Soy de Chile y tengo 17 años, desde pequeño siempre he tenido debilidad por las piernas y pies bien formados de las mujeres, poseo un pene de 19 cm. erecto. En fin, el cuento es este: hace más o menos 3 años, cuando tenía 14 estaba de visita en la casa de mi prima, ella se parece mucho a Jennifer López para que tengan una noción, con unas tetas más bien grandes, un culo redondito y parado y lo mejor de todo: las mejores piernas del mundo, bien torneadas y sexy. Un día en la mañana entré a su cuarto para buscar algo no recuerdo que. Ella estaba sentada de piernas cruzadas en la cama con una camisola muy corta que dejaba ver sus piernas por completo, desde los muslos hasta sus exquisitos pies.
La erección fue inmediata y mi excitación fue tanta que las miré por un rato hasta que ella me preguntó qué miraba, en ese momento fui corriendo al baño para masturbarme. A ella le encanta exhibir su sexy par de piernas, sobretodo a mi, por lo que después de aquella ocasión no paró de mostrármelas.
Un año más tarde, yo con 15 y ella con 14, fui nuevamente a dormir a su casa. Estaba viendo televisión en su pieza mientras ella se duchaba. Luego de un rato ella sale del baño con una toalla en la cabeza y otra tapando sus pechos y culo pero dejando las piernas desnudas por completo, en ese momento pude apreciar lo voluptuosa que ella era, no parecía tener 14 años sino 20. Entró y se sentó en la cama (yo estaba en sentado en una silla a los pies de su cama), no me miró, subió las piernas y comenzó su ritual se depilación el cual duró unos 25 minutos. Leer todo
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Semen en ayunas
Mi novio y yo estamos estudiando en la Universidad de Valencia y hace unos días que acabamos los exámenes de septiembre, y como las clases no empiezan hasta octubre, estamos aprovechando estos días para descansar e ir a la playa. Lo cierto es que esto no tiene nada e extraordinario, porque llevamos yendo todo el verano, pero estos días últimos los estamos aprovechando al máximo.
Además lo bueno que tiene el ir a la playa en esta época es que como todo el mundo está trabajando, pues practicamente la playa está vacía por las mañanas, por lo que casi siempre estamos solos.
Hasta ahora nunca habíamos intentado hacer nada en la playa, y eso que llevamos casi 3 años juntos. Pero yo aquel día estaba muy caliente, y Mario…bueno, creo que Mario nunca deja de estarlo. Es insaciable ese chico.
Era un día normal de la semana. Mario se pasó a recogerme temprano, sobre las 9:00 de la mañana. Subimos a su coche y nos dirigimos, como todos los días, a la playa más cercana. Al llegar no había absolutamente nadie, pero bastó con bajar hasta la orilla para instalarnos, cuando oímos llegar a un coche. Al rato vimos que se trataba de una pareja de personas mayores, un hombre y una mujer, que se pusieron como a 10 metros de donde estábamos nosotros, y mira que había playa. La verdad es que tampoco nos importó demasiado y nos olvidamos pronto de su presencia. Mario comenzó a ojear una revista mientras yo tomaba el sol, boca arriba, extrañamente consciente de mi calentura, causada no precisamente por el sol de las 10 de la mañana, sino porque, con la cabeza ladeada, no podía quitarle la vista de encima al paquete de Mario. Leer todo
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Todo en un dia
-¿¿Es esa tu última palabra-pregunté muy enfadada-??.
-¿¡QUIERES OÍR MI ÚLTIMA PALABRA!?.
Su tono tan alto y amenazante que en otras ocasiones me había amedrentado solo consiguió enfurecerme más.
-¿¿De veras es esa tu última palabra??.
-Escúchame bien, ¡NIÑATA!. Más te vale olvidar esta charla si no quieres desatar una furia que solo has visto en la Biblia, ¿¡QUEDA CLARO!?.
-¡SÍ, SEÑOR TIRANO, CLARÍSIMO!.
Salí de su despacho dando un soberano portazo que retumbó por toda la casa. Estaba hecha una auténtica furia, cuando vi a Guillermo y Héctor salir de la habitación de éste último, que estaba a poca distancia del despacho.
-¿¡Se puede saber que ha pasado ahí dentro-preguntó Guillermo-!?.
-¡NADA!. Simplemente que he discutido con ese #@!!X%&(no me atrevo a repetir aquel insulto) y la discusión se salió de madre.
-¿Pero va todo bien?.
-Sí Héctor, va perfectamente-repuse con sonrisa sardónica y mucha ironía-, y si me disculpáis, me iré al comedor, o a salita, o al jardín, ¡¡O A TOMAR POR EL PUTO CULO!!.
Me largué de allí echando leches queriendo aplacar mi mal genio y ellos se volvieron a su cuarto con mala cara por haberles gritado. Siempre fui muy temperamental. Decidí irme al balcón de fuera, a que el sol de la mañana me iluminase y se llevase mis malos humos. Tenía que pensar, pensar, pensar…si hubiera sido un dibujo animado, me hubiera dado cabezazos contra las paredes con tal de tener una idea. Me apoyé en el balcón y contemplé la inmensa panorámica de aquella casa de campo en la que me encontraba y en la que esperaba pasar un buen día al despertar. Al irse despejando mi cabeza, entré en razón y me fui a disculpar con Guillermo y Héctor por haberles gritado. Ellos quitaron hierro al asunto diciendo que todos nos solíamos acalorar al discutir y que era normal. Nos dimos un abrazo y me propusieron quedarme con ellos jugando en su ordenador una partida de “Need For Speed”, pero les dije que no, que tenía otros planes. Me fui a mi cuarto, y me quedé pensando en que tenía hasta la puesta de sol para cumplir la idea que accidentalmente había sido trazada.
Tres hombres en la casa, tres desafíos, a cada cual más difícil. Evidentemente, Guillermo y Héctor serían los primeros, y el otro con quien yo había discutido quedaba para el final. La cuestión era donde pillarlos a solas para someterlos, uno por uno, y así obtener lo que mi corazón ansiadamente quería. De los dos chicos, Héctor, que era el menor por año y medio, fue mi primer objetivo, no solo por ser el menor, si no por ser el más guapo. Su pelo era más de un castaño más claro que el de Guillermo, y sus ojos verdes más brillantes, sin contar con que aún tenía cierto aspecto de niño, mientras que el otro ya parecía todo un hombre. Con la ventaja que da saber las costumbres de unos y otros, yo sabía que a Héctor le encantaba pasar al menos un buen rato dando un paseo por el campo, y más si la mañana era soleada. Por fortuna, no tuve que esperar mucho para ver como salía a dar su paseo matutino. Le seguí con cuidado de no ser descubierta, viendo como se salió del camino e iba hasta una pequeña colina que le gustaba mucho, hasta que finalmente se echó en campo abierto a disfrutar la mañana y ponerse a soñar despierto. Con mucho sigilo me puse a su lado, y le vi con los ojos cerrados, lo que explicaba haber llegado hasta allí sin ser descubierta. Llevé mi mano a su bragueta e intenté desabrocharle la cremallera de sus pantalones. Leer todo

