo único que necesitaba para desayunar.</p><p>Regrese a mi casa con suficiente tierno ara darme un baño en la tina y poder relajarme antes de verla, empecé a llenar la tina con agua templada, me empecé a desnudar y después de echarle el jabón liquido me metí, el agua estaba deliciosa, de no ser por que todavía tenia los nervios de llegar puntual al restaurante me hubiera quedado dormida ahí, termine mi baño y salí a mi recamara, ahora el problema era que ponerme ara no verme tan formal pero tampoco tan informal, así que decidí usar un pantalón de vestir negro con una blusa azul de botones, zapatos azules y con mi saco negro, termine de vestirme y empecé por el maquillaje, no quería exagerar mucho así que solo delinee mis ojos y me maquille la boca, eran casi las 7:30, solo me dispuse a ponerme perfume y salí del departamento.</p><p>Al llegar al restaurante todavía era temprano, le pedí a la hostess la misma mesa y me llevo hasta ahí, no sabia que hacer mientras la esperaba, me puse a revisar los pendientes para el lunes y me di cuenta que no tenia muchos así que tenia un fin de semana tranquilo, como si me hubieran hablado levante la vista y la vi en la entrada del restaurante caminando con la hostess para que llegara a la mesa donde yo estaba sentada. Nos saludamos con un beso en la mejilla, que a mi me pareció que había durado siglos por el simple hecho de poder rozar su piel, tomo asiento en frente mío y empezamos a platicar.</p><p>-Eres muy puntual Fernanda-</p><p>-No quería hacer esperar a una chica tan bella como tu-</p><p>El color se me vino a la cara y por pena y alegría agache la cabeza y nos quedamos en silencio por un momento…<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/el-restaurante-de-la-laguna/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Corazon de fresa</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/corazon-de-fresa</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/corazon-de-fresa#comments</comments> <pubDate>Tue, 09 Feb 2010 09:00:01 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de sexo lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos eroticos lesbicos]]></category> <category><![CDATA[relatos lesbicos]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=104</guid> <description><![CDATA[Relato porno 9 de febrero del 2010, los mejores relatos porno Primer acto: El reto.     Ni yo sabía cómo es que había caído en esta situación.   Pero una cosa era evidente: Estaba atrapada.   Todo había comenzado de la forma más inocente posible, cuando reté al Argentino, mi mejor amigo desde niña y [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">Relato porno 9 de febrero del 2010, los mejores relatos porno Primer acto: El reto.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Ni yo sabía cómo es que había caído en esta situación.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero una cosa era evidente: Estaba atrapada.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Todo había comenzado de la forma más inocente posible, cuando reté al Argentino, mi mejor amigo desde niña y todo un rompecorazones rubio y de ojos azules, a ponerse uno de mis bikinis y salir corriendo a la calle.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">¡Y no podía creerlo cuando lo vi correr junto a mi enseñando todo! Dios, ¡Nunca me había reído tanto en mi vida! Me dolió el estomago por horas.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y claro, como esto de los retos había resultado tan divertido, el siguiente turno había sido para mi segundo mejor amigo, el Ruffo, un chico de aspecto metalero y pelo largo negro: Besar apasionadamente en la boca a la solterona sexagenaria de la casa de enfrente, la amargada señora Mendoza.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aun recuerdo cómo me tiré al suelo muerta de la risa al ver como después del beso la señora no lo soltaba, y el pobre Ruffo tuvo casi que suplicar por su vida para escapar.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">El siguiente en la lista había sido el Cerebrito, un chico flaquito y de lentes, al que le había tocado ponerse un vestido y salir cantando en una reunión familiar. Claro, siendo él tan bien portado y tímido, todos pensamos que no sería capaz de realizar el reto.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Error.</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">No solo se atrevió, sino hasta logró arrancarles una sonrisa a todos en la fiesta con las ganas que le puso.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero en fin, esta noche mi momento de la verdad había llegado, ya que por fin me tocaría a mí realizar un reto.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aunque para ser honesta, de alguna forma esperaba que los chicos me pusieran algo fácil.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Esto porque, a pesar que yo participaba en todos sus desmadres, ellos siempre me trataban como su hermanita menor y me protegían mucho. Bueno, seguramente mi físico era lo que les daba esa idea de que yo necesitaba su protección, ya que era delgada y tenía una cara de niña muy tierna, y siempre me vestía de formas algo infantiles, como por ejemplo ahora, que estaba con una faldita rosa corta, blusita blanca y mi pelo café en una cola de caballo.<span id="more-104"></span></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Realmente no me podía quejar de tanto &#8220;amor&#8221;, aunque a veces a mis amigos se les pasaba la mano. Como por ejemplo, cuando un chico me llevó flores a la escuela y ellos se encargaron de ahuyentarlo, por así decirlo.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Si,</p><p>-Pensé con una sonrisa. -<em>Para ellos siempre sería la traviesa y juguetona Fresita, aunque quizás en esta ocasión especial eso no estaría tan mal. </em></p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero en fin, volviendo al aquí y ahora&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con nerviosismo me mordí los labios, sintiendo casi como si la recamara del Argentino se estuviera encogiendo a mi alrededor por toda la tensión contenida, a la vez que mis 3 amigos me miraban muy divertidos sin poder contener la risa.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fresita, el reto que tienes que cumplir es&#8230;&#8221; Me dijo el Argentino haciendo una pausa dramática, a la vez que el Ruffo y el Cerebrito se miraban con actitud de complicidad.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay, ¡Ya dime de una buena vez!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;&#8230;Robarte una de las tangas de Isabela, aprovechando que esta noche ella va a salir a bailar, como siempre cada viernes.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿¡Qué?!&#8221; Respondí con total sorpresa, ya que yo estaba preparada para otro tipo de reto, como por ejemplo, besar a algún chico en la escuela o disfrazarme de algo, pero&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¿Robarle una tanga a Isabela, la hermana del Argentino?</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Inmediatamente pasé a la negación y súplica chantajista. &#8220;N-no, ¡Por favor! Ese reto es muy fuerte, dame otro, ¿Va?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero por la expresión del Argentino y los demás chicos, supe que estaban disfrutando plenamente esto. &#8220;Lo siento, Fresita, pero las reglas son las reglas.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay, pero&#8230;&#8221; Me mordí los labios con nervios, ya lo que más me preocupaba no era tanto el reto en sí, sino a la posible reacción de Isabela. <em>¿Qué sucedería si me descubriera?</em></p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Carajo, si tan solo ella no fuera tan&#8230; perfecta.</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Es que, sin duda, Isabela era algo especial. Para empezar, era la ultra-guapísima hermana mayor del Argentino, tenía 22 años, y estaba estudiando actuación desde niña.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y lo primero que te llamaba la atención de ella, obviamente, era su espectacular belleza. Piel morena clara. Ojos café latinos. Sonrisa coqueta. Larga cabellera dorada y un perfecto cuerpo estilizado, lo que en conjunto le daba un aura de seducción a su alrededor francamente irresistible.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero si su físico te llamaba, su personalidad te atrapaba sin piedad.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Simplemente, Isabela era el centro del mundo en donde quiera que estuviera, ya que poseía una extraña mezcla de extroversión, sensualidad y simpatía que hacían imposible no mirarla, y más cuando aderezaba su encanto con cierta actitud dramática, propia de su profesión.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con una sonrisa boba recordé aquellos días en que mis papas le pedían que hiciera de niñera conmigo mientras ellos salían a algún evento. Y nos la pasábamos súper, porque hacíamos la cena juntas, corríamos por toda la casa, jugábamos sin parar durante horas, y al final me quedaba dormida en sus brazos mientras ella me decía al oído: &#8220;Duérmete ya, niña traviesa.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aunque desgraciadamente, con sus compromisos escolares y sus nuevas amistades la fui viendo cada vez menos, hasta que al final solo quedaba una cordial simpatía entre las dos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero yo no la olvidaba.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fresita, no te quejes, -Me interrumpió el Ruffo. -Según recuerdo, estabas muerta de la risa cuando me tocó ir a besar a la viejita de la casa de enfrente. ¿O no?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ustedes ni digan nada, -Intervino el Argentino con aspavientos. -Sin dudas a mí me tocó el peor reto.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Al recordar eso no pude evitar reírme con actitud traviesa, pero supe que tenía que hacer algo para cambiar la situación, por lo decidí usar todo mi encanto femenino y con una expresión de total ternura e inocencia les dije: &#8220;Ay, chicos, no sean malos, miren, denme otro reto. ¿Va? Y lo cumpliré cabalmente, lo prometo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero la expresión del Argentino no se movió ni un milímetro detrás de su largo cabello rubio, hasta que finalmente me dijo con voz acongojada: &#8220;¿Fresita?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Si?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Buen intento, manipuladora, pero NO. Tendrás que robarte esa tanga.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Ay no! -Me levanté de un salto. -¿Y cómo carajos voy a hacer eso?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Muy fácil. -El Argentino se incorporó ajustando su camisa negra. -Mira, en una hora mi hermana va a salir a una fiesta, y así podrás meterte a su recamara por el jardín para robarte esa tanga.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;P-pero, ¡Su recamara esta en el segundo piso! -Puse una expresión de total indefensión. -Además, no estoy vestida para andar trepando por las paredes.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aunque por las lujuriosas miradas de mis amigos supe que no les desagradaba en absoluto la forma en que venía vestida esa noche. &#8220;¡Y ya dejen de mirarme así, sucios!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Pero Fresita, -El Cerebrito volteó apenado a un costado. -No creo que tengas problemas para trepar por las enredaderas a la recamara de Isabela, tu siempre has sido muy ágil.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay, pero…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">En ese momento oímos el distintivo sonido de los tacones de Isabela bajando por la escalera a toda velocidad. &#8220;Ya me voy, familia, ¡Regreso a las 3!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Está bien, hija.&#8221; Sonó la voz de su Papa desde abajo en la sala.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Mi corazón inmediatamente se puso a mil, y solo me tranquilicé cuando oí que un carro arrancaba desde la calle y se alejaba en la distancia. Pero la hora del reto había llegado, no había excusa posible, y tendría que enfrentar a mi destino, lo quiera o no.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno,-Les dije resignada. -Lo haré.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Segundo acto: La travesura.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Sin mucho entusiasmo llegué al jardín con los chicos siguiéndome de cerca, hasta que estuvimos justo debajo de la ventana de Isabela.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay, ¡Esta muy alto!&#8221; Me quejé poniendo una mueca.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fresita, llevas media hora quejándote. -Me reclamó el Argentino. -¿Vas o no a cumplir con el reto?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;S-si, lo haré, pero&#8230;&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Pero NADA, súbete en los hombros del Ruffo para que llegues a las enredaderas, luego te trepas por el balcón, abres la ventana y te metes.