<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <rss version="2.0"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
><channel><title>Relatos Porno &#187; porno relatos</title> <atom:link href="http://www.relatos.conejitax.es/tag/porno-relatos/feed" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://www.relatos.conejitax.es</link> <description>Relatos porno y relatos de sexo</description> <lastBuildDate>Sun, 29 Aug 2010 10:01:44 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.2.1</generator> <item><title>El viaje en tren</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/el-viaje-en-tren</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/el-viaje-en-tren#comments</comments> <pubDate>Sun, 16 May 2010 20:27:09 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Sexo con Maduras]]></category> <category><![CDATA[los relatos porno]]></category> <category><![CDATA[porno relatos]]></category> <category><![CDATA[relatos eroticos]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category> <category><![CDATA[relatos porno maduras]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=223</guid> <description><![CDATA[Relato porno del 16 de mayo del 2010. Repasando los recuerdos de mis años juveniles me encontré con esta historia, que ya había narrado antes, pero que siempre me resulta grato recordar Ocurrió hace ya muchos, muchos años y es absolutamente verídica. Creo que me marcó para siempre e hizo que se desarrollara en mi [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno del 16 de mayo del 2010. Repasando los recuerdos de mis años juveniles me encontré con esta historia, que ya había narrado antes, pero que siempre me resulta grato recordar</p><p>Ocurrió hace ya muchos, muchos años y es absolutamente verídica. Creo que me marcó para siempre e hizo que se desarrollara en mi una atracción especial por las mujeres maduras.</p><p>Por aquel tiempo yo tenía poco más de 16 años y prácticamente ninguna experiencia sexual <a href="http://www.bragax.com" target="_blank">videos xxx</a>.</p><p>Por razones de estudios tuve que hacer un viaje en tren especialmente largo. La travesía duraba 3 días y dos noches para recorrer algo más de 1800 kilómetros, en un antiguo y calamitoso tren.</p><p>Los vagones tenían una doble fila de asientos, para dos personas cada uno y puestos de manera tal que los pasajeros quedaban enfrentados. En el extremo de cada fila había un asiento un poquito más angosto pero donde cabía una sola persona.<span id="more-223"></span></p><p>Cuando inicié mi viaje escogí justamente ese asiento porque era más cómodo. Al frente mío se sentó una señora seria y respetable, blanca, tetona, bien vestida, llenita de carnes sin ser gorda, canosita, de unos 55 años. Colocó un maletín y una manta en el puesto de al lado, de modo que, en ese espacio, solo quedamos los dos frente a frente. En general en el vagón no iban muchas personas.</p><p>El primer día y la primera noche de viaje trascurrieron en medio de un gran fastidio. Apenas cruzamos algunas pocas palabras de simple cortesía.</p><p>En la tarde del segundo día la señora de pronto comento:</p><p>Estos viajes me hacen muy mal</p><p>¿Por qué?</p><p>Mire como se me hinchan las piernas</p><p>Diciendo esto estiró un poco una de sus blancas piernas</p><p>No se ven tan hinchadas</p><p>Pero las tengo muy duras. Tóquela para que vea.</p><p>Tímidamente toqué su pierna y la sentí suave y tibia. En ese momento sentí como una corriente que me sacudió hasta el pene.</p><p>Ella se mantenía totalmente seria.</p><p>El tiempo siguió pasando. Horas más tarde me atreví a preguntar:</p><p>¿Cómo se siente de las piernas señora?</p><p>Igual joven, y creo que aún están más hinchadas</p><p>Nuevamente toqué por un instante sus pantorrillas entre excitado y aterrado.</p><p>Por fin llegó la noche. Como a las 10, las luces del vagón se atenuaron para que los pasajeros descansaran, quedando el ambiente envuelto en una suave penumbra. El tren entró en una zona desértica. Todos los pasajeros dormitaban y yo también traté de acomodarme para dormir un poco. De pronto ella me dijo;</p><p>Usted está muy incómodo joven ¿Por qué no se recuesta sobre mi falda para que descanse mejor?</p><p>Lógicamente que acepte su invitación. Puse mis manos sobre sus piernas y apoyé la cabeza encima haciendo como que dormía, pero estaba preso de una terrible excitación.</p><p>Después de un rato, suponiendo que ella dormía, me atreví a bajar una mano y tocar suavemente sus pantorrillas.. En mi bendita inocencia temía que la señora se despertara furiosa y me insultara.</p><p>Durante largos minutos estuve acariciando muy suavemente sus piernas y tratando de subir, pero sus rodillas fuertemente unidas me lo impedían. Por fin se produjo una leve separación y, con un poco de esfuerzo pude acariciar sus rodillas por dentro.</p><p>Mi mano inquieta fue subiendo por sus tibios muslos mientras mi corazón latía espantado por lo que podía pasar, hasta que, de pronto, sus piernas apretaron mi mano. Luego sus muslos se abrieron y se volvieron a cerrar hasta volverse un movimiento lento y rítmico.</p><p>Por fin caí en cuenta que ella estaba despierta y que no le molestaba lo que hacía. Lentamente seguí subiendo hasta tocar sus calzones los cuales estaban tibios y húmedos. Con torpeza cubrí su sexo con mi mano y le di algunos suaves apretones.</p><p>Ella se movió y me vi obligado a retirarme. Nos miramos y ella sonriendo dulcemente musitó:</p><p>Eres un loquito</p><p>¿Por qué?</p><p>Porque le haces esto a una vieja. Búscate una muchachita de tu edad y le haces lo mismo.</p><p>Por favor perdóneme, no pensaba molestarla</p><p>Y no me molestas tontito. Eso que me estás haciendo está muy rico. Espérame un momento.