Los vestidos estaban listos, los zapatos de tacón alto y el perfume de mamá también, Celia ve a su hermana y se ve así misma, con la sonrisa dibujada de oreja a oreja, con la mirada extasiada y el hoyuelo en la mejilla derecha, heredado de su madre, que también la luce, viendo a sus hijas tan felices y con solo una toalla encima, esperando su aprobación para vestirse para el quizá día más importante de sus vidas, el día en el que recibirían como primera y única vez, el listón de graduadas de preparatoria. Hoy cambiaria todo, hoy dejarían de ser absolutamente dependientes, hoy saldrían al mundo como adultas, como tantas veces soñaron, como tantas veces alucinaron frente al espejo viejo de su cuarto y cuando se decían “Ya no espero para estar en la universidad, conocer gente mayor que nosotras y también bueno, ya sabes… más experimentada”.
Doña Carolina acaba el ultimo trazo que faltaba en el vestido rosa de Raquel y feliz las mira. “Ya es hora hija, vístanse” les dice mientras recoge el hilo de la maquina, y aspira por tercera vez su cigarrillo de menta. Ellas no esperan más, de inmediato dejan caer sus toallas y desnudas buscan ropa interior, miles de murmullos entonces se escuchan, Celia afirmaba que el tanga rosa en este caso es lo más apropiado “no marca hermanita, además es cómoda”, Rebeca no sabe si sea lo correcto “Hija y si un viento nos pesca quedamos casi en pelotas”, su madre las ve discutir tan amigablemente, tan unidas, tan distintas a la vez, pero con la tolerancia indicada, se siente orgullosa. “Toda la vida serán más que hermanas, amigas” se dice así misma.
Raquel y Celia nacieron el mismo día, pero no de la misma madre, me he olvidado de mencionar ese pequeño gran detalle, ambas se dicen hermanas e hijas de Doña Carolina, pero en realidad… ninguna lo es, Doña Carolina es estéril, se enteró cuando soñaba y soñaba con un par de gemelas en brazos, y fue muy doloroso entonces, lloro meses y mentalmente hasta años, Don Sergio no toleraba ver a su mujer así, sentía que su vida se iba entre lagrimas y veía con impotencia a sus amigos cuando tenían hijos, uno tras uno. Fue cuando pensó en adoptar, consulto con su esposa y luego de pensarlo bien, decidieron ir al orfanato; no tuvieron problemas entonces , eran una pareja de clase alta que además asimilaba virtudes y valores. En primer momento sólo quisieron un bebe, de preferencia mujer, pero luego de meditarlo bien y ya con un poco más de impedimentos adoptaron una más. Al principio eran muy iguales, parecían gemelas, pero el tiempo las hizo disímiles, Raquel era más blanca, con cabellos rubios, y ojos claros, con una sonrisa encantadora y unos cachetitos lindos de peñiscar, Celia en cambio llevaba los cabellos oscuros de la “madre”, con ojos cafés hermosos y un color de tez llamativo y armonioso con su cabello, un poco menos blanca que su hermana, ambas lindas, ninguna superior, pero eso sí, distintas, al momento y luego, cuando sus personalidades cambiaron, cuando Celia era más liberal, cuando cambiaba el té con los padres por las fiestas y a Moliére por el chico de la tienda de la esquina. Continua leyendo »