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay pero no me lo digas así de feo.&#8221; Respondí con tierna indignación mientras me subía ágilmente en los hombros del Ruffo, y un segundo después ya estaba trepando por las enredaderas hasta llegar al balcón, en donde con un salto angustioso logré caer.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¡Lo logre!</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con mucho sigilo abrí la puerta del balcón y me asomé al interior, y quedé completamente impactada al ver una bellísima recamara estilo clásico frente a mí, con suaves tonos beige y blanco en las paredes, y amueblada con una hermosísima cama de madera al centro, varios libreros al fondo, y un escritorio elegantísimo junto a la ventana, todo obviamente hecho con el más exquisito sentido del buen gusto.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Wow. -Me dije fascinada mientras daba unos pasos hacia el interior, comparando mentalmente la perfección de este lugar con el desorden en mi propia recamara. -Está increíble este lugar. ¡Y la cama esta súper acolchonadita! Uff, ¡Y mira esos cuadros!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Si, sin duda me podría quedar a vivir por siempre aquí</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero tenía una misión por cumplir, y mientras más rápido la cumpliera mejor, por lo que con prisa fui al closet de Isabela y comencé abrir sus cajones, esculcando torpemente el contenido de cada uno.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">A ver, calcetines, pijamas, bras&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">¡Tangas! ¡Las encontré!</p><p dir="ltr"> </p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr">De repente oí el inconfundible sonido de un carro estacionándose frente a la casa, y unos instantes después los familiares tacones de Isabela sonaron ruidosamente por la escalera mientras subía a toda velocidad hacia su recamara.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¡No puede ser! -</p><p>Pensé aterrada volteando a ver a todas partes<em>. -Ay Dios mío, ¿Qué hago? ¿Qué hago?</em></p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Instintivamente me metí al closet y cerré la puerta justo a tiempo, porque la puerta de la recamara se abrió un instante después e Isabela entró con mucha prisa.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y yo estaba temblando de nervios, acurrucándome en el suelo contra la esquina mientras pensaba en como saldría de esta. Pero la única idea que se me ocurría era esperar ahí escondida hasta que Isabela se durmiera, y entonces escabullirme en silencio. Pero entonces recordé algo…</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¡Se me olvidó tomar la tanga!</p><p>-Pensé con una mueca de frustración. <em>–Carajo, soy una idiota. </em></p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aun así, la curiosidad por saber lo que había sucedido con Isabela me estaba matando, por lo que intenté asomarme por una pequeña rendija entre las puertas del closet para ver que estaba sucediendo afuera, y pude ver que ella estaba sentada en el borde de la cama, vestida de forma espectacular con un sensual vestidito negro apretado y su largo cabello suelto a su espalda, pero&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Mirando al piso con tristeza, llorando.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¿Qué?</p><p>-Pensé extrañada, mordiéndome los labios. <em>-¿Que habrá sucedido&#8230;?</em></p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Maldito Ricardo.&#8221; Dijo Isabela en voz baja, tratando de contenerse aunque su mirada expresaba claramente lo que realmente sentía.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¿Ricardo? ¿Quién carajos es Ricardo? Isabela no tiene novio, ¿O sí?</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente Isabela se levantó de la cama y caminó hacia el closet, aunque con agilidad felina logré esconderme nuevamente detrás de los vestidos mientras las puertas se abrían y entraba la luz por todas partes.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y yo era un manojo de nervios, tratando de contener el ritmo de mi respiración mientras oía que Isabela revisaba sus cajones, hasta que finalmente&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Las puertas se cerraron, y un segundo después la luz de la habitación se apagó y se hizo el silencio.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Ufff, estuvo cerca</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y así, en medio del más completo aburrimiento, el tiempo pasó.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Una hora y media después&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Casi me quedaba dormida, pero afortunadamente alcancé a oír que Isabela estaba &#8220;roncando&#8221; de la forma más encantadora posible, y supe que era hora de mi gran escape.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con mucho cuidado abrí la puerta del closet y al asomarme pude ver que la tenue iluminación de la luna pintaba la habitación con un apacible tono azulado, todo en medio del más absoluto silencio.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Entonces me incorporé muy lentamente mientras inocentemente volteaba a ver a Isabela en la cama.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y casi se me fue el aire por lo que vi.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Ahí estaba ella, completamente desnuda y acostada de lado, abrazando con ternura un oso de peluche mientras su deliciosa piel brillaba sensualmente con la luz de la ventana, a la vez que la sensual brisa nocturna le mecía muy suavemente el cabello.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Sin duda parecía una Diosa dormida, en este caso la del amor, y durante varios segundos me quedé fascinada admirándola en silencio, sin poder dejar de recorrer con la mirada cada rincón de su cuerpo una y otra vez, hasta que&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;Hasta que recordé el propósito de mi misión.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¿Y su tanga?</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con ansiedad me agaché entre la oscuridad y busqué por todos lados, hasta que finalmente la encontré tirada junto al escritorio, una diminuta tanguita rosa súper sexy, pero cuando la tuve entre mis manos la calentura en mi cuerpo subió de golpe, casi como si la perversa prenda tuviera algún tipo de poder sobre mí.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y eso no era todo, ya que me estaban dando unas ganas tremendas de&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;Apretar la perversa prenda contra mi cara.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Cerré los ojos al sentir como los colores se me iban al rostro, aunque un segundo después meneé la cabeza en negación. <em>Carajo, ¿Qué me pasa?</em> <em>Yo NO soy lesbiana, no debería pensar esto.</em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero no había tiempo que perder, así que rápidamente guardé la tanguita en una bolsa de mi faldita y me dirigí de puntillas hacia la puerta de la recamara, donde con mucho cuidado fui dándole vuelta a la cerradura, y ya casi lo lograba cuando de repente&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿La encontraste, Fresita?&#8221; Dijo Isabela con un tonito somnoliento, casi susurrando.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me quedé paralizada.</p><p dir="ltr"> </p><p>. -Pensé con una mueca de angustia. -<em>Ahora esperaré una hora o dos, y luego saldré de aquí.</em> .</p><p></em></em></em></em></p><p dir="ltr">Isabela me había descubierto, y el oír mi nombre en sus labios era como si me hubieran lanzado agua helada a la cara. Nunca como ahora quería que la tierra se abriera para tragarme, y durante casi 10 minutos me quedé como estatua ahí parada, incapaz de hacer nada, hasta que finalmente el pánico tomó el control y sin importarme nada abrí la puerta y salí corriendo hasta llegar al cuarto del Argentino, que al verme llegar se me fue encima junto con el resto de la banda mientras todos me llenaban de preguntas. &#8220;¡Fresita! ¿Dónde estabas? ¡Estábamos súper preocupados, no salías de ahí!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;E.es que, -Tartamudeé con nervios mientras trataba de calmarme. -Tuve que esconderme en el closet hasta que Isabela se durmió.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Oye, ¿Y averiguaste algo? -Dijo el Argentino con una mueca suspicaz. –Ella normalmente no regresa a la media hora de salir.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;N-no, nada.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Por cierto, ¿Completaste el reto?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Una ola de calor recorrió mi cuerpo, casi como si la tanguita en mi falda estuviera en llamas. Pero una cosa si la tenía muy clara: Era para mí. No la compartiría con NADIE.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No, lo siento. -Me mordí los labios con un gesto de inocencia. -N-no pude, apenas la iba a tomar cuando ella entró al cuarto. &#8220;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Los chicos se rieron inmediatamente. &#8220;¡Fresita no pudo cumplir su reto! ¡Yu huuu!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Sí, bueno, no pude. -Me encogí de hombros. -Pagaré el castigo que me pongan.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ustedes duérmanse, -Les dijo el Argentino a los demás. –Voy a acompañar a Fresita a su casa y regreso en unos minutos. &#8220;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Está bien, mañana pensaremos en tu castigo.&#8221; Respondió el Ruffo muy divertido mientras se acostaba en una de las literas en el cuarto, y el Cerebrito hacía lo mismo en la de abajo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Duerman rico, Chicos.&#8221; Me despedí amistosa de ellos mientras el Argentino me escoltaba por el pasillo, pero en el camino pasamos frente a la puerta blanca de la recamara de Isabela y mi corazón volvió a latirme con fuerza.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Oh Dios, ¿Qué sucederá ahora?</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><div><strong></strong></div><p><strong></p><p dir="ltr"> </p><p> </p><p></strong></p><p dir="ltr">Tercer acto: El desayuno más incomodo.</p><div><strong></strong></div><p><strong></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p> </p><p></strong></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Quieres mas cereal, Fresita?&#8221; Me dijo Don Maximiliano con un gesto paternal, mientras que en el otro extremo de la mesa El Argentino, Ruffo y el Cerebrito devoraban apuradamente plato tras plato.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No, gracias Don Maxi, ya tengo suficiente.&#8221; Le respondí con una tierna sonrisa a ese regordete y bonachón Señor, el cual era el Padre del Argentino e Isabela.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Debes comer, muchacha, que estas demasiado flaquita.&#8221; Insistió a la vez que me volvía a llenar el plato.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay Don Maxi, es que… es mucho.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nada, Fresita, -Puso una expresión simpática. –Que en esta casa queremos que estés fuerte y sana, para que cuando te cases con nuestro hijo nos des nietos fuertes como el.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Inmediatamente El Argentino escupió el cereal con un gesto de sorpresa, y yo apenas si podía contener la risa. &#8220;¡Papá! –Le reclamó airadamente. -¡Ya deja de molestar a Fresita con eso!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Tu cállate, sinvergüenza.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay Don Maxi, -Intenté decir algo. -Para mí su hijo es como mi hermano, yo…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nada, muchacha, -Me cerró el ojo con un gesto de complicidad. –Tu come, que yo me encargo de abrirle los ojos a este.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay señor.&#8221; Me reí nuevamente al ver que nada de lo que dijera lo haría cambiar de opinión, y así seguí desayunando alegremente durante unos minutos más, hasta que de repente…</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">El típico sonido de los zapatos de Isabela bajando por las escaleras hizo que mi corazón se acelerara a mil, y cuando la puerta se abrió y apareció ella en toda su gloria solo atiné a cubrirme la cara con muchísima pena, recordando lo que acababa de suceder en la noche.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Dios mío, ¿Que pensara de mí? Claro, ¡Que soy la peor de las pervertidas! Metiéndome en su recamara así. Oh Dios, qué vergüenza, trágame tierra por favor.</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero a pesar de todo mi curiosidad era tremenda. Sin poder evitarlo me asomé entre mis dedos y no pude evitar abrir la boca al ver lo guapísima que se veía Isabela esa mañana, luciendo una diminuta mini falda blanca y una blusita negra ajustada, lo que marcaba deliciosamente sus espectaculares piernas y dorada piel, y que junto con su largo cabello suelto la hacía verse súper, súper sexy.