</p><p>Se dirigió al baño y al regreso me pidió que me recostara nuevamente. Al meter la mano descubrí que se había sacado los calzones y que ahora podía tomar libremente toda su cucha peluda y mojada. Con susurros cariñosos me fue guiando:</p><p>Así mijito. …….Tómame fuerte……. ¡Ay que rico! …..Sigue……. sigue</p><p>Méteme un dedo….Ah………ah……..ah. Méteme dos</p><p>Así…. Así…….Mételos y sácalos despacito…….. Hazme gozar……&#8230;Ay Dios mío esto es la gloria</p><p>Aquí arriba busca una pepita. ……. Si ahí es. ……Sóbala suavecito ……muy suavecito……más suavecito para que no me duela…………. Mi niñito rico me vas hacer acabar</p><p>Mientras tanto, mi pene ya reventaba y me dolía dentro del pantalón. Así es que le pedí la manta para taparme y lo liberé. Tomé su mano y la atraje hacia él sin ninguna dificultad. Lo tomó suavemente pero con firmeza y empezó a darle un masaje</p><p>¡Que rico lo tienes y que duro está!</p><p>¡Como quisiera tenerlo adentro!&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230; ¡Mi niño lindo, me muero de ganas que me culees bien culiada!</p><p>¡Quisiera que me lo metieras hasta el fondo y me llenaras la cucha con tus moquitos!</p><p>¡Mi amor estoy acabando…….Haaaaaaa…ha….ha haaaaaaaaaaaaaaaaaa…….</p><p>Después de algunos minutos de descanso me dijo:</p><p>¡Déjame que me recueste sobre tus piernas para que me tomes las tetas!</p><p>Se abrió la blusa y se soltó el sostén y se recostó sobre mis piernas. La cubrí con la manta y por primera vez en mi vida tomé unas tetas de mujer.</p><p>¡Así…………amásalas…… sóbalas …..apriétalas……ah…….ah…aaaaaaaah!</p><p>Niñito…….. niñito lindo………ya sabes como hacer gozar a una mujer</p><p>Después de descansar un rato me dijo:</p><p>Mi amorcito , te voy a hacer algo para que nunca te olvides de mí.</p><p>Se recostó sobre mis piernas y se acomodó debajo de la manta, tomó mi pico y empezó a besarlo y chuparlo con delicadeza. No aguanté mucho tiempo y un torrente de semen se derramó en su boca. Se enderezó y mirándome lascivamente, con los ojos y los labios brillantes, empezó a tragárselo.</p><p>Así continuamos hasta cerca de las tres de la mañana, con varios orgasmos de parte y parte. A esa hora se levantó y se fue al baño. Al volver noté que se había puesto nuevamente los calzones. Me dijo</p><p>Ya me tengo que bajar. Gracias mi niño. Me has hecho volver a mi juventud .Hacía muchísimo tiempo que no gozaba así.</p><p>El tren se detuvo jadeando en un ínfimo pueblo del desierto. Ella se asomó a la ventana, hizo unas señas y luego subieron un hombre de unos 60 años y una mujer de unos 30. La señora les dio un afectuoso saludo y me los presentó:</p><p>Mi marido y mi hija</p><p>Este joven ha sido muy amable y atento conmigo</p><p>¡Gracias! (Dijo el señor)</p><p>Los recién llegados tomaron su maleta y sus bultos. Ella me dio un fortísimo apretón de manos, musitó ¡Adiós! Y se perdió para siempre en la oscuridad e la noche.</p><p>Nunca jamás la volví a ver. Seguramente ya no está en este mundo, pero abrigo la esperanza de que este relato sirva, como un recuerdo agradecido y último homenaje para aquella mujer, cuyo nombre nunca conocí y que, siendo solo un muchacho adolescente, tímido e ignorante, me hizo conocer el mundo de los hombres.</p><p>Al mismo tiempo, insto a las mujeres maduras que tengan la oportunidad de iniciar a un adolescente (No a un niño) lo hagan sin remordimiento alguno, porque todo muchacho necesita de alguien que lo introduzca y lo guíe en el buen camino del sexo.<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/el-viaje-en-tren/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Una sorpresa a media noche</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/una-sorpresa-a-media-noche</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/una-sorpresa-a-media-noche#comments</comments> <pubDate>Thu, 13 May 2010 18:36:24 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Erotismo]]></category> <category><![CDATA[porno relatos]]></category> <category><![CDATA[relatos de porno]]></category> <category><![CDATA[relatos de sexo]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=220</guid> <description><![CDATA[Relato porno del 13 de mayo del 2010. Son más de las 12 de la noche y no puedo dormir. Hace calor. Se escucha el murmullo de la gente que pasea por la calle a lo lejos, cortando el silencio inmóvil de la habitación. La cama es inmensa y me pierdo en ella intentando buscarte. [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno del 13 de mayo del 2010. Son más de las 12 de la noche y no puedo dormir. Hace calor. Se escucha el murmullo de la gente que pasea por la calle a lo lejos, cortando el silencio inmóvil de la habitación.</p><p>La cama es inmensa y me pierdo en ella intentando buscarte. Me enredo desnuda entre las sábanas inspirando tu olor… apoyando mi cabeza sobre la almohada que lleva el perfume de tu pelo, de tu boca <a href="http://www.bragax.com" target="_blank">xxx</a> …</p><p>Es inútil porque no estás. Esta noche no estás conmigo… y aunque intento llamarte a gritos se que hoy no puedes venir. Te extraño y extraño tu cuerpo pegado al mío, tu calor, tu piel…</p><p>Ay amor, suspiro. Si pudieras navegar por mi mente y descubrir lo que mis pensamientos deliran, lo que deseo hacer con vos en este momento…</p><p>El cansancio hace mella en mí, y de a poco voy logrando relajarme y entrar en el profundo mundo de los sueños…</p><p>Me muevo en la cama con una extraña sensación…ummm, más que extraña placentera…</p><p>Me has despojado de las sábanas… y siento, muy despacito y suave, tu mano acariciando mis empeines, va subiendo por las piernas, se detiene en mis rodillas, y vuelve a bajar por la pantorrilla. Y vuelve a subir, despacio, lentamente… ahora sigue más arriba… por mis muslos, pasa por mi cadera… por el lateral de mi cuerpo… por mi brazo… baja hasta mi mano, y vuelve a subir rozando mis axilas, bajando hasta mis pechos… pasa por uno… ahora por el otro… y sube hasta mi cuello.</p><p>Ahora siento como tu mano me acaricia la cara, mis mejillas, mis ojos, mi frente y mi pelo… todo el largo de mi cabellera, rozándome los hombros, la espalda… baja hasta mi cintura, mis caderas, mis nalgas… y vuelve a subir…<span id="more-220"></span></p><p>Se me eriza la piel cuando siento tu aliento chocando contra mi cuello, siii, ahí, justo debajo de mi orejita… Y siento que te acercas más, y más… hasta que el contacto de tus labios con mi piel es inevitable, y tus besos me sumergen en un estremecimiento total.