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Relato porno 1 de marzo del 2010, los mejores relatos porno. Mi esposa y yo hemos fantaseado mucho con hacer un trío, pero no pasaba de ser solo un calentón al momento de tener sexo, pues pasaba el momento y no se volvía hablar nada. Gabriela tiene 32 años y es una mujer muy atractiva, ella es blanca con pelo castaño con destellos rojizos, de tetas pequeñas pero muy bien puestas a pesar de nuestros dos bebes, (cuatro y dos años) sus nalgas son preciosas, muy redondas y respingonas, con una cinturita muy breve unas piernas largas muy bien torneadas.

En mi caso soy un tipo normal de cabello castaño, de 1.78 mts. Con 88 kgs. Medio panzón y casi cuarentón, con una pija de 15 cts. Muy bien hecha con circunsición. Soy bastante caliente pues me fascina ver películas porno, ver fotos, leer relatos de esposos calientes y todos los temas de matrimonios en trío me vuelven loco, siempre lo mejor del repertorio se lo muestro a mi señora que se estremece y acabamos cogiendo como locos.

Resulta que el Sábado pasado tuve la comida navideña de la compañía donde trabajo, coincidió que también era el día que habíamos planeado poner el árbol de navidad pues lo habíamos comprado un día antes, y dentro de los planes también estaba tener un encuentro romántico de sexo con unas copitas (una vez al mes mi esposa se disfraza con ropa muy sexy tiene su colección; de caperucita roja, de conejita del play boy, de niña porno, una cena afrodisíaca con unos buenos tragos y disfrutar del sexo) Leer todo

Relato porno 24 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. Afuera el viento helado entume haciendo doler la piel y llegando a los huesos. Gente que se apresura por las calles con las manos retraídas y envueltas en guantes, bufandas meciéndose al ritmo de los pasos y autos con las ventanillas empañadas. En casa, en la habitación, en cama… nuestros cuerpos abrazados se encuentran protegidos del frío. Los suaves latidos de mi corazón armonizan con tu respiración regular y profunda. Mi espalda contra tu pecho y mis manos contra el mío, tus brazos me rodean y tu mentón descansa en mi hombro, sumidos en un sueño profundo y delicioso. Poco a poco voy cobrando consciencia, mi mente despierta antes que mis ojos, estos se abren lentamente, perezosos, pasean la mirada un instante para volver a cerrarse. Siento el frío de la estación en mi rostro y sonrío, la temperatura en el ambiente contrasta con la tibieza que me envuelve. Como si intuyeras que he despertado me presionas contra ti pegando aún más mi cuerpo al tuyo.

Me vuelvo hacía ti y apoyo mis manos en tu pecho deslizándolas cerca de tus hombros, rodeas mi cintura y tus manos comienzan a subir por mi espalda debajo de mi pijama. Tu mirada es tierna. Leer todo