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y yo no le podía quitar la vista de encima, hasta que de repente…</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela volteó en mi dirección y me descubrió infraganti, y solo atiné a mirar torpemente a un lado.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Buenos días, -Sonó su encantadora voz. –Papá, ¿Qué estas desayunando?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Hija! –Se le iluminó el rostro a Don Maxi, ya que Isabela era el sol de su vida. –Solo cereal, ¿Quieres un poco?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela le dio un amoroso beso en al frente a su papá y después tomó una manzana de la mesa. &#8220;No tengo mucha hambre. ¿Y Mamá?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fue al mercado, pero oye hija, ¡Hoy vienes muy guapa! ¿Vas a salir?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No Papá, no voy a salir hoy, -Dijo Isabela con cierta picardía en la voz. -Quiero practicar un poco el guion para la obra.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Está bien, hija. Por cierto, ayer llegaste muy temprano de tu fiesta, ¿Pasó algo?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela dudó un segundo antes de responder.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nada Papá, no pasó nada. Solo me aburrí un poco y me regresé a la casa.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno, -Se levantó Don Maxi de la mesa. –Ahora me llevaré a los muchachos a comprar unos artículos de jardinería.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Pero Papá, nosotros queríamos ir a jugar futbol!&#8221; Protestó El Argentino, ante la mirada atónita del Ruffo y el Cerebrito.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nada, ustedes vendrán conmigo, ya es hora de que sirvan para algo. Fresita, ¿Quieres ir con nosotros?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Papa? –Lo interrumpió Isabela, guiñándome el ojo con un gesto de complicidad. –Fresita no puede ir con ustedes porque ya me había prometido ayudarme a ensayar.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Y-yo, -Tartamudeé torpemente. –Sí, así es.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno, no hay problema, me llevaré nada mas a los chicos. ¡Vámonos ya!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Refunfuñando y sin mucho entusiasmo los chicos se levantaron de la mesa y salieron junto con Don Maxi hasta una vieja camioneta en el garaje, y unos segundos después desaparecieron por el camino. Pero yo seguía en mi lugar, incapaz de mirar a Isabela.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fresita, -Me dijo con seriedad. -Por favor ven conmigo a mi recamara, necesitamos hablar.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Asentí con timidez y la fui siguiendo mansamente por las escaleras, con la actitud de un preso al que llevan al patíbulo, y cuando llegamos a su recamara y la puerta se cerró detrás de mi me sentí completamente atrapada, con ganas de tirarme por la ventana.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aunque me tranquilicé un poco cuando Isabela se sentó en el borde de la cama cruzando sus espectaculares piernas, y su hermoso rostro no denotaba reproche alguno. &#8220;Mira Fresita, lo de ayer…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;N-no, Isabela, -La interrumpí con ansiedad. –Discúlpame, mira, era una travesura de tu hermano, y yo tontamente le seguí la corriente, y…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ya, ya, tranquila. –Me respondió con un simpático guiño. –No pasa nada, sé que mi hermano es un pervertido.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Te lo juro, yo nunca hubiera…&#8221; Seguí disculpándome.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Pero aún así lo hiciste, -Isabela adoptó un tono de voz como si estuviera regañando a una niña chiquita. -Te portaste muy mal y mereces un castigo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me detuve en seco. &#8220;¿Castigo?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si. –Isabela levantó una ceja de forma inquisitiva. –Uno muy especial.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Nerviosa apreté mis manos. &#8220;Ay Isabela, es que yo…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿No decías que estabas súper apenada por todo eso?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;S-sí, pero…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno, pues tendrás que recibir el castigo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Suspiré con resignación. &#8220;¿Y cuál es el castigo?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Me tendrás que ayudar a ensayar mis guiones.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Bueno, no esta tan mal,</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con total elegancia Isabela fue hacia su buró y sacó de ahí unas hojas engrapadas, las cuales me dio a revisar, y muy entretenida comencé a leer lo que parecía ser una novela de época, hasta que llegué a un párrafo muy peculiar:</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Guión de: Corazón Salvaje</p><p dir="ltr">Escena: 87</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Juan (Acorralando a Mónica contra una esquina): Yo solo sé que te amo, Mónica.</p><p dir="ltr">Mónica: J-Juan, debes irte, este amor no puede ser&#8230;</p><p dir="ltr">Juan (Desafiante): ¿No? ¿Y qué puedo hacer ante eso, si en cada uno de mis sueños estas tu?</p><p dir="ltr">Mónica (Cediendo): ¿Estarías&#8230; dispuesto a dejar todo por mí?</p><p dir="ltr">Juan (Se acerca para darle un beso): Para mí, tú eres todo.</p><p dir="ltr">Mónica (Cierra los ojos, se entrega): Te amo.</p><p dir="ltr">(Se besan apasionadamente)</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Oh. -Puse una cara de sorpresa al ver la intensidad de la escena, pero Isabela solo me sonreía enigmáticamente. -P-pues, se ve&#8230; interesante esto, ¿Cuando vas a actuar en esta obra?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela se mordió el labio antes de responder. &#8220;En unos meses, me dieron el papel de Mónica, pero debo confesar que aun no me aprendo al 100% los diálogos.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno. -Seguí leyendo con nerviosismo. -Y, ¿Cómo va a ser esto del ensayo?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Muy fácil. Tú vas a actuar todo lo de Juan. ¿Estás lista?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;P-pero, Isabela, yo no sé&#8230; ¡Yo nunca he actuado!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Lo harás bien, -De nuevo apareció su sensual sonrisa. -Ahora, quiero que leas con sentimiento.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Inhalé profundamente y leí el texto en un solo tono lineal: &#8220;Yo solo sé que te amo Mónica.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No, no, ¡No es así! -Isabela se levantó de golpe y con cierta desesperación se puso justo enfrente a de mi, quizás demasiado cerca. -¡Se supone que tú tienes pasión por mí! Tienes que meterle &#8220;emoción&#8221;, como si yo fuera lo más importante en tu vida.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me reí ligeramente ante eso, ya que en el fondo yo sabía que quizás así era. <em>Aunque no de una forma sexual, ¿No? Digo, no soy lesbiana ni nada de eso. </em></p><p dir="ltr">&#8220;Está bien, lo haré de nuevo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela me dio la espalda y caminó hasta la esquina del cuarto, adoptando una actitud de sensual timidez mientras se preparaba para el momento en el que &#8220;Juan&#8221; la acorralaría al declararle su amor. &#8220;Va, comienza.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Lentamente me le acerqué y le dije con mi voz más &#8220;apasionada&#8221; posible: &#8220;Yo solo sé que te amo, Mónica.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela me respondió con su voz dulcemente entrecortada, totalmente creíble, como si de verdad estuviera viviendo la escena: &#8220;J-Juan, debes irte, este amor no puede ser&#8230;&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿No? Y, -Me acerqué más, tratando de recordar el siguiente dialogo. -¿Y qué puedo hacer ante eso, si en cada uno de mis sueños estas tu?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela se dio la vuelta para encararme, aunque actuando con una ternura infinita: &#8220;¿Estarías&#8230; dispuesto a dejar todo por mi?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">En ese momento los nervios me ganaron, ya que el guión señalaba que me tenía que acercar a Isabela y darle un beso, pero no me atrevía ni a respirar. Pero ella notó mi inseguridad y con un gesto simpático me dijo: &#8220;Fresa, acércate.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;P-pero&#8230;&#8221; Intenté replicar, aunque al ver que sus cejas de nuevo empezaban a mostrar desesperación entendí que no tenía opción. Haciendo uso de todo mi valor apreté a Isabela contra la pared, a lo que ella respondió con un tierno gemido, y lentamente cerré mis ojos mientras mis labios se iban acercando a los de ella: &#8220;Para mi tu eres todo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Te amo.&#8221; Sonó su deliciosa voz en respuesta, y lentamente mis labios se fueron acercando a los de ella, y justo cuando estaba a punto de besarla (Y me estaba derritiendo por dentro) me dijo: &#8220;¿Fresita?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Eh, ¿Qué?&#8221; Abrí lentamente los ojos, solo para verla sonriendo con picardía. -La escena ya terminó.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ah, sí, yo&#8230; -Me separé de ella con torpeza. -¿Quedó bien la escena?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero en el fondo mis recriminaciones no paraban. <em>¡Soy una idiota! ¿Qué me pasa, carajo? Dios mío, ¡Casi la beso! No soy lesbiana, ¡No! ¿Qué va a pensar ella? </em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si, quedó bien, aunque necesitamos repetirla varias veces. ¿Estás lista, Fresita?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;S-si, vamos. -Respondí echándome aire con las manos, adoptando mi posición de partida a la vez que Isabela volvía a su esquina. -Yo solo sé que te amo, Mónica&#8230;&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Tres horas después&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Habíamos ensayado tantas escenas que, sin duda, hasta yo podría actuar en la obra. Pero al parecer el guion solo incluía candentes escenas de amor, y después de miles de &#8220;casi besos&#8221;, &#8220;casi abrazos&#8221; y &#8220;casi caricias&#8221;, el ambiente en la habitación estaba a mil.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;Al menos para mí, porque Isabela actuaba como si para ella tanto contacto cercano fuera lo más natural del mundo, y poco a poco me fui convenciendo que quizás así era el mundo de la actuación. De eso se trataba, ¿No? De fingir, aparentar, manejar las emociones propias para ser alguien más.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero aun así, en las veces en que &#8220;casi&#8221; la besaba, mi corazón parecía explotar. Y su imagen entraba cada vez más en mi mente, casi como si la estuvieran grabando con fuego.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">¿Y cómo oponer resistencia ante eso? La deliciosa capa de sudor en sus pechos y piernas la hacían ver aun más irresistible, si esto era posible. Su respiración agitada, la forma en que adoptaba una actitud tierna al leer sus diálogos, la manera en que sonreía y gemía suavemente cada vez que yo la tomaba de la cintura&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;La tentación de rozar mis labios con los suyos una y otra vez me estaba volviendo loca, aunque no lo quisiera admitir.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno, Fresita, -Dijo finalmente Isabela con un sutil bostezo mientras colocaba su guión en la cama. -Creo que esto es todo por hoy, muchas gracias por ayudarme.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;De nada, -Le sonreí de vuelta. -Fue muy divertido esto de jugar a ser actriz.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Recuerda, todos los días, y durante una semana me ayudarás con esto. Todo esto por tu…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Lo sé, -Me sonrojé inmediatamente. –Mi travesura.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Exacto. -Me respondió con actitud maternal, y entonces me dio un tierno beso en la frente y me acompañó al pasillo. -A partir de mañana nos veremos siempre a las 6pm, ¿Ok?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si, aquí estaré.&#8221; Respondí visiblemente emocionada, y apenas Isabela cerró la puerta me fui corriendo de vuelta a mi casa, aunque con mi cabeza vuelta un caos&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;Y mi corazón otro tanto.