</p><p>Tus labios se abren humedeciéndome el cuello, luego la orejita… mis mejillas, mis párpados… y vuelven a mi cuello, bajan por el tórax hasta el ombligo… juegan con él… y vuelves a subir hasta posar tus labios en mis pechos. Empiezas con besos suaves, delicados… lamiéndolos, haciendo círculos con tu lengua alrededor de mis pezones, que ya están duros… para ir aplicando más fuerza y empezar a chuparlos, a succionarlos… a estrujarlos y estirarlos con tus manos… y volver a lamerlos, sin prisa pero sin pausa.</p><p>Y pienso en lo caliente que me estás poniendo… Y me concentro en el placer que me estás dando… así, tumbada boca arriba… con los ojos cerrados y mis manos acariciando tu pelo suave, suave, suave…</p><p>Te vuelves hacia mí, y me besas apasionadamente hasta que se unen nuestras lenguas, se enredan, se acarician, se chupan y se desean…</p><p>Tu mano se abre camino entre mis piernas… y por fin me tocas. Me tocas el chochito recién depiladito…</p><p>Escucho tus suspiros en mi boca al sentir lo mojadito que lo tengo… siiiii, mi amor, estoy toda mojadita para vos…</p><p>Me acaricias, y traes tu dedo hasta tu boca, para chupártelo todo impregnadito en mi… y me besas otra vez…</p><p>Y entonces vuelves a bajar tu boca… pero sigues más allá de mis pechos, y te detienes delante de este chochito que querés saborear… Y yo estoy deseosa de que lo hagas… quiero sentir tu lengua recorriéndome entera… y la siento.</p><p>Comienzas a lamer y a chupar cada rinconcito en busca de todo el néctar que desprende mi cuerpo… te lo quieres beber todo y yo quiero que te lo bebas.</p><p>Y me miras… y me matas… y me fascinas… y me enloqueces.</p><p>Y tu lengua acaricia mi clítoris, ese botoncito del placer que sólo quiere que lo beses, que lo chupes, que lo muerdas… Y ahora reemplazas tu lengua por tu mano, y haces círculos en ese botoncito rojo e hinchado. Tu lengua comienza a deslizarse entre mi chochito y mi culito… una y otra vez… una y otra vez… metiéndose dentro de mi chochito que te desea… que te siente… que se enloquece…</p><p>&#8220;No pares, sigue… sigue…&#8221; Y mi cuerpo empieza a convulsionar violentamente.</p><p>Y sigues tocándome, y abro más mis piernas, que subes sobre tus hombros. Con una mano me acaricias locamente los pechos y con la otra haces círculos en mi clítoris. Entonces&#8230; siiiiiiiiiiiiiii&#8230; aparece ese fuego violento que empieza en mi clítoris, sube por mi vagina, llena mi útero y se esparce por todo mi cuerpo. Esa deliciosa corriente eléctrica que me estremece de placer.</p><p>No sé cuantos segundos o minutos pasan&#8230; Solamente percibo las maravillosas convulsiones que produces en mi cuerpo&#8230;</p><p>Después las convulsiones van siendo más lentas y el fuego se empieza a apagar.</p><p>Y vos con la boca ahí, bebiendote mis espasmos, mis gemidos, mis fluídos…</p><p>Lo sé, estás a cien y lo siento…</p><p>Me incorporo y te sientas junto al respaldo de la cama…</p><p>Ahora soy yo quien quiere saborearte entero… y me pongo entre tus piernas, firmes, rectas…</p><p>Te miro. Te beso… y voy bajando con la lengua desde tu boca hasta tu pecho, tu tórax, tu ombligo… estás todo depiladito, y aquí está, mi otro gran amor… que me tiene locamente enamorada: si, tu polla mi amor. La miro… es perfecta. Su tamaño, su color… Me enloquece, me apasiona…</p><p>Te miro… y acercando mi boca, comienzo a pasar mi lengua por ella… desde los huevos, hasta la punta…y te los acaricio con mi mano libre, humedecida en mi propia saliva… y los amaso suavemente, y me los meto en la boca… los succiono, lamiéndolos enteros…</p><p>Y subo hasta la punta otra vez. Tu polla me tiene loca…</p><p>Hago círculos con mi lengua alrededor del glande… ummmm, me encanta su olor… me estoy poniendo a mil, y la tengo delante de mí, taaaaan ricaaaa…</p><p>Me quitas el pelo de la cara… quieres verme, lo se, y se que te gusta mirarme mientras lo hago.</p><p>Y la vuelvo a lamer… de abajo hacia arriba, una y otra vez… y voy metiéndomela toooda en la boca, quiero sentirla latir dentro, en un subir y bajar de estremecimientos, suspiros y placer, incesantes…</p><p>Me estás volviendo loca… y se que estoy volviéndote loco a vos también…</p><p>Busco tu mirada acaramelada: quiero que disfrutes mi amor… quiero hacerte sentir lo que nunca sentiste… quiero llevarte a la cima de la gloria con cada movimiento, con cada beso, con cada caricia…</p><p>Y siento tus manos agarrándome los hombros… no me dejas continuar… te acercas a mi boca… y me besas como si se te fuera la vida en el beso… &#8220;Te amo&#8221;, es lo único que soy capaz de decir sumergida en este carrusel de lujuria y deseo…</p><p>Y así como estás, me siento sobre vos… buscando el calor de tu sexo en el mío… queriendo clavarme en vos y no separarme más…</p><p>&#8220;Ummmm, que caliente estás&#8221;, te escucho decir entre suspiros…</p><p>&#8220;Vos me ponés así mi amor, vos me calentás de esta manera descomunal…&#8221; te digo entrecortada por los gemidos que se desahogan al sentirte entrar en mi, más y más profundo…</p><p>Ayyyy amor, si sintieras lo que estoy sintiendo sabrías por qué disfruto tanto haciendo el amor con vos… sentir como entras y sales de mi, cuando cabalgo sobre tu cuerpo… sudorosos los dos, deseosos… entregados…</p><p>Me encanta estooooo!!! Subir y bajar sobre vos… sentir tu polla, que es mía y sólo mía, partiéndome al medio en un sinfín de sensaciones, que poco a poco van subiendo aún más la temperatura de mi cuerpo… mi chochito tocando contra vos en cada movimiento…</p><p>Te comes mis pechos… los abarcas con tu boca arrasadora y los besas, los muerdes…</p><p>Me sostengo del respaldo de la cama, ya no aguanto más…</p><p>Y lo sabes… Lo sabes y me lo pides porque vos estás como yo: &#8220;Córrete, córrete mi amooorrrr&#8221;</p><p>Y ni me hago desear ni puedo aguantar… y un volcán de explosiones y espasmos estalla en mi, arqueando mi cuerpo, al sentir cómo te deshaces dentro mío… inundando toooodo mi chochito con tu leche, caliente, caliente… mientras tu boca se ha prendido a mi cuello como una bestia devorando a su presa… potenciando aún más este orgasmo maravilloso que me hacés sentir…</p><p>&#8220;Te amo&#8221;, vuelvo a decirte mirándote a los ojos… esos ojos del color del amor más grande y del deseo más ardiente.