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Esa noche&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con un ligero movimiento me quité de encima la colcha, acurrucándome de lado en mi cama mientras la suave brisa nocturna acariciaba mi cuerpo, sin nada encima más que mis infantiles calcetines color rosa.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y todo eso mientras la perversa tanguita de Isabela descansaba tentadoramente en la palma de mi mano.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con total fascinación la observé durante casi media hora, deslizando las puntas de mis dedos sobre la delicada superficie de algodón sin poder detenerme, fantaseando con la forma en que tan seductora prenda se ajustaría al cuerpo de su dueña.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero no me atrevía a hacer algo mas, por mucho que la temperatura de mi cuerpo aumentaba con cada segundo que la tocaba.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">No, no podía hacerlo. ¿O sí?</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Oh Dios, no debería ni estar considerando esto&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero&#8230;</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Bueno, sólo lo haré una vez, y nada más para saciar mi curiosidad. Además, yo estoy segura de mi sexualidad, ¿No? Esto es&#8230; sólo un experimento.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Sólo una vez, y nadie sabrá nada de esto</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Sólo una vez.</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Lentamente fui acercando la tanguita a mi rostro a la vez que mi pulso se aceleraba, y cuando el perverso triangulito de tela tocó mis labios un latigazo de adrenalina impactó mi cuerpo, dejándome sin aliento.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Oh Dios.&#8221; Cerré los ojos al sentir como mis pulmones se llenaban de la sexual esencia de Isabela, abriendo mis labios en la más exquisita agonía mientras mis dedos comenzaban su perversa labor entre mis piernas, retorciéndome descaradamente en la cama.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">En ese momento supe que no me podría detener.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y entre tiernos gemidos apreté aun más la delicada prenda contra mi cara a la vez que me entregaba a mis más bajos instintos, con un nombre en mi cabeza&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Isabela.</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Cuarto acto: Quédate a dormir.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Esta había sido, sin duda, la mejor semana de mi vida.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Yo seguía mi rutina al pie de la letra y exactamente cada día a las 6pm me aparecía en la recamara de Isabela, en donde durante 3 o 4 horas las dos actuábamos miles de intensas escenas de amor, cada vez con más naturalidad y contacto físico, cosa que, al menos para mí, era lo mejor de todo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero Isabela siempre mantenía esa sensación de que esto era solo un ensayo mas para ella, por mucho que en el fondo yo quisiera creer otra cosa. Bueno, aunque realmente&#8230; si había notado algo. A veces la veía de reojo mirándome las nalgas, y ella siempre volteaba la vista cuando yo me daba cuenta, cosa que me hacia sonreír de forma obvia.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Debido a eso yo había comenzado a enseñarle &#8220;sugestivamente&#8221; esa parte de mi anatomía en cada oportunidad posible, y ella siempre caía en mi trampa, lo cual me hacía pensar que ella también sentía algo por mí. Pero bueno, tampoco podía estar segura de eso, y evidentemente no podría ir a preguntarle así por así.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Por otra parte, sobra decir que jugar así con ella hacía que mis dudas respecto a mi sexualidad fueran en aumento. O sea, a mi no me atraían las mujeres, eso estaba claro. Pero&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela era diferente.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Simplemente, yo no podía dejar de mirarla nunca. Y no me refiero a miradas inocentes, sino a las peores intenciones. Su cuerpo me volvía loca, su rostro, su sonrisa, su pelo, TODO.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">¿Eso me hacía lesbiana?</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Quién sabe</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero aun así el temor estaba ahí, esperando. <em>¿Y si decía que no?</em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">En ese momento vi por la ventana que los primeros rayos de la tarde comenzaban a caer, e instintivamente le di una checada a mi reloj. &#8220;Ups, ya casi son las 6.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con mucha coquetería fui a darme una última revisada frente al espejo, deslizando mis dedos por los costados de mis shorcitos amarillos a la vez que me aseguraba que mi blusita negra estuviera bien ajustada, sonriendo a la vez que le daba los toques finales a mi cabello, que este día me lo había arreglado con un par de coquetas trencitas.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Entonces me puse de perfil frente al espejo y me fije en cómo se veían mis nalgas con los shorcitos, recordando las miradas furtivas que Isabela le daba a esa parte de mi cuerpo cuando creía que no la estaba mirando, y no pude evitar sonreír satisfecha al ver que este día me veía ultra guapísima, casi a la altura de Isabela.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Entonces bajé a toda velocidad las escaleras de mi casa y salí corriendo por el jardín hasta llegar a la casa de Isabela, en donde sin detenerme subí hasta su recamara y entré de golpe.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Hola! -Dije muy emocionada, pero la recamara estaba vacía. -¿Isabela, estas aquí?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero no obtuve respuesta, hasta que de repente vi una nota en la cama.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">&#8220;Querida Fresita, tuve que atender un compromiso, pero regresaré a las 9. ¿Me esperas?</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me mordí los labios con cierta decepción, y sin saber que más hacer me acurruqué en su cama y me aferré al osito de peluche que ella siempre abrazaba, saboreando el delicioso olor de su perfume mientras fantaseaba con el tipo de escenas que practicaríamos esa noche.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Hasta que después de algunos minutos me fui quedando dormida.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y las horas pasaron.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente abrí los ojos y me sorprendí al ver que ya era de noche. Y cuando chequé mi reloj no me la creía: 11:35 pm.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Justo en ese momento oí que un carro se estacionaba frente a la casa, y con toda la curiosidad del mundo me asomé por la ventana. &#8220;¿Un Porshe? Wow.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente la puerta del lado del pasajero de abrió e Isabela salió del carro, vestida muy sensual con un vestido ajustado blanco y su pelo suelto, aunque visiblemente molesta, y casi inmediatamente del otro lado salió un tipo joven y muy atractivo, vestido elegantemente de negro, que rápidamente fue tras de ella con actitud de suplica.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Isabela! P-por favor, yo&#8230;&#8221; El fulano la sujetó del brazo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Déjame, Ricardo!&#8221; Isabela se soltó con un movimiento agitado y siguió avanzando hacia la casa.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me quedé en shock. <em>¿Así que este es el famoso Ricardo? </em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Lo siguiente que oí fue un portazo en la entrada principal y los tacones de Isabela subiendo a toda velocidad por las escaleras.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Carajo! -Me dije muy nerviosa. -¿Ahora qué hago? Va a pensar que ando de metiche.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero cuando la puerta se abrió Isabela se me quedó viendo con visible felicidad, y un instante después su espectacular sonrisa me derritió.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;H-hola, y-yo&#8230;&#8221; La saludé torpemente mientras ella caminaba hacia mí, pero sin darme tiempo a nada colocó sus manos en mis mejillas y me dio un tierno beso junto a los labios, cosa que me hizo abrir los ojos de par en par.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡Pobrecita! -Puso una expresión muy tierna. -Fresita, perdóname, surgió una complicación y no pude llegar a tiempo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;N-no te preocupes. -Le sonreí sonrojada a más no poder. -Aunque estaba muy preocupada, eh.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Ah sí?&#8221; Levantó una ceja.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si, pues, –Puse una expresión simpática. -Tenemos mucho que ensayar.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Nos reímos ante eso y entonces Isabela me dijo con total seguridad, casi ordenándolo: &#8220;Bueno, pero hoy te quedarás a dormir conmigo para eso. ¿Ok?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;C-claro.&#8221; Respondí en un segundo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Uff, pero antes me daré un regaderazo, ¿Va?&#8221; Dijo Isabela mientras colocaba su pequeña bolsa blanca en el escritorio y se metía al baño, aunque dejando la puerta abierta. -Ponte cómoda y en unos minutos estoy contigo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Está bien.&#8221; Le respondí mientras de un salto me volvía a acostar en su cama, aunque no pude evitar reírme cuando Isabela comenzó a cantar dulcemente bajo la regadera, aunque eso si&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8230;Perfectamente entonada.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">A diferencia de mi, que cuando cantaba parecía que estaban torturando a una gata.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Finalmente, luego de 6 revistas mal ojeadas, oí que Isabela cerraba la llave del agua, y por instinto voyerista dirigí mi mirada hacia la puerta del baño, de donde ella salió cubierta únicamente por una pequeña toalla blanca en dirección al closet, en donde rápidamente se puso a abrir mil cajones.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y la visión frente a mi era&#8230; indescriptible.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">El agua escurría lentamente por la piel y cabello de Isabela casi de forma indecente, a la vez que su espalda y piernas se tensaban sensualmente mientras ella cambiaba de postura al examinar la posible ropa para esta noche&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y casi me caigo de la cama cuando su toalla cayó al piso, dejando su PERFECTO cuerpo totalmente a la vista mientras ella seguía buscando algo, hasta que finalmente y sin ningún pudor Isabela tomó una coqueta tanguita negra entre sus manos y la fue subiendo por sus piernas hasta que quedó deliciosamente en su lugar.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero el espectáculo no había terminado, y entonces Isabela agarró una playerita blanca y arqueándose con mucha sensualidad se la puso, aunque la perversa prenda apenas le llegaba al ombligo y se apretaba obsesivamente alrededor de sus firmes y bien formados pechos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Mi cara de sorpresa decía todo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ya estoy lista. -Me dijo con una coqueta sonrisa mientras recogía la toalla para terminar de secarse el cabello, pero al verme sentada con la misma ropa que traía se detuvo de golpe. -¿En serio piensas dormir así?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Cómo?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Quítate los shorts. –Me ordenó. -¿Quieres otra playerita para dormir?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Y-yo&#8230;&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Anda, penosa.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Asentí con timidez y muerta de pena me fui quitando los shorts, quedándome sólo con un par de cursis panties blancas de corazoncitos, a la vez que Isabela tomaba otra playerita de su closet y la ponía en la cama junto a mí. Entonces agarré los costados de mi blusita y con muchos nervios me la quité, para entonces tomar la playera que me había dado y ponérmela lo más rápido posible, aunque en el proceso quedé súper despeinada.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela inmediatamente se me acercó y cariñosamente empezó a peinarme. &#8220;Te ves súper simpática así, con los pelos parados. Casi parece que alguien se hubiera sentado en tu cara.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Wow. ¿Oí bien? No dijo eso, ¿O sí? ¿Lo dijo? ¿Sentarse en&#8230; la cara?