</p><p>Pero no has sido un sueño mi amor…</p><p>Esta noche de tanto desearte y aclamarte, con mi corazón y mi cuerpo, has venido… Estás aquí.</p><p>Has venido, y como mi rey, mi ángel y mi demonio… has vuelto a ocupar tu lugar, amor mío, tu lugar a mi lado… cada noche.-<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/una-sorpresa-a-media-noche/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Diario sexual de una policia reprimida</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/diario-sexual-de-una-policia-reprimida</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/diario-sexual-de-una-policia-reprimida#comments</comments> <pubDate>Fri, 29 Jan 2010 15:35:53 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Fantasias]]></category> <category><![CDATA[porno relatos]]></category> <category><![CDATA[relato porno]]></category> <category><![CDATA[relatos de adultos]]></category> <category><![CDATA[relatos eroticos]]></category> <category><![CDATA[relatos guarros]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category> <category><![CDATA[relatos porno policias]]></category> <category><![CDATA[relatos xxx]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=37</guid> <description><![CDATA[Relato porno 29 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Soy Sonia y tengo 37 años. Mi historia comenzó tras una discusión con mi marido, en la que me dijo que era muy estrecha y que si seguía así se acostaría con otra. Esto me impresionó aunque él estuviera borracho. Decidí darle la próxima [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 29 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Soy Sonia y tengo 37 años. Mi historia comenzó tras una discusión con mi marido, en la que me dijo que era muy estrecha y que si seguía así se acostaría con otra. Esto me impresionó aunque él estuviera borracho. Decidí darle la próxima noche, la mejor noche de sexo de su vida. <a href="http://webcam.conejitax.es">Webcams Porno</a></p><p>Me compre en un sexshop un traje sexy de cuero y con ello puesto, tras acostar a los niños, le estuve echando maliciosas y lujuriosas miradas. Me fui a la habitación, me puse el traje y le llamé. Cuando abrió la puerta y me vio, no pudo aguantar una cara de sorpresa y lujuria. Entonces me beso con toda sus fuerzas en mi boca y en el escote que insinuaba el traje <a href="http://webcamxxx.bragax.com">xxx</a>, que empezaba a quitarme, dejando al descubierto unas tetas grandes y firmes, que él empezó a besar después de pasar a mi estomago, que a pesar de mi edad y gracias a la gimnasia que realizaba, estaba firme. Yo también le empecé a quitar la ropa, pero en el fondo me llevé un chasco, al ver los michelines que mi marido tenía ahora. También me deprimí al ver su miembro, no teniendo un gran tamaño, pero que aun así bese chupe y después me folle. Tras unas noches de sexo, mi lujuria se había desatado y mi marido apenas aguantaba. Fue entonces cuando decidí ponerles los cuernos.<span id="more-37"></span></p><p>El primero de mi lista fue mi propio jefe, que me llevaba muy bien con él. A pesar de sus kilos de más era muy vigoroso y la tenía muy grande, ya que apenas me cabía cundo se la chupaba.</p><p>Me folle a un compañero de trabajo y a un testigo, de los que me canse, aunque de vez en cuando todavía me acuesto con ellos.</p><p>Pero mi mejor amante fue un periodista. Nuestra relación empezó en una entrevista en una serie de asesinatos que llamaron la atención de la prensa. Era rubio y con ojos azules, como yo, y tenía un muy buen cuerpo. Después de la entrevista me invitó a una copa y yo la acepte, porque estaba fuera de servicio. Yo me emborrache y cuando me di cuenta estaba en una habitación besándome con él.</p><p>Le quite la camiseta y bese sus pectorales marcados. Le baje los pantalones y la ropa interior y se la comencé a chupar con ganas hasta que se corrió y me trague todo su semen. Entonces be desgarró la blusa y los pantalones dejándome en lencería. Me beso el ombligo y tras quitarme el sujetador, las tetas, hasta que me bajo las bragas y me comió mi coño depilado. Fue entonces, cuando me follo dándome un buen placer.</p><p>No lo volví a ver y eso me deprimió sexualmente. Todos mis amantes me parecían insuficientemente imperfectos. También perdí lentamente mi cuerpo, mis tetas se me fueron cayendo poco a poco, empecé a engordar y los michelines y la celulitis se apoderaron de mí. Ya ni siquiera me depilada pero en mi memoria estaba él y por las noches yo era la mujer más afortunada del mundo de chupar aquella polla.<br /> Fuente: todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/diario-sexual-de-una-policia-reprimida/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Haz de Luz porno</title><link>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno</link> <comments>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno#comments</comments> <pubDate>Wed, 27 Jan 2010 17:40:03 +0000</pubDate> <dc:creator>admin</dc:creator> <category><![CDATA[Lesbianas]]></category> <category><![CDATA[porno relatos]]></category> <category><![CDATA[relatos de lesbianas]]></category> <category><![CDATA[relatos de sexo]]></category> <category><![CDATA[relatos eroticos]]></category> <category><![CDATA[relatos porno]]></category><guid isPermaLink="false">http://www.relatos.conejitax.es/?p=30</guid> <description><![CDATA[Relato porno 27 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Martes, tres de febrero, llueve. Abro los ojos lenta y pesadamente. Observó en la ventana como pequeñas lágrimas resbalan continuamente. La luz tenue de la habitación se refleja en las paredes blancas que a mi parecer están cubiertas por un manto fino de nieve. [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Relato porno 27 de enero del 2010, los mejores relatos porno. Martes, tres de febrero, llueve.</p><p>Abro los ojos lenta y pesadamente. Observó en la ventana como pequeñas lágrimas resbalan continuamente.</p><p>La luz tenue de la habitación se refleja en las paredes blancas que a mi parecer están cubiertas por un manto fino de nieve.</p><p>Observo aquel artilugio anclado en mi piel, mi tersa piel ahora enrojecida, oigo ese pitido, ¿el despertador quizás? Quiero apagarlo pero no tengo fuerzas, todo me duele <a href="http://webcam.conejitax.es">webcams porno</a>.</p><p>El roce de las sábanas hace volar en mi mente un sutil recuerdo, el recuerdo de aquel roce, el crujir de su ropa resbalando entre mis dedos.</p><p>Mi cuerpo intenta moverse de nuevo recibiendo otra corriente eléctrica que lo zarandea y le hace perder el poco tacto que le quedaba sucumbiéndome, otra vez, a los brazos de Morfeo.<span id="more-30"></span></p><p>Jueves, trece de abril de 1941, llovía.</p><p>Las débiles gotas intentaban hacer frente a los numerosos soldados que disponían una calle a nuestro alrededor. Mi madre aferraba mi mano con todas sus fuerzas susurrándome lo tranquila que debía estar y mi padre seguía repitiendo una y otra vez que el rey nos había abandonado. El pesar de los años había empezado a dejar en él una notable curvatura y escasos pelos que ya apenas podía peinar, su barriga ya empezaba a desprenderse del resto del cuerpo y su andar se hacía de cada día más pesado, tenía los ojos inyectados en odio mientras paseaba furioso por delante de aquellos soldados que mostraban muecas de indiferencia y lucían relucientes botas de metal pulidas por las cuales resbalaban las delicadas gotas de agua que llegaban al suelo. Mi madre le sujetaba nerviosamente el brazo para que no cometiera ninguna locura, en sus ojos se veía miedo, tanto por los soldados, como por mi padre, pero a él solo parecía importarle su egocentrismo y en un arrebato de este, se abalanzó hacia uno de los soldados arrancándole una extraña cruz que llevaba en el pecho, pisándola en cuanto esta cayó al suelo y ahogándola entre los ríos de barro que discurrían a los pies de los soldados.</p><p>Un impacto de metal en su barriga le hizo caer el suelo salpicado de barro y sangre que iban limpiando los soldados en una lluvia de patadas metálicas. Por los pequeños riachuelos que humedecían mis zapatos se dejaba ver y sentir el fuerte olor de un líquido apenas diluido y abundante de textura y color rojizo. Pude ver entre las miles de piernas que volaban unos ojos sin brillo enmudecidos de vida, ya no había nadie en ese cuerpo, ¿dónde había ido papá? Mi madre lloraba gritando desesperadamente, viendo la impotencia que nos arropaba en ese momento, como cuando unas esposas sujetaban las manos del ladrón más codicioso. Unas manos sujetaron mi rostro y unos brazos me empujaron hacia un ser desconocido que me arrastró entre los soldados escabulléndose de los empujones y aprovechando la aglomeración para pasar desapercibido.</p><p>Tal vez mi padre hizo eso para saciar su egocentrismo, tal vez para evitar sentir el peso de sus errores sobre su ya curvada espalda o simplemente me dio la oportunidad de sobrevivir arriesgando su vida y la de mi madre, que tarde o temprano se iban a apagar.</p><p>Oía la voz de una persona…</p><p>La contestación de otra…</p><p>Sentí como algo agarraba bruscamente mi párpado y lo habría cegándome con una luz poderosa que apenas percibí cuando abrió el otro.</p><p>Sus voces destilaban ansiedad, carcomían mi conciencia que hacía un esfuerzo sobrehumano por encontrar algún tipo de significado.</p><p>Se oyó el seco golpe de una puerta y tan solo divisé una borrosa figura acercándose a mí y acariciándome suavemente por encima de mi frente:</p><p>– ¿Qué has hecho para que te dejaran así?</p><p>¿Qué había hecho…, era algo malo?</p><p>Lunes, veintiocho de octubre de 1957, nublado.</p><p>Avanzaba cautelosamente entre los arbustos evitando que el uniforme se quedara enganchado por alguna de las ramas cuyas hojas aun no habían caído al suelo, disimulando mi inquietud por llegar temprano. Evitaba la mirada de las monjas que desfilaban con su atuendo lúgubre por las plácidas calles de aquel enrome colegio apartado del mundo real. Evitaba ser el foco de atención cuando disimuladamente abrí las puertas de aquella gran iglesia que de un gruñido replicaron mi tardanza, pero nadie se inmutó, los gloriosos cantos angelicales de dulces voces, que fueron las únicas que me vieron, al darse cuenta de mi presencia disimularon una bella sonrisa y siguieron cantando bellas notas que inundaban con gran gratitud el espacio que albergaban esas frías paredes.</p><p>Solo aquella profesora de literatura se volteó para perder su vista al último banco, donde yo, adormecida, esperaba pacientemente notar una espiga de deseo por su parte. Se escurrió entre el grupo vulgar de profesoras que admiraban embobadas a aquellos ángeles de carne y hueso que ya tenían en su cabeza más cuernos que el mismísimo diablo. Avanzó a paso lento intentando no hacer ruido, aunque este quedaba camuflado a cada eco de aquellas pequeñas voces, su mirada se fijaba en cada uno de mis movimientos, sonrió ante la pequeña falda que corría muslo arriba cuando cruzaba mis piernas, ante la camisa con dos botones de más desabrochados y la corbata cuyo nudo estaba hecho en vano. Se sentó a mi lado subiendo levemente aquella falda de encaje gris que vestía casi diariamente alternándola con diferentes modelos:</p><p>– Llegas tarde – soltó dejando que un leve vaho de aliento, apenas perceptible, se escapara de su garganta.</p><p>– No, habéis empezado antes – sonreí haciendo que ella también lo hiciera.</p><p>Lentamente descendí rozando con mis dedos aquella fina camisa negra desbrochando dos de los botones mientras acariciaba el ribete de aquel sujetar de encaje negro, masajeé un de los pechos por encima de aquel sujetador mientras ella empezaba a retorcerse. Descendí rozando su vientre mientras ella se ataba la camisa cada vez más insegura de lo que estaba haciendo, fui desbrochando el largo cierre de aquella falda que se resistía apretándose contra las carnes de su dueña. Mi mano descendió hacia el foco de toda perturbación, vi en su mirada lujuria y pasión, pero también temor:</p><p>– ¿Qué demonios haces? Estás en la iglesia.