</p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero Isabela solo sonreía como siempre, sin dar indicación de nada en especial, y cuando terminó de peinarme fue a su buró y sacó unas hojas engrapadas de ahí, dándome un juego de ellas:</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Guión de: Corazón Salvaje</p><p dir="ltr">Escena: 175</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Juan (Sujetando a Mónica con fuerza): ¡Mónica!</p><p dir="ltr">Mónica (Resistiéndose): N-no, Juan, ¡Déjame ir!</p><p dir="ltr">Juan (Desafiante): ¡Nunca! Eres mía, y de nadie más.</p><p dir="ltr">Mónica (Cediendo):J-Juan, no, mi corazón es de otro.</p><p dir="ltr">Juan (La somete contra la cama y le dice): Mientes, y con un beso te arrancaré la verdad.</p><p dir="ltr">Mónica (Respirando agitada): No, no&#8230;</p><p dir="ltr">(Se besan apasionadamente, Mónica se entrega)</p><p dir="ltr"> </p><p> </p><p></em></p><p dir="ltr">&#8220;Uff. –Suspiré de forma obvia. –Esto, digo, está muy intensa la escena, ¿No?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Claro, es la más importante de la novela.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bueno, -Seguí leyendo. –Estoy lista.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De un coqueto salto Isabela se subió a la cama y con un gesto coqueto se estiró para apagar la luz, dejándonos casi a oscuras en la habitación, y entonces se acomodó boca arriba contra las almohadas a la vez que su perversa playerita se le subía tentadoramente. Y lo que dijo a continuación me puso muy, muy nerviosa…</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Fresita, ven, súbete en mi.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Qué?&#8221; Se me cayeron las hojas.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No seas tonta, -Se rió sensualmente. -¡Se supone que en la escena me tienes que someter! Ven, y agárrame de las muñecas.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con actitud dubitativa me arrodillé junto a ella y le agarré las muñecas débilmente, aunque por su expresión desesperada supe que el regaño era inminente. &#8220;No, Fresita, así no. ¿Así sujetaría Juan a su amada? ¡Tienes que hacerlo bien!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;P-pero…&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Hazlo ya.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me mordí los labios mientras me sentaba en su vientre sin soltarle las muñecas, pero al verme en posición Isabela se acomodó de tal forma que quedé apretándome aun mas contra su cuerpo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Así?&#8221; Le pregunté sin mirarla a los ojos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela sólo asintió sensualmente mientras me daba un simpático empujoncito con su pierna.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Empiezo ya a decir mis diálogos?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si, pero agárrame mas fuerte.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Sin lograr contener mis nervios la sujeté de las muñecas con más firmeza contra las almohadas, tratando de recordar lo que decían mis hojas. Pero al tenerla tan cerca y sentir su sensual respiración sobre mi rostro me estaba poniendo muy inquieta, así como ver esos labios húmedos que se abrían tentadoramente, casi suplicando ser besados.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Lista?&#8221; Isabela me regresó a la realidad.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Si.&#8221; Asentí con una expresión traviesa y acto seguido la sacudí ligeramente contra la cama mientras le decía apasionadamente: &#8220;¡Mónica!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Inmediatamente Isabela entró en &#8220;personaje&#8221;, y con tierna angustia forcejeó contra mí. &#8220;<em>N-no, Juan, ¡Déjame ir!&#8221;</em></p><p dir="ltr">&#8220;¡Nunca! –Le respondí con intensidad, pero Isabela se retorcía intensamente debajo de mi y cada vez me era más difícil controlarla. -¡Eres mía, y de nadie más!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;J-Juan, no, mi corazón es de otro.&#8221; Respondió Isabela con angustia, y acto seguido me empujó hacia atrás y casi me caigo de la cama.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay, -Me quejé suavemente. -Isabela, ¡Casi me tiras!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Ella solo se rió muy divertida. &#8220;Ah pues claro, ¿O pensabas que Juan sometería a Mónica tan fácilmente?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Ah sí?&#8221; La miré retadoramente, preparándome para la acción. Aunque Isabela tenía un cuerpo atlético y definido, yo tenía la experiencia de haber &#8220;luchado&#8221; contra mis amigos durante años, y estaba segura de darle una lección que jamás olvidaría.</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Sin duda</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Haciendo uso de una agilidad felina me subí de nuevo sobre Isabela, y antes de ella pudiera resistirse la aprisioné contra la cama, a pesar de que ella inmediatamente trató de zafarse y empujarme de nuevo. Pero esta era una batalla que yo estaba decidida a ganar, y en medio de gemidos y empujones rodamos por la cama una y otra vez, aunque yo siempre lograba colocarme en su espalda y someterla, hasta que después de casi 10 minutos de intensa lucha&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">La vencí.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y de nuevo quedé sentada sobre su vientre mientras mis manos agarraban fuertemente sus muñecas contra la cama, respirando agitadamente a la vez que Isabela se quejaba tiernamente debajo de mí, pero aceptando su derrota.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ay Fresita, -Se quejó casi sin aliento, pero sonriéndome. -No pensé que&#8230; fueras tan buena peleando.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero la obra tenía que seguir, por lo que le dije mis diálogos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Mónica, ¡Mientes! -Me sorprendí yo misma por la intensidad de mi &#8220;actuación&#8221;, y más cuando temerariamente me acerqué a sus labios. -Y con un beso te arrancaré la verdad.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;No, no&#8230;&#8221; Se quejó tiernamente y cerró los ojos, aunque abriendo tentadoramente la boca.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">No pude contenerme más y me fui acercando a ella aun mas a su boca hasta que finalmente mis labios rozaron los suyos, pero&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">¡Pero de nuevo mis malditos nervios! Todo mi cuerpo estaba temblando ligeramente por la emoción, pero yo no encontraba el valor para atreverme a besarla por fin, y durante varios minutos nos quedamos así, respirando una contra la otra, sin movernos ni un milímetro, hasta que…</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Fresita?&#8221; Dijo Isabela muy suavemente, casi como un suspiro.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Si?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Bésame, carajo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con desesperación mi boca encontró la suya y me aferré a esos deliciosos labios húmedos, besándolos una y otra vez mientras Isabela gemía con ternura y deslizaba su traviesa lengua dentro de mi boca, luchando sexualmente contra mi lengua en medio de la más sensual batalla posible.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente Isabela se soltó y casi me derrito cuando me apretó fuertemente contra ella, mis pechos firmemente contra los suyos mientras nuestras manos comenzaban a deslizarse con total urgencia por nuestros cuerpos y piernas, apretando, sobando y arañando todo lo que estuviera a su alcance.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y nuestras bocas no se separaban ni un segundo, y era tal la intensidad con la que nos besábamos que hasta respirar era difícil, ya que apenas trataba de tomar aire sus ardientes labios me volvían a encontrar. Casi sin poder evitarlo comencé a respirar directamente de su boca, acelerándome aun mas cuando las dos comenzamos a rodar juguetonamente por toda la cama mientras nos quitábamos la ropa con impaciencia.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Yo estaba en éxtasis.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Mi hambre por Isabela parecía crecer cada vez mas hasta volverse insoportable. Todos mis sentidos estaban desbordados por esa lengua escurridiza retorciéndose en mi interior, el sabor de su ardiente sudor, el acogedor calor de su cuerpo contra el mío&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Aunque en mi mente una idea perversa daba vueltas sin parar, un pensamiento que me había obsesionado desde hacía una semana: <em>¿A que sabrá Isabela? </em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero a pesar de la calentura no me atrevía a decirle nada, porque quizás ella pensaría que soy una pervertida, o algo peor. Quizás lo mejor sea solo besarnos&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente, y casi como si me hubiera leído la mente, Isabela se separó de mis labios y con voz muy tierna me dijo&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Fresita?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Sip.&#8221; Le respondí con un débil gemido.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Q-quiero&#8230; pedirte algo.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Si?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con un gesto simpático Isabela se cubrió la cara con las manos. &#8220;¿Me dejarías sentarme en tu cara?</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Dios mío</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela se rió muy divertida al verme así, y entonces tomó mi rostro entre sus manos y cariñosamente me dijo: &#8220;¿Fresita?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Mis ojos se clavaron en los suyos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Voy a sentarme en tu cara.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Solo atiné a asentir con timidez mientras lentamente me acostaba boca arriba contra las almohadas, a la vez que Isabela se acomodaba ágilmente sobre mi hasta quedar con sus rodillas junto a mi cabeza y sus manos agarrándose de la cabecera de la cama, aunque sin hacer nada más durante algunos segundos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y la visión del cuerpo de Isabela era espectacular, arqueada de forma felina mientras su piel brillaba sensualmente con la luz que entraba por la ventana. Aunque mis ojos estaban fijos en un lugar muy especial entre sus piernas.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Un lugar que me obsesionaba.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Me mordí los labios y apreté con anticipación las sabanas, casi saboreando el delicado coñito que se mostraba tentadoramente frente a mí, un delicioso triangulito de vello negro muy cortito, deliciosamente húmedo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Lista&#8221; Sonó la juguetona voz de Isabela.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Sip.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Con un movimiento sensual Isabela comenzó a bajar su cuerpo hasta que finalmente su coño se apretó contra mis labios, e inmediatamente cerró sus piernas contra mi cabeza de tal forma que quedé completamente atrapada.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Eso fue tremendamente excitante, y literalmente pude sentir como la adrenalina fluía por mi cuerpo mientras yo abría la boca de par en par y comenzaba a besar y lengüetear con desesperación cada pliegue de su intimidad, hundiendo mi lengua hasta el fondo mientras apretaba sus firmes nalgas contra mi cara, temblando de excitación.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Ahhh, ¡Fresita!&#8221; Gimió Isabela con sexual angustia, estremeciéndose con cada acometida de mi lengua.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y yo me aferraba a su sexo como si mi vida dependiera de eso, saboreando el exquisito néctar que fluía entre sus piernas y comenzaba a cubrir mi rostro, respirando agitadamente el sexual aroma que me aceleraba al límite.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero aun quería mas, ya que deseaba ver el rostro de Isabela y sus reacciones a todo lo que le estaba haciendo, así que muy lentamente volteé hacia arriba y lo que vi me arrancó un tierno gemido. Sus hermosos ojos estaba clavados en los míos, y en su rostro se reflejaba una expresión de tierna angustia, y con cada movimiento de mi boca Isabela se ponía visiblemente tensa, haciéndola lucir aun más sexy, si eso era posible.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Simplemente era demasiado placer, y durante lo que pareció una eternidad me la estuve comiendo con total abandono, mirándola siempre a los ojos, hasta que finalmente&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Un poderoso orgasmo impactó violentamente a Isabela, arrancándole el aire mientras ella gemía y arañaba la cabecera en sexual agonía, y entonces llegó otro orgasmo, y otro más&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y yo solo abría la boca mientras me retorcía de placer entre sus piernas, bebiendo su exquisita humedad sin importarme nada Isabela se ponía cada vez más tensa, hasta que después de varios agónicos segundos se dejó caer junto a mí, completamente exhausta y sudando muchísimo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Oh Dios, Fresa, t-tu boca..