</p><p>– Consiento a mi profesora favorita, aunque luego no me apruebe.</p><p>– Si no apruebas es… – no la dejé acabar.</p><p>Un gemido la hizo morder el cuello de mi camisa y todo lo que este conllevaba. Mi mano se manejaba en contra de su voluntad, pero no le importaba, su mirada lujuriosa y sus suaves balanceos iban aumentando de intensidad a medida que mi mano entraba en lo más profundo de su ser. Se retorcía de placer ante el roce de mi piel contra la suya, todo lo que yo le hacía con dos dedos no se lo haría nunca ningún hombre, solo una mujer conocía a otra mujer, conocía cada uno de sus secretos, cada uno de sus pliegues, cada uno de los puntos donde se retorcía como una bella figura que adoptaba su forma más intima de demostrar el placer. Sus gemidos recorrían junto con espasmos su cuerpo haciéndola elevar un grito al cielo mientras su cuerpo convulsionaba y aquellas niñas cantaban, por suerte, el más alto eco que inundó la sala.</p><p>Sus mejillas sonrojadas, su pelo alborotado, su falda desabrochada y sus gafas a punto de resbalar entre las pequeñas gotas de sudor que caían por su nariz eran una simple demostración de placer, en sus ojos yacía una mirada de culpabilidad ante lo que había hecho, y no era la primera vez, pero también una perversa ilusión de volverlo a repetir, de volver a caer en las sombras del camino de la lujuria y el placer, si eso era el infierno, yo quería ir allí.</p><p>Una toalla fresca humedecía mi rostro bajando la hinchazón que hace escasas horas no me dejaba abrir el ojo izquierdo.</p><p>Mi mirada, algo más clara, discernía entre la blancura unos ojos marrones atigrados que me miraban observando cada facción de mi rostro, intentando reconstruirlo sin cada una de las suturas y bultos que este poseía.</p><p>Oí de nuevo la misma puerta abriéndose y una voz que me resultaba familiar, volvió a esparcirse por el aire:</p><p>– ¿Cómo está?</p><p>– Parece que ha recuperado la conciencia, pero todavía no puede hablar.</p><p>– No se puede quedar más tiempo en el hospital, ya lleva cuatro días y estamos completamente saturados.</p><p>– Lo sé, pero no la puedo dejar en este estado.</p><p>– ¿Y qué piensas hacer?</p><p>– Me la llevaré a casa.</p><p>No oí quejas por parte del doctor, solo un nuevo portazo y de nuevo una toalla humedecida en mi rostro:</p><p>– ¿Quién puede hacer algo así? – murmuró.</p><p>¿Quién puede perseguir a su presa toda la noche? ¿Qué tipo de animal no descansa hasta sentir la sangre de otro deslizarse por sus dientes? ¿Qué monstruo se regodea paseando uno a uno los cadáveres de sus víctimas de tan larga tortura?</p><p>Solo había un único animal que adquiría todas las características.</p><p>Sábado, veintiuno de diciembre de 1959</p><p>Los pasillos estaban iluminados con pequeñas y brillantes estrellas y un majestuoso árbol de navidad dejaba admirar horas de trabajo en medio de un salón grandioso donde se ponían a punto los preparativos para las fiestas.</p><p>Mi habitación tenía puesto el pestillo de manera que estaba ausente de lo que ocurría en el exterior. Por mi parte, ahí dentro tenía al ángel más bello que podía haber en todo el pesebre, estaba tumbadita en la cama, con el característico uniforme que nos obligaban a llevar día y noche. Sus ojos, que reflejaban una inocencia apenas perturbada, me miraban de arriba abajo con una lascivia que le hacía imposible disimular las ganas de sentir por primera vez el cielo bajo sus pies, de sentir una corriente eléctrica zarandear su cuerpo dejándola inconsciente por unos momentos:</p><p>– Me vas a hacer el amor – dijo con tal inocencia que me eché a reír – ¡no te rías de mí, que es mi primera vez!</p><p>– Te lo perdono por ser tu primera vez.</p><p>– Pero quiero que sepas que pase lo que pase…</p><p>– Tú no eres lesbiana – corté yo.</p><p>– ¡Exacto! – a veces la inocencia jugaba malas pasadas.</p><p>Fui subiendo lentamente a la cama y la arrastré hacia mí dejándola totalmente tumbada con su graciosa sonrisa iluminando parte de su semblante. Acerqué mis labios lentamente hacia aquel dulce rostro cargado de inocencia y sensualidad que respondió de manera dulce al contacto de mis labios aprisionando los suyos, dejando escapar un leve gemido que inundó la habitación. ¿Cuántos chicos habían intentado hacer escapar el mismo gemido con sus torpes labios sin haber conseguido nada más que un simple desahogo por su parte?</p><p>Su cuerpo temblaba retorciéndose bajo el roce de mis manos que subían por sus caderas hasta su pecho rodeándolo, sin apenas rozarlo. Desabroché lentamente cada uno de los botones de aquella blusa crujiendo bajo mis dedos y, apartándola suavemente, vislumbré aquella pequeña pieza de tela rosada que escondía, como mi más preciado anhelo, unos pechos turgentes y bellos. Solté la fina pieza en un pequeño clic que apenas llego a mis oídos ausentados por la excitación, deslicé suavemente mis dedos por sus brazos liberando sus senos asustados que se erguían al compás de su respiración cada vez más agitada. Pasé mis dedos rozando aquellos delicados pezones que respondían a mis estímulos endureciéndose más de lo que estaban, sus ojos, parcialmente cerrados, ya habían perdido el mundo de vista y se dejaban guiar por el dulce camino de sensaciones que, junto a la lujuria y el placer, ofrecían el espectáculo del máximo esplendor del ser humano. Lentamente coloreé la aureola de su pezón con la punta de mi lengua sintiendo como ella se retorcía al igual que lo hace una serpiente al moverse, tan provocativa, tan sensual…, solo con el simple roce de mi lengua, que ahora estaba recorriendo su abdomen dejando un rastro de besos por todo su camino.</p><p>Desabroché los tres insufribles botones de aquella falda arrastrándola a mi paso ante el disimulado roce que ejercieron mis dedos entre sus muslos. Subí entrecortando su respiración por un leve gemido cuando sintió como depositaba un fugaz beso en el epicentro del temblor y las sacudidas que afloraban en su cuerpo. La despojé de aquella única prenda que me impedía ver a la musa que hacía más de media hora que tenía retorciéndose en mi cama. Su cara se sonrojó al darse cuenta de mi absorta mirada ante aquel pequeño montecito cubierto por aquella característica fina mata de vello negro y rizado. Recorrí a besos los alrededores de su ser mientas oía leves gemidos acompañados de bruscos movimientos al notar tal punto de excitación. Lentamente introduje uno de mis dedos en aquella cavidad mientras que con la punta de mi lengua recorría todos los surcos que se camuflaban entre aquella mata de vello. Sentí como se arqueaba, como zarandeaba su cuerpo al compás de sus gemidos que pronto fueron remplazados por gritos, como cerraba los ojos con presión por miedo a que salieran de sus órbitas y como empezaban unas múltiples convulsiones que hacían elevar su pelvis evitando poder contener un grito entre aquellas manos que perforaban las sábanas de mi cama.</p><p>Subí en un dulce recorrido de besos mientras depositaba un último de estos en sus labios humedecidos:</p><p>– Creo que a partir de este momento me voy a cuestionar el hacerme lesbiana – dijo entre una mirada de lujuria desenfrenada.</p><p>Sentí una leve luz que provenía de una vela cercana a mi pálida piel.</p><p>Mis párpados se abrieron pesadamente aun haber bajado la hinchazón que recubría parte de mi cara, ya menos dolorida.</p><p>Sentí una venda humedecida sobre mi febril frente y como una gota temeraria iniciaba el descenso quedando enredada entre los escasos pelos que recubrían mi delgada ceja.</p><p>Noté una suave mano acariciar mi rostro que se ruborizó al instante ante tan suave caricia.</p><p>Abrí mis ojos ahora con menos pesadez pero apenas pude ver nada más que unos dulces ojos mirándome.</p><p>Su mano contorneaba ahora mis labios parándose en aquella pequeña sutura ya descosida:</p><p>– ¿Quién eres pequeña?</p><p>¿Quién soy? ¿Cómo acabé aquí? Tan solo vagos recuerdos se intercalaban aleatoriamente ante mi adormecida conciencia.</p><p>Lunes, nueve de marzo de 1946, soleado.</p><p>Las ruedas del coche sorteaban los innumerables charcos de barro que había en aquel camino de piedra resbaladiza, apenas desgastada. En un intento desesperado por evitar un árbol, la rueda resbaló por uno de los socavones provocando una gran sacudida que desgarró un gemido en aquella pequeña joven de semblante pálido que recordaba las finas capas de nieve que se posaban en los montes en los últimos días de invierno. Los dos hombres que la acompañaban no se inmutaron ante la sacudida que casi desnuca a la pequeña. En la contra portada del periódico que uno sujetaba con abundante desinterés salía un titular peculiar:</p><p>Nuevas Especulaciones Sobre La Muerte De Hitler.</p><p>¿Cómo muerto, podía seguir causando problemas? Tantos que murieron a sus espaldas, de los que ni siquiera se sabe su nombre y que ahora están enterrados uno encima del otro en una fosa sin señal alguna. Los ojos de aquella joven, unos ojos grises, rasgados de negro, traspasaron el doble cristal de aquella ventanilla perdiéndose en el horizonte difuminado por la espesura del bosque, penetrado por pequeños haces de luz de un débil sol que apenas empezaba a derretir la nieve hibernal.</p><p>La limusina negra se paró en la plaza de baldosas blancas donde se alzaba una portentosa construcción de mármol blanco dividida en diferentes sectores. A lo lejos, a través de un largo sendero de piedra, se divisaba otra gran edificación que reflejaba los débiles rayos de sol que se iban calentando lenta y dificultosamente.</p><p>La joven descendió del lujoso coche negro admirando el panorama que había a su alrededor, como cientos de chicas estaban expectantes ante la presencia de una nueva compañera. Su larga falda le llegaba a la mitad de la pierna y estaba atada con una pequeña y elegante cinta roja para evitar que se cayera, las mangas de la blusa blanquecina tan solo dejaban a la vista las puntas de aquellos delgados dedos que se helaban ante la fría brisa que soplaba. La pequeña avanzó un tanto asustada ante las atónitas miradas que no perdían detalle de sus movimientos. Se dirigió hasta una mujer de ojos azules, cubiertos por unas delgadas gafas, que llevaba el pelo recogido con una pinza y su semblante cálido y agradable fue el que más confianza le inspiró. La mujer acarició aquel suave rostro que entonaba una mezcla de miedo, asombro y curiosidad, mientras uno de los agentes, con el periódico doblado debajo del brazo, conversaba pacientemente con una mujer que parecía eclesiástica.</p><p>– Tú debes ser Kristen ¿no? – y la niña asintió levemente con la cabeza.</p><p>Kristen… ¿Era ese su verdadero nombre?</p><p>– Menudo rollo, otra chica – dejó escapar una adolescente de cabello liso cuyo color era imposible de identificar – no podrían traer algún hombre de vez en cuando.</p><p>– ¿Por qué quieres un hombre? – pregunto la pequeña confundida por aquella insolencia que ofendía su personalidad.</p><p>– Porqué ellos te hacen cosas que las chicas como tú no saben hacer – contestó sacándole la lengua y provocando algunas risas indiscretas.</p><p>– ¿Cómo qué?</p><p>– Pues ellos te tocan, te besan, te hacen gozar – dijo provocando más risas y la mirada punzante de aquella mujer, a la cual la pequeña abrazaba, que hizo cesar de golpe cualquier grito sonoro y pasado de tono.</p><p>– ¿Y por qué no lo puede hacer una mujer? – insistió.</p><p>– Porqué no es lo mismo.</p><p>– Pues yo creo que sí, porqué una chica conoce el cuerpo de otra chica, además, de todos los chicos que he conocido, todos eran unos creídos egocéntricos, que no hacían más que insultarnos y criticar nuestra manera de comportarnos. Para que me traten así, prefiero estar con otra chica.</p><p>Tal vez esa pequeña no sabía lo que decía, pero en sus palabras resonaba un claro eco de verdad que, no se sabe porqué, hicieron callar a la alumna más revoltosa de todo el centro por una vez.</p><p>La incandescente vela se iba consumiendo lentamente en contra de su voluntad.</p><p>Una caliente sensación recorrió mis labios que se abrieron degustando un líquido semiespeso y tibio que se deslizaba por mi garganta con total facilidad, reblandeciéndola y cayendo en el vacío que poblaba mi dolorido estómago.