&#8221; Dijo muy débilmente, y yo sólo sonreía orgullosa y deslizaba sensualmente mis manos por mi cuerpo, sin creer aun lo que acababa de suceder. &#8220;Wow.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><div><em></em></div><p><em></p><p dir="ltr">Me acababa de comer a Isabela</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero inmediatamente ella me recordó que todo había sido muy, muy real, porque muy lentamente se arrodilló junto a mí y me besó tiernamente los pechos, lo que me dio unas deliciosas cosquillas que me hicieron reír de vuelta.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Me encantas. -Me dijo con una sonrisa seductora, usando las sabanas para limpiarme un poco la cara. -¿No te habías dado cuenta?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Meneé la cabeza con un gesto infantil. &#8220;Ay pero, ¡Si hasta pensé que todo esto de los ensayos era súper normal para ti!&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;O sea, -Levantó una ceja con simpática incredulidad. -¿Tú crees que ando ensayando besos con todas mis amigas?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nop. -Le respondí tapándome la cara con vergüenza. -Aunque, así como lo dices, pues creo que soy muy tonta por no darme cuenta.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Nada mas un poquito, Fresa traviesa.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Ah sí?&#8221; La miré con un gesto desafiante, y sin darle tiempo a nada me lancé sobre ella de forma juguetona, besándola por todas partes mientras Isabela se reía y forcejeaba contra mí, aunque esta era una batalla que yo no quería ganar, por lo que en unos segundos ella logró sujetarme boca abajo contra la cama mientras me decía al oído: &#8220;¿Sabes lo que te voy a hacer ahora por esto?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Qué?&#8221; Le respondí con una risita.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Isabela me dio un tierno besito en el cuello. Luego otro en los hombros. Entonces con la punta de su lengua fue bajando por mi espalda hasta llegar a mis nalgas, las cuales mordió amorosamente, y entonces&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Agarró una almohada y la colocó debajo de mi vientre, dejándome con el culo levantado.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Q-que haces?&#8221; Le pregunté con mucha pena.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Me encantan tus nalguitas. -Isabela se rio juguetonamente mientras me las apretaba y sobaba sin parar. -Paraditas, redonditas, firmes. Uff.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Y-ya me había dando cuenta.&#8221; Le respondí con timidez mientras ella seguía fascinada con esa parte de mi anatomía, hasta que de repente su rostro se hundió sexualmente entre mis nalgas y su traviesa lengua llegó a mi delicado agujerito trasero, el cual comenzó a lengüetear rápidamente en círculos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;I-Isabela, oh Dios.&#8221; Gemí con total excitación y sorpresa, arañando las sabanas mientras instintivamente arqueaba y levantaba las nalgas un poco más, hasta que después de casi 10 minutos de perversa &#8220;preparación&#8221;&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Prepárate Fresa, esto te va a encantar.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero no pude ni responder, porque de nuevo su boca se apretó contra mi culo y su lengua se metió hasta el fondo de mi ano, bombeándolo vigorosamente de atrás para adelante sin parar.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¡AAAAAAhhhh!&#8221; Me retorcí sobre la cama en éxtasis, fascinada con lo que Isabela me estaba haciendo, ya que nunca hubiera pensado que algo ahí &#8220;atrás&#8221; se sentiría tan bien. Además, el solo hecho de pensar que esa viborita traviesa retorciéndose en mi culo era la lengua de Isabela le daba un morbo exquisito a la situación.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero la cosa no quedó ahí, y casi me desmayo cuando Isabela comenzó a frotar salvajemente los pliegues alrededor de mi clítoris con sus dedos, llevando mi cuerpo hasta el límite en medio de ruidosos gemidos.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">No podría aguantar mucho tiempo así.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">El placer quemaba y envolvía mi cuerpo de una forma irresistible, todo mientras los perversos dedos, lengua y boca de Isabela no me daban ni un respiro.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y no pude mas.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">De repente un violento orgasmo me hizo estremecerme salvajemente contra la cama, y luego otro mas y otro, y sin tiempo que perder lsabela se apretó fuertemente contra mi coño, devorando los jugos que mi cuerpo deliciosamente le daba durante lo que parecieron siglos, hasta que&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Respirando agitadamente me dejé caer sobre las almohadas, e Isabela simplemente se quedó recostada sobre mis nalgas mientras yo me recuperaba, las dos en total silencio.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Exhaustas. Sudadas. Empapadas. Calientes.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Hasta que finalmente ella se arrastró por la cama para quedar detrás de mí en posición de cucharita, cosa que me hizo reírme tiernamente cuando sus delicados brazos me apretaron por la cintura contra su cuerpo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;¿Fresita? –Me dijo al oído, para entonces darme un suave beso en el cuello. –Te quiero mucho.&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Yo mas.&#8221; Le respondí cariñosamente mientras me acurrucaba contra su cuerpo, sintiéndome totalmente segura mientras Isabela seguía dándome tiernos besos en el cuello y jugaba con un dedo en mi ombligo.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Pero había algo que me preocupaba&#8230;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Isa, -Le pregunté con ansiedad. -¿Y ahora que sucederá?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Ella me apretó aun mas contra su cuerpo y con voz suave me dijo al oído: &#8220;No sé. Pero no te preocupes por eso, ahora quiero verte dormida en mis brazos, como cuando te cuidaba hace años, ¿Recuerdas?&#8221;</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">&#8220;Sip.&#8221; Le respondí con una sonrisita amorosa, y el sentirme así de segura entre sus brazos fue el mejor calmante, ya que casi sin darme cuenta me fui quedando dormida, completamente feliz.</p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">Y entre sueños solo oía su dulce voz, que me decía suavemente&#8230;</p><p>. . El corazón casi se me sale del pecho al oírla decir eso, y sin poder evitarlo me ruboricé muchísimo. &#8220;Oh.&#8221; </p><p></em></em>, sonreí maliciosamente<em>, se arrepentirá de haberme empujado</em>. </p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p> </p><p>&#8220; </p><p></em>. Lo único que tenía claro era que estando con ella yo era feliz. Pero desgraciadamente, hoy era el último día de mi &#8220;castigo&#8221;, aunque en el fondo yo albergaba la esperanza de que Isabela quisiera continuar con los &#8220;ensayos&#8221;, ya que a mi parecer yo había resultado ser una excelente &#8220;actriz&#8221; de práctica y sin duda sería divertido para las dos. . </p><p></em></em></p><p dir="ltr"> </p><p>Pensé aliviada, ya que la idea de ayudar a Isabela con sus guiones sonaba genial. Es más, hasta parecía un premio, y no pude evitar sonreír de forma obvia.</p><p></em></p><p dir="ltr"> </p><p dir="ltr">No quería ni pensar en eso.</p><p dir="ltr">Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/corazon-de-fresa/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Un dia de fabula</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/un-dia-de-fabula</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/un-dia-de-fabula#comments</comments> <pubDate>Wed, 03 Feb 2010 09:00:06 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[lesbianas en relatos]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=67</guid> <description><![CDATA[Relato porno 3 de febrero del 2010. Son dos amigas, Francis y Lili. Hoy van de picnic al campo, porque les gusta la naturaleza y la intimidad. Dejan el coche al borde del camino y se internan por el bosque. Al poco rato encuentran un pequeño claro y preparan el tinglado webcams porno. Extienden una [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 3 de febrero del 2010. Son dos amigas, Francis y Lili. Hoy van de picnic al campo, porque les gusta la naturaleza y la intimidad. Dejan el coche al borde del camino y se internan por el bosque. Al poco rato encuentran un pequeño claro y preparan el tinglado <a href="http://www.webcam.conejitax.es" target="_blank">webcams porno</a>. Extienden una gran tela sobre la hierba húmeda, abren la neverita, beben unas cervezas. Las dos charlan muy animadas y sonrientes, se gastan bromas, ríen. Después de unas cuantas cervezas, Francis besa suavemente a Lili. Lo hace porque piensa que Lili es una mujer muy guapa y atractiva. Lili le devuelve el beso a Francis, se lo devuelve en los labios, en la mejilla, en el cuello. Pasan un largo rato besándose y acariciándose. Luego Francis le desabrocha la blusa a Lili, y aparecen sus pechos, casi como por arte de magia. Francis cree que son los pechos más bonitos que ha visto en su vida, pequeños y bien formados, con unos pezones rosados y juguetones. <span id="more-67"></span>Empieza a besarlos y a mamarlos. Mientras Lili suspira, pues le encanta la pasión que siente Francis por sus pechos, y le gustan mucho sus caricias. A Francis también le gusta que le saboreen los pechos, así que se quita su camisa de cuadros y el sujetador. Sus pechos son más grandes y voluptuosos que los de Lili. Francis piensa que los tiene demasiado grandes, y le ha comentado alguna vez a Lili que piensa operárselos. Pero Lili le ha dicho que ni hablar, que le encantan sus pechos grandes, y que los ama tanto como al resto de su ser.</p><p>Así que así siguen un rato, besándose, acariciándose, amándose. Y están a punto de pasar a mayores cuando de repente algo se agita por entre la maleza. Ante ellas aparece un lobo enorme, un lobo peludo y negro como la noche, con una larga cola y un hocico baboso y lleno de dientes amarillentos. El lobo las gruñe, y parece muy feroz. La chicas gritan, asustadas, e intentan escapar. Pero el lobo es muy rápido, y logra tumbarlas fácilmente. Lili y Francis están aterrorizadas, el lobo les ha puesto sus patas encima, y pueden percibir su aliento fiero. Pero entonces, cuando todo parece perdido, el lobo empieza a lamer a Lili. Le lame la cara, los labios, el cuello y los pechos. Parece que lo que más le gusta son los pechos. A Lili le sorprende la dulzura que demuestra poseer el lobo. Lo habían juzgado mal. Se da cuenta de repente de que algo le esta presionando la pierna. Es el pene del lobo, que parece que está durísimo, y que se frota contra su pierna de manera disimulada. Pobrecito, piensa Lili. Él también tiene sus necesidades. Así que Lili, mientras el lobo le lame juguetonamente los lóbulos, se baja los pantalones y las bragas, y se le ofrece, sumisa y cariñosa. El lobo se relame, con su enorme lengua, se echa sobre Lili, le introduce su miembro, y empieza a follársela. Pronto empiezan a jadear y a aullar de placer. La embestidas del lobo son cada vez más rápidas, más salvajes. Mientras, Francis los observa, como hipnotizada, y solo acierta a masturbarse, pues por alguna razón misteriosa le pone muy cachonda ver como un enorme lobo negro se folla a su amiga. Los aullidos son cada vez más fuertes, y al final desembocan en una sinfonía de gritos y gemidos. El lobo se ha derramado dentro de Lili, pero Lili ha tocado el cielo, y ha jugado con las estrellas.</p><p>Permanecen sin moverse un rato, el lobo encima de Lili, jadeando todavía y echando un poco de baba por el hocico. Luego llega el turno de Francis. De alguna manera maravillosa, los tres se entienden a la perfección. Por lo menos Francis no lo duda un instante. En un santiamén ya se ha despojado de su ropa y se ha puesto a cuatro patas. Si se la tiene que follar un lobo, piensa, al menos que se la meta como a una zorra. El lobo no se hace de rogar, y parece mentira, ya vuelve a tener el miembro a punto. Es un lobo como los de antes. Aunque primero olisquea los bajos de Francis, y les pasa un poco la lengua. Eso le pone a Francis a mil, así que, desesperada, le grita al lobo: &#8220;¡Vamos, hijo de puta! ¡Fóllame! ¡ Fóllame como te has follado a mi amiga!