</p><p>Cucharada tras cucharada sentía mi interior rejuvenecer y mis mejillas volvían a recuperar su color natural, que se enrojeció al volver a ver a aquella mujer observándome.</p><p>Ahora veía con claridad aquellos ojos atigrados y aquellas facciones marcadas ante la dulce suavidad de su tersa piel. Tenía una larga cabellera negra y lisa que caía por su espalda creando un abrigo invisible.</p><p>El fuego de la estufa ardía con fuerza y la oscuridad penetraba por la pequeña y única ventana que había en la estrecha sala.</p><p>Su mano volvía a acariciar mi rostro que ya no tenía presencia alguna de suturas ni marcas. Ya no había dolor, solo la calidez de su mano y aquella dulce mirada que enmudecía mis palabras. Tal vez la única persona que había provocado esa sensación en mi en todo este tiempo.</p><p>– ¿Quién te ha hecho esto?</p><p>Ese recuerdo, esa mirada, aquel lúgubre camino…</p><p>Viernes, doce de noviembre de 1968, llovía.</p><p>La lluvia cristalizada impactaba fugazmente sobre mis ojos como miles de perdigones clavándose en mi piel. Mi aliento seco se perdía en vahos difuminados y mis piernas se cruzaban repetidas veces provocando una seca sensación del paso acelerado del tiempo. Tiempo era lo que me faltaba, tiempo para sentir y aceptar lo que sentía. Veía como ese tiempo resbalaba entre mis dedos como la arena resbalaba entre las manos de un náufrago.</p><p>Mi cuerpo, cada vez más aturdido, no sucumbía ante los múltiples charcos por los que caía. Corría con desesperación, sentía mi alma, mi cuerpo, mi cerebro, el corazón fuera de mi pecho enviando corrientes eléctricas que hacían de mi cuerpo una pluma arrastrada por el viento. Tan solo los gritos a mis espaldas no me hacían perder la cordura de todos mis sentidos. Su olor aun reblandecía mi pecho con fuertes palpitaciones, pero solo era una más, otra de tantas que probaban la aventura y se refugiaban por miedo. No culpaba a nadie, es más, en esos instantes lo daría todo por una cama y cuatro paredes en las que refugiarme. ¿Cuántos amores me habían delatado, cuántos asustado, cuántos insultado? ¿Éramos capaces de sentir, o ya habíamos perdido esa bella capacidad y en nuestra sangre solo quedaba sed de venganza, ganas de ver como trenes se llevaban a miles de inocentes o como montones de cadáveres se agolpaban unos encima de otros? Ya no veía a las personas que unos años atrás cantaban pacificas por las noches y paseaban por las calles sin miedo a sentir, fuera lo que fuese ¿Dónde estaban? ¿Dónde se habían ido? ¿Qué ser era capaz de causar la destrucción de todo aquello que nos permitía identificarnos como personas? ¿Aquellos que ahora me perseguían? ¿O estos eran simplemente marionetas de seres más escrupulosos a los que no les gustaba mancharse las manos de sangre pero si verla correr por las calles? Tristeza era lo único que yo veía por aquellas calles, tristeza y compasión…</p><p>Un paso en falso, otra caída, mis piernas ya no respondían, mis ojos ya solo veían figuras desdibujadas y como una lluvia de patadas e insultos caía sobre mí. Sentía como cada uno de mis huesos crujía y como mis oídos ensordecían cuando de mi garganta ya no podían ni salir los más insonoros quejidos de dolor. Entonces recordé aquella imagen, la imagen de mi padre tendido en el suelo…</p><p>Su mirada delataba expectación, asombro. Miles de peguntas se cocían por su mente aunque sabía que yo no las podía contestar todas.</p><p>Su mano seguía acariciando mi rostro cuyos ojos estaban perdidos en la sequedad de la pared, aquellos ojos grises, ahora vidriosos por las lágrimas que empezaban a brollar de ellos.</p><p>– ¿Por qué corrías? – dijo mientras me arropaba en un cálido abrazo que me hizo tiritar.</p><p>No respondí, solo acaricié el interior de mi camisa sacando de ella una brillante estrella, la estrella de David.</p><p>No noté rabia en aquella mirada, ni asco, ni terror, solo noté indiferencia:</p><p>– ¿Solo por eso? – y, cogiendo la estrella entre sus manos, la acarició dulcemente.</p><p>– Se podría decir – dice con un hilo de voz seca – que metí la cabeza entre las piernas de la mujer equivocada.</p><p>Mi mirada se perturbó al recordar a aquel general entrar por la puerta. Había una orden de búsqueda y captura para mí. Parte del mundo me daba la espalda y la otra me criticaba.</p><p>Pero ella me volvió a abrazar, volví a sentir la calidez de sus brazos y la ternura de sus palabras, como daba forma a mis rizos morenos encrespados por el tiempo que llevaba sin cepillarlos. Su cálido aliento aferrado a mi cuello:</p><p>– Ahora yo estoy aquí, y no me importa lo que hayas hecho o lo que vayas hacer. Ya no debes preocuparte.</p><p>Vio como descendían apresuradas aquellas lágrimas desde lo más hondo de mí, como mis brazos se aferraban a ella y la besaban con una sensación diferente, ahora, aunque había lujuria, también había amor. Pudo ver cómo me fui durmiendo lenta y pesadamente sobre su cuerpo, sin ceder ni siquiera un poco de mi fuerza para que aquel sueño no acabara. Sentí como me mecía dulcemente entre la soledad de aquellas cuatro paredes.</p><p>Domingo, diez de mayo de 1998, soleado.</p><p>La suave arena acariciaba los pies de dos mujeres que se iban despojando de sus ropas. Sus miradas llenas de vida, pese a los más de cincuenta años que cabalgaban sobre sus espaldas, no era ningún impedimento para retozar como dos jovencitas entre las suaves caricias de la arena blanca que de tantas noches de pasión fue testigo, junto a la luna y las estrellas. Podían haber pasado treinta y en sus miradas aun se veía la chispa que un día, desde la más insólita de las escenas, se encendió, haciendo de esa, una llama incandescente que solo el destino de toda persona podría aplacar.</p><p>Cuanta lujuria se veía entre esos dos cuerpo, cuanta pasión florecía entre cada por de su piel, miradas de deseo y besos desenfrenados, pero, sobre todo, el amor que hacía de cada día más larga aquella llama que un día curó todas las heridas en una noche de esperanza.<br /> Fuente:todorelatos.com</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://www.relatos.conejitax.es/haz-de-luz-porno/feed</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