&#8221;. El lobo no le hace ascos a una proposición de semejante índole, y al momento ya está perforando el culo a la pobre Francis, que se lleva una buena sorpresa. Pero pronto se le pasa, no sabía que el sexo anal era tan rico. Y Lili también ayuda, pues ella no se limita a masturbarse, sino que besa y acaricia a Francis, la acompaña en su éxtasis, que le llega muy pronto. Son solo unos segundos, pero son unos segundos increíbles, donde sólo existen ellos tres, y todo son placeres, sensaciones y los pelos del lobo.</p><p>Lili y Francis, en estado de trance, tardan un buen rato en reponerme. Para cuando han vuelto en sí, ya no hay rastro del lobo. Ha desaparecido. Casi dudan de que haya existido de verdad, de que haya sido real; creen que tal vez todo ha sido un sueño, un sueño maravilloso. Permanecen varias horas tumbadas sobre la hierba, desnudas y abrazadas, en silencio. Ha sido un día mágico, piensan, mientras una dulce brisa les acaricia la piel y el sol se esconde tras las copas de los árboles. Un día de fábula.<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/un-dia-de-fabula/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Haz de Luz porno</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno#comments</comments> <pubDate>Wed, 27 Jan 2010 17:40:03 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[porno relatos]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de sexo]]></category> <category><![CDATA[relatos eroticos]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=30</guid> <description><![CDATA[Relato porno 27 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Martes, tres de febrero, llueve. Abro los ojos lenta y pesadamente. Observó en la ventana como pequeñas lágrimas resbalan continuamente. La luz tenue de la habitación se refleja en las paredes blancas que a mi parecer están cubiertas por un manto fino de nieve. [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 27 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Martes, tres de febrero, llueve.</p><p>Abro los ojos lenta y pesadamente. Observó en la ventana como pequeñas lágrimas resbalan continuamente.</p><p>La luz tenue de la habitación se refleja en las paredes blancas que a mi parecer están cubiertas por un manto fino de nieve.</p><p>Observo aquel artilugio anclado en mi piel, mi tersa piel ahora enrojecida, oigo ese pitido, ¿el despertador quizás? Quiero apagarlo pero no tengo fuerzas, todo me duele <a href="http://webcam.conejitax.es">webcams porno</a>.</p><p>El roce de las sábanas hace volar en mi mente un sutil recuerdo, el recuerdo de aquel roce, el crujir de su ropa resbalando entre mis dedos.</p><p>Mi cuerpo intenta moverse de nuevo recibiendo otra corriente eléctrica que lo zarandea y le hace perder el poco tacto que le quedaba sucumbiéndome, otra vez, a los brazos de Morfeo.<span id="more-30"></span></p><p>Jueves, trece de abril de 1941, llovía.</p><p>Las débiles gotas intentaban hacer frente a los numerosos soldados que disponían una calle a nuestro alrededor. Mi madre aferraba mi mano con todas sus fuerzas susurrándome lo tranquila que debía estar y mi padre seguía repitiendo una y otra vez que el rey nos había abandonado. El pesar de los años había empezado a dejar en él una notable curvatura y escasos pelos que ya apenas podía peinar, su barriga ya empezaba a desprenderse del resto del cuerpo y su andar se hacía de cada día más pesado, tenía los ojos inyectados en odio mientras paseaba furioso por delante de aquellos soldados que mostraban muecas de indiferencia y lucían relucientes botas de metal pulidas por las cuales resbalaban las delicadas gotas de agua que llegaban al suelo. Mi madre le sujetaba nerviosamente el brazo para que no cometiera ninguna locura, en sus ojos se veía miedo, tanto por los soldados, como por mi padre, pero a él solo parecía importarle su egocentrismo y en un arrebato de este, se abalanzó hacia uno de los soldados arrancándole una extraña cruz que llevaba en el pecho, pisándola en cuanto esta cayó al suelo y ahogándola entre los ríos de barro que discurrían a los pies de los soldados.</p><p>Un impacto de metal en su barriga le hizo caer el suelo salpicado de barro y sangre que iban limpiando los soldados en una lluvia de patadas metálicas. Por los pequeños riachuelos que humedecían mis zapatos se dejaba ver y sentir el fuerte olor de un líquido apenas diluido y abundante de textura y color rojizo. Pude ver entre las miles de piernas que volaban unos ojos sin brillo enmudecidos de vida, ya no había nadie en ese cuerpo, ¿dónde había ido papá? Mi madre lloraba gritando desesperadamente, viendo la impotencia que nos arropaba en ese momento, como cuando unas esposas sujetaban las manos del ladrón más codicioso. Unas manos sujetaron mi rostro y unos brazos me empujaron hacia un ser desconocido que me arrastró entre los soldados escabulléndose de los empujones y aprovechando la aglomeración para pasar desapercibido.</p><p>Tal vez mi padre hizo eso para saciar su egocentrismo, tal vez para evitar sentir el peso de sus errores sobre su ya curvada espalda o simplemente me dio la oportunidad de sobrevivir arriesgando su vida y la de mi madre, que tarde o temprano se iban a apagar.</p><p>Oía la voz de una persona…</p><p>La contestación de otra…</p><p>Sentí como algo agarraba bruscamente mi párpado y lo habría cegándome con una luz poderosa que apenas percibí cuando abrió el otro.</p><p>Sus voces destilaban ansiedad, carcomían mi conciencia que hacía un esfuerzo sobrehumano por encontrar algún tipo de significado.</p><p>Se oyó el seco golpe de una puerta y tan solo divisé una borrosa figura acercándose a mí y acariciándome suavemente por encima de mi frente:</p><p>– ¿Qué has hecho para que te dejaran así?</p><p>¿Qué había hecho…, era algo malo?</p><p>Lunes, veintiocho de octubre de 1957, nublado.</p><p>Avanzaba cautelosamente entre los arbustos evitando que el uniforme se quedara enganchado por alguna de las ramas cuyas hojas aun no habían caído al suelo, disimulando mi inquietud por llegar temprano. Evitaba la mirada de las monjas que desfilaban con su atuendo lúgubre por las plácidas calles de aquel enrome colegio apartado del mundo real. Evitaba ser el foco de atención cuando disimuladamente abrí las puertas de aquella gran iglesia que de un gruñido replicaron mi tardanza, pero nadie se inmutó, los gloriosos cantos angelicales de dulces voces, que fueron las únicas que me vieron, al darse cuenta de mi presencia disimularon una bella sonrisa y siguieron cantando bellas notas que inundaban con gran gratitud el espacio que albergaban esas frías paredes.</p><p>Solo aquella profesora de literatura se volteó para perder su vista al último banco, donde yo, adormecida, esperaba pacientemente notar una espiga de deseo por su parte. Se escurrió entre el grupo vulgar de profesoras que admiraban embobadas a aquellos ángeles de carne y hueso que ya tenían en su cabeza más cuernos que el mismísimo diablo. Avanzó a paso lento intentando no hacer ruido, aunque este quedaba camuflado a cada eco de aquellas pequeñas voces, su mirada se fijaba en cada uno de mis movimientos, sonrió ante la pequeña falda que corría muslo arriba cuando cruzaba mis piernas, ante la camisa con dos botones de más desabrochados y la corbata cuyo nudo estaba hecho en vano. Se sentó a mi lado subiendo levemente aquella falda de encaje gris que vestía casi diariamente alternándola con diferentes modelos:</p><p>– Llegas tarde – soltó dejando que un leve vaho de aliento, apenas perceptible, se escapara de su garganta.</p><p>– No, habéis empezado antes – sonreí haciendo que ella también lo hiciera.</p><p>Lentamente descendí rozando con mis dedos aquella fina camisa negra desbrochando dos de los botones mientras acariciaba el ribete de aquel sujetar de encaje negro, masajeé un de los pechos por encima de aquel sujetador mientras ella empezaba a retorcerse. Descendí rozando su vientre mientras ella se ataba la camisa cada vez más insegura de lo que estaba haciendo, fui desbrochando el largo cierre de aquella falda que se resistía apretándose contra las carnes de su dueña. Mi mano descendió hacia el foco de toda perturbación, vi en su mirada lujuria y pasión, pero también temor:</p><p>– ¿Qué demonios haces? Estás en la iglesia.</p><p>– Consiento a mi profesora favorita, aunque luego no me apruebe.</p><p>– Si no apruebas es… – no la dejé acabar.</p><p>Un gemido la hizo morder el cuello de mi camisa y todo lo que este conllevaba. Mi mano se manejaba en contra de su voluntad, pero no le importaba, su mirada lujuriosa y sus suaves balanceos iban aumentando de intensidad a medida que mi mano entraba en lo más profundo de su ser. Se retorcía de placer ante el roce de mi piel contra la suya, todo lo que yo le hacía con dos dedos no se lo haría nunca ningún hombre, solo una mujer conocía a otra mujer, conocía cada uno de sus secretos, cada uno de sus pliegues, cada uno de los puntos donde se retorcía como una bella figura que adoptaba su forma más intima de demostrar el placer. Sus gemidos recorrían junto con espasmos su cuerpo haciéndola elevar un grito al cielo mientras su cuerpo convulsionaba y aquellas niñas cantaban, por suerte, el más alto eco que inundó la sala.</p><p>Sus mejillas sonrojadas, su pelo alborotado, su falda desabrochada y sus gafas a punto de resbalar entre las pequeñas gotas de sudor que caían por su nariz eran una simple demostración de placer, en sus ojos yacía una mirada de culpabilidad ante lo que había hecho, y no era la primera vez, pero también una perversa ilusión de volverlo a repetir, de volver a caer en las sombras del camino de la lujuria y el placer, si eso era el infierno, yo quería ir allí.</p><p>Una toalla fresca humedecía mi rostro bajando la hinchazón que hace escasas horas no me dejaba abrir el ojo izquierdo.</p><p>Mi mirada, algo más clara, discernía entre la blancura unos ojos marrones atigrados que me miraban observando cada facción de mi rostro, intentando reconstruirlo sin cada una de las suturas y bultos que este poseía.</p><p>Oí de nuevo la misma puerta abriéndose y una voz que me resultaba familiar, volvió a esparcirse por el aire:</p><p>– ¿Cómo está?</p><p>– Parece que ha recuperado la conciencia, pero todavía no puede hablar.</p><p>– No se puede quedar más tiempo en el hospital, ya lleva cuatro días y estamos completamente saturados.</p><p>– Lo sé, pero no la puedo dejar en este estado.</p><p>– ¿Y qué piensas hacer?</p><p>– Me la llevaré a casa.</p><p>No oí quejas por parte del doctor, solo un nuevo portazo y de nuevo una toalla humedecida en mi rostro:</p><p>– ¿Quién puede hacer algo así? – murmuró.</p><p>¿Quién puede perseguir a su presa toda la noche? ¿Qué tipo de animal no descansa hasta sentir la sangre de otro deslizarse por sus dientes? ¿Qué monstruo se regodea paseando uno a uno los cadáveres de sus víctimas de tan larga tortura?</p><p>Solo había un único animal que adquiría todas las características.</p><p>Sábado, veintiuno de diciembre de 1959</p><p>Los pasillos estaban iluminados con pequeñas y brillantes estrellas y un majestuoso árbol de navidad dejaba admirar horas de trabajo en medio de un salón grandioso donde se ponían a punto los preparativos para las fiestas.</p><p>Mi habitación tenía puesto el pestillo de manera que estaba ausente de lo que ocurría en el exterior. Por mi parte, ahí dentro tenía al ángel más bello que podía haber en todo el pesebre, estaba tumbadita en la cama, con el característico uniforme que nos obligaban a llevar día y noche. Sus ojos, que reflejaban una inocencia apenas perturbada, me miraban de arriba abajo con una lascivia que le hacía imposible disimular las ganas de sentir por primera vez el cielo bajo sus pies, de sentir una corriente eléctrica zarandear su cuerpo dejándola inconsciente por unos momentos:</p><p>– Me vas a hacer el amor – dijo con tal inocencia que me eché a reír – ¡no te rías de mí, que es mi primera vez!</p><p>– Te lo perdono por ser tu primera vez.</p><p>– Pero quiero que sepas que pase lo que pase…</p><p>– Tú no eres lesbiana – corté yo.</p><p>– ¡Exacto! – a veces la inocencia jugaba malas pasadas.</p><p>Fui subiendo lentamente a la cama y la arrastré hacia mí dejándola totalmente tumbada con su graciosa sonrisa iluminando parte de su semblante. Acerqué mis labios lentamente hacia aquel dulce rostro cargado de inocencia y sensualidad que respondió de manera dulce al contacto de mis labios aprisionando los suyos, dejando escapar un leve gemido que inundó la habitación. ¿Cuántos chicos habían intentado hacer escapar el mismo gemido con sus torpes labios sin haber conseguido nada más que un simple desahogo por su parte?</p><p>Su cuerpo temblaba retorciéndose bajo el roce de mis manos que subían por sus caderas hasta su pecho rodeándolo, sin apenas rozarlo. Desabroché lentamente cada uno de los botones de aquella blusa crujiendo bajo mis dedos y, apartándola suavemente, vislumbré aquella pequeña pieza de tela rosada que escondía, como mi más preciado anhelo, unos pechos turgentes y bellos. Solté la fina pieza en un pequeño clic que apenas llego a mis oídos ausentados por la excitación, deslicé suavemente mis dedos por sus brazos liberando sus senos asustados que se erguían al compás de su respiración cada vez más agitada. Pasé mis dedos rozando aquellos delicados pezones que respondían a mis estímulos endureciéndose más de lo que estaban, sus ojos, parcialmente cerrados, ya habían perdido el mundo de vista y se dejaban guiar por el dulce camino de sensaciones que, junto a la lujuria y el placer, ofrecían el espectáculo del máximo esplendor del ser humano. Lentamente coloreé la aureola de su pezón con la punta de mi lengua sintiendo como ella se retorcía al igual que lo hace una serpiente al moverse, tan provocativa, tan sensual…, solo con el simple roce de mi lengua, que ahora estaba recorriendo su abdomen dejando un rastro de besos por todo su camino.</p><p>Desabroché los tres insufribles botones de aquella falda arrastrándola a mi paso ante el disimulado roce que ejercieron mis dedos entre sus muslos. Subí entrecortando su respiración por un leve gemido cuando sintió como depositaba un fugaz beso en el epicentro del temblor y las sacudidas que afloraban en su cuerpo. La despojé de aquella única prenda que me impedía ver a la musa que hacía más de media hora que tenía retorciéndose en mi cama. Su cara se sonrojó al darse cuenta de mi absorta mirada ante aquel pequeño montecito cubierto por aquella característica fina mata de vello negro y rizado. Recorrí a besos los alrededores de su ser mientas oía leves gemidos acompañados de bruscos movimientos al notar tal punto de excitación. Lentamente introduje uno de mis dedos en aquella cavidad mientras que con la punta de mi lengua recorría todos los surcos que se camuflaban entre aquella mata de vello. Sentí como se arqueaba, como zarandeaba su cuerpo al compás de sus gemidos que pronto fueron remplazados por gritos, como cerraba los ojos con presión por miedo a que salieran de sus órbitas y como empezaban unas múltiples convulsiones que hacían elevar su pelvis evitando poder contener un grito entre aquellas manos que perforaban las sábanas de mi cama.</p><p>Subí en un dulce recorrido de besos mientras depositaba un último de estos en sus labios humedecidos:</p><p>– Creo que a partir de este momento me voy a cuestionar el hacerme lesbiana – dijo entre una mirada de lujuria desenfrenada.</p><p>Sentí una leve luz que provenía de una vela cercana a mi pálida piel.</p><p>Mis párpados se abrieron pesadamente aun haber bajado la hinchazón que recubría parte de mi cara, ya menos dolorida.</p><p>Sentí una venda humedecida sobre mi febril frente y como una gota temeraria iniciaba el descenso quedando enredada entre los escasos pelos que recubrían mi delgada ceja.</p><p>Noté una suave mano acariciar mi rostro que se ruborizó al instante ante tan suave caricia.</p><p>Abrí mis ojos ahora con menos pesadez pero apenas pude ver nada más que unos dulces ojos mirándome.</p><p>Su mano contorneaba ahora mis labios parándose en aquella pequeña sutura ya descosida:</p><p>– ¿Quién eres pequeña?</p><p>¿Quién soy? ¿Cómo acabé aquí? Tan solo vagos recuerdos se intercalaban aleatoriamente ante mi adormecida conciencia.</p><p>Lunes, nueve de marzo de 1946, soleado.</p><p>Las ruedas del coche sorteaban los innumerables charcos de barro que había en aquel camino de piedra resbaladiza, apenas desgastada. En un intento desesperado por evitar un árbol, la rueda resbaló por uno de los socavones provocando una gran sacudida que desgarró un gemido en aquella pequeña joven de semblante pálido que recordaba las finas capas de nieve que se posaban en los montes en los últimos días de invierno. Los dos hombres que la acompañaban no se inmutaron ante la sacudida que casi desnuca a la pequeña. En la contra portada del periódico que uno sujetaba con abundante desinterés salía un titular peculiar:</p><p>Nuevas Especulaciones Sobre La Muerte De Hitler.</p><p>¿Cómo muerto, podía seguir causando problemas? Tantos que murieron a sus espaldas, de los que ni siquiera se sabe su nombre y que ahora están enterrados uno encima del otro en una fosa sin señal alguna. Los ojos de aquella joven, unos ojos grises, rasgados de negro, traspasaron el doble cristal de aquella ventanilla perdiéndose en el horizonte difuminado por la espesura del bosque, penetrado por pequeños haces de luz de un débil sol que apenas empezaba a derretir la nieve hibernal.</p><p>La limusina negra se paró en la plaza de baldosas blancas donde se alzaba una portentosa construcción de mármol blanco dividida en diferentes sectores. A lo lejos, a través de un largo sendero de piedra, se divisaba otra gran edificación que reflejaba los débiles rayos de sol que se iban calentando lenta y dificultosamente.</p><p>La joven descendió del lujoso coche negro admirando el panorama que había a su alrededor, como cientos de chicas estaban expectantes ante la presencia de una nueva compañera. Su larga falda le llegaba a la mitad de la pierna y estaba atada con una pequeña y elegante cinta roja para evitar que se cayera, las mangas de la blusa blanquecina tan solo dejaban a la vista las puntas de aquellos delgados dedos que se helaban ante la fría brisa que soplaba. La pequeña avanzó un tanto asustada ante las atónitas miradas que no perdían detalle de sus movimientos. Se dirigió hasta una mujer de ojos azules, cubiertos por unas delgadas gafas, que llevaba el pelo recogido con una pinza y su semblante cálido y agradable fue el que más confianza le inspiró. La mujer acarició aquel suave rostro que entonaba una mezcla de miedo, asombro y curiosidad, mientras uno de los agentes, con el periódico doblado debajo del brazo, conversaba pacientemente con una mujer que parecía eclesiástica.</p><p>– Tú debes ser Kristen ¿no? – y la niña asintió levemente con la cabeza.</p><p>Kristen… ¿Era ese su verdadero nombre?</p><p>– Menudo rollo, otra chica – dejó escapar una adolescente de cabello liso cuyo color era imposible de identificar – no podrían traer algún hombre de vez en cuando.</p><p>– ¿Por qué quieres un hombre? – pregunto la pequeña confundida por aquella insolencia que ofendía su personalidad.</p><p>– Porqué ellos te hacen cosas que las chicas como tú no saben hacer – contestó sacándole la lengua y provocando algunas risas indiscretas.</p><p>– ¿Cómo qué?</p><p>– Pues ellos te tocan, te besan, te hacen gozar – dijo provocando más risas y la mirada punzante de aquella mujer, a la cual la pequeña abrazaba, que hizo cesar de golpe cualquier grito sonoro y pasado de tono.</p><p>– ¿Y por qué no lo puede hacer una mujer? – insistió.</p><p>– Porqué no es lo mismo.</p><p>– Pues yo creo que sí, porqué una chica conoce el cuerpo de otra chica, además, de todos los chicos que he conocido, todos eran unos creídos egocéntricos, que no hacían más que insultarnos y criticar nuestra manera de comportarnos. Para que me traten así, prefiero estar con otra chica.</p><p>Tal vez esa pequeña no sabía lo que decía, pero en sus palabras resonaba un claro eco de verdad que, no se sabe porqué, hicieron callar a la alumna más revoltosa de todo el centro por una vez.</p><p>La incandescente vela se iba consumiendo lentamente en contra de su voluntad.</p><p>Una caliente sensación recorrió mis labios que se abrieron degustando un líquido semiespeso y tibio que se deslizaba por mi garganta con total facilidad, reblandeciéndola y cayendo en el vacío que poblaba mi dolorido estómago.</p><p>Cucharada tras cucharada sentía mi interior rejuvenecer y mis mejillas volvían a recuperar su color natural, que se enrojeció al volver a ver a aquella mujer observándome.</p><p>Ahora veía con claridad aquellos ojos atigrados y aquellas facciones marcadas ante la dulce suavidad de su tersa piel. Tenía una larga cabellera negra y lisa que caía por su espalda creando un abrigo invisible.</p><p>El fuego de la estufa ardía con fuerza y la oscuridad penetraba por la pequeña y única ventana que había en la estrecha sala.</p><p>Su mano volvía a acariciar mi rostro que ya no tenía presencia alguna de suturas ni marcas. Ya no había dolor, solo la calidez de su mano y aquella dulce mirada que enmudecía mis palabras. Tal vez la única persona que había provocado esa sensación en mi en todo este tiempo.</p><p>– ¿Quién te ha hecho esto?</p><p>Ese recuerdo, esa mirada, aquel lúgubre camino…</p><p>Viernes, doce de noviembre de 1968, llovía.</p><p>La lluvia cristalizada impactaba fugazmente sobre mis ojos como miles de perdigones clavándose en mi piel. Mi aliento seco se perdía en vahos difuminados y mis piernas se cruzaban repetidas veces provocando una seca sensación del paso acelerado del tiempo. Tiempo era lo que me faltaba, tiempo para sentir y aceptar lo que sentía. Veía como ese tiempo resbalaba entre mis dedos como la arena resbalaba entre las manos de un náufrago.</p><p>Mi cuerpo, cada vez más aturdido, no sucumbía ante los múltiples charcos por los que caía. Corría con desesperación, sentía mi alma, mi cuerpo, mi cerebro, el corazón fuera de mi pecho enviando corrientes eléctricas que hacían de mi cuerpo una pluma arrastrada por el viento. Tan solo los gritos a mis espaldas no me hacían perder la cordura de todos mis sentidos. Su olor aun reblandecía mi pecho con fuertes palpitaciones, pero solo era una más, otra de tantas que probaban la aventura y se refugiaban por miedo. No culpaba a nadie, es más, en esos instantes lo daría todo por una cama y cuatro paredes en las que refugiarme. ¿Cuántos amores me habían delatado, cuántos asustado, cuántos insultado? ¿Éramos capaces de sentir, o ya habíamos perdido esa bella capacidad y en nuestra sangre solo quedaba sed de venganza, ganas de ver como trenes se llevaban a miles de inocentes o como montones de cadáveres se agolpaban unos encima de otros? Ya no veía a las personas que unos años atrás cantaban pacificas por las noches y paseaban por las calles sin miedo a sentir, fuera lo que fuese ¿Dónde estaban? ¿Dónde se habían ido? ¿Qué ser era capaz de causar la destrucción de todo aquello que nos permitía identificarnos como personas? ¿Aquellos que ahora me perseguían? ¿O estos eran simplemente marionetas de seres más escrupulosos a los que no les gustaba mancharse las manos de sangre pero si verla correr por las calles? Tristeza era lo único que yo veía por aquellas calles, tristeza y compasión…</p><p>Un paso en falso, otra caída, mis piernas ya no respondían, mis ojos ya solo veían figuras desdibujadas y como una lluvia de patadas e insultos caía sobre mí. Sentía como cada uno de mis huesos crujía y como mis oídos ensordecían cuando de mi garganta ya no podían ni salir los más insonoros quejidos de dolor. Entonces recordé aquella imagen, la imagen de mi padre tendido en el suelo…</p><p>Su mirada delataba expectación, asombro. Miles de peguntas se cocían por su mente aunque sabía que yo no las podía contestar todas.</p><p>Su mano seguía acariciando mi rostro cuyos ojos estaban perdidos en la sequedad de la pared, aquellos ojos grises, ahora vidriosos por las lágrimas que empezaban a brollar de ellos.</p><p>– ¿Por qué corrías? – dijo mientras me arropaba en un cálido abrazo que me hizo tiritar.</p><p>No respondí, solo acaricié el interior de mi camisa sacando de ella una brillante estrella, la estrella de David.</p><p>No noté rabia en aquella mirada, ni asco, ni terror, solo noté indiferencia:</p><p>– ¿Solo por eso? – y, cogiendo la estrella entre sus manos, la acarició dulcemente.</p><p>– Se podría decir – dice con un hilo de voz seca – que metí la cabeza entre las piernas de la mujer equivocada.</p><p>Mi mirada se perturbó al recordar a aquel general entrar por la puerta. Había una orden de búsqueda y captura para mí. Parte del mundo me daba la espalda y la otra me criticaba.</p><p>Pero ella me volvió a abrazar, volví a sentir la calidez de sus brazos y la ternura de sus palabras, como daba forma a mis rizos morenos encrespados por el tiempo que llevaba sin cepillarlos. Su cálido aliento aferrado a mi cuello:</p><p>– Ahora yo estoy aquí, y no me importa lo que hayas hecho o lo que vayas hacer. Ya no debes preocuparte.</p><p>Vio como descendían apresuradas aquellas lágrimas desde lo más hondo de mí, como mis brazos se aferraban a ella y la besaban con una sensación diferente, ahora, aunque había lujuria, también había amor. Pudo ver cómo me fui durmiendo lenta y pesadamente sobre su cuerpo, sin ceder ni siquiera un poco de mi fuerza para que aquel sueño no acabara. Sentí como me mecía dulcemente entre la soledad de aquellas cuatro paredes.</p><p>Domingo, diez de mayo de 1998, soleado.</p><p>La suave arena acariciaba los pies de dos mujeres que se iban despojando de sus ropas. Sus miradas llenas de vida, pese a los más de cincuenta años que cabalgaban sobre sus espaldas, no era ningún impedimento para retozar como dos jovencitas entre las suaves caricias de la arena blanca que de tantas noches de pasión fue testigo, junto a la luna y las estrellas. Podían haber pasado treinta y en sus miradas aun se veía la chispa que un día, desde la más insólita de las escenas, se encendió, haciendo de esa, una llama incandescente que solo el destino de toda persona podría aplacar.</p><p>Cuanta lujuria se veía entre esos dos cuerpo, cuanta pasión florecía entre cada por de su piel, miradas de deseo y besos desenfrenados, pero, sobre todo, el amor que hacía de cada día más larga aquella llama que un día curó todas las heridas en una noche de esperanza.<br /> Fuente:todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
