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Hola, amigos lectores, les quiero relatar algo que estoy viviendo y que deseaba compartir con ustedes. Bien, mi nombre es José y llevo casado 5 años con Maria mi querida esposa, ella es una hermosa morena, con un físico bien definido, unos ojos soñadores, unos labios muy sensuales, pechos medianos, vientre planito, y unas nalgas que ni hablar, ella nuca pasa desapercibida a las miradas masculinas.

Les cuento que en ambos disfrutamos del sexo a plenitud, en realidad nos gusta hacer de todo en el sexo. Pero desde un tiempo para acá he notado que un vecino de la urbanización la a estado cortejando, a veces se encontraban en la calle y conversaban y el a veces se le insinuaba, o sencillamente le decía algo romántico.

Lo cierto es que mi mujer, al principio trato de convérsenme de que solo eran amigos, que hablan de todo un poco sin nada raro, pero siempre terminaba contándome lo que el le decía, de todo esto fue como un año. Y poco a poco fui alimentando en mi la idea de que ella, se acostara con otro, en varias relaciones le comente sobre ello, y al principio tenia miedo, pero después, durante una de esas cojidas donde tocamos el tema, le pregunte ¿te gustaría que el te cojiera?….

Y mi sorpresa es que la muy puta me dijo que si, si le gustaría por que seria algo emocionante, en realidad al principio fue solo una fantasía, y yo en realidad quería que pasara.

Después de un día de trabajo, llego por la tarde a casa y encuentro a mi mujer acostada, pensé que estaba dormida, pero solo me estaba esperando, me jalo a la cama y me pidió que la abrasara, estaba nerviosa, y después de mucho hablar y calmarla, me contó lo que había pasado! Leer todo

Al disponerme a escribir esta anónima confesión me digo que quizás el lector podría pensar o tener una primera impresión que se trata de la típica historia de la pareja casada desde hace bastantes años y que, un tanto aburrida, se regala una segunda luna de miel.

Pero aunque así sea no puedo resistir las ganas de contarles a todos ustedes este reciente episodio de mi vida que considero único y excepcional. Repleto de experiencias que hasta entonces solo había conocido en mis sueños y fantasías, y que marca el que sin duda es el comienzo de una nueva (y muy placentera) etapa en mi matrimonio y en mi vida en general.

Sin extenderme en presentaciones les diré que me llamo Alejandro, tengo 39 años y trabajo de contable en una multinacional de seguros e inversiones. Estoy casado con Silvia desde hace algo más de quince años. Silvia es dos años más joven que yo y trabaja de profesora en una escuela pública de enseñanza primaria. Tenemos dos hijos varones, Raúl y Marcos, de 12 y 9 años respectivamente, y vivimos en un barrio residencial de la periferia de una gran ciudad de la costa mediterránea española.

Como les decía, tras casi tres lustros de matrimonio, la rutina se había instalado entre nosotros y aquellas pasión y locura de los primeros años, sobre todo los dos primeros, antes del primer embarazo, se habían esfumado. Siendo consciente de ello y comenzando a preocuparme muy seriamente de tal decadencia (admito haber comenzado a desear a casi todas las mujeres de mi entorno e incluso haber ido de putas algunas veces) decidí, ante la proximidad de nuestro quinceavo aniversario de bodas, darle una sorpresa a mi esposa. Pensé que un viaje juntos, los dos solos y en algún lugar bonito, romántico y tranquilo, podría hacer renacer entre nosotros un poco de esa complicidad que solo el erotismo, el deseo y el placer compartido pueden aportar a dos personas que, se supone, se aman.

En secreto busqué entre las muchas ofertas que tanto en agencias de viajes como por Internet proponían para las fechas que deseaba. Por una vez no me importaba el precio y para mi elección quise privilegiar ante todo el exotismo, el confort y la intimidad. Lo principal era evitar cualquiera de esos lugares abarrotados de turistas del Caribe, del sur de Europa o del norte de África. Finalmente me decidí por una de las alternativas más caras: un viaje de diez días a una pequeña y paradisíaca isla del archipiélago indonesio, alojados en un pequeño hotel compuesto por solo una veintena de bungalows individuales y situado en la misma orilla de una magnífica playa privada. También me ocupé de organizar el cuidado de nuestros hijos durante esos días y una vez todo resuelto, solo cuatro días antes del inicio del viaje, se lo anuncié a mi esposa. Leer todo

En mis tiempos de universidad, cuando cursaba el tercer año de derecho, me había hecho intima amiga de Ramiro. El era un tipo estupendo, moreno, macizo, y de un rostro muy parecido a Robert Redford después de conocerlo en profundidad, él me confidenció que era homosexual y que ese era el motivo por el cual prefería compartir con mujeres, y no porque quisiera ligar con ellas. Sufrí una gran decepción, ya que yo me había hecho ideas sobre pegarle una buena pasada.

Me contó que a pesar que cuando adolescente había tenido algunos pololeos, la verdad es que nunca había conseguido disfrutar mucho sexualmente con ellas. En cambio su primer amor había sido un español bastante maduro que lo había iniciado en la homosexualidad. Lo había conocido gracias a un trabajo de promotor, en un evento internacional, donde este tipo exponía sus productos. En dos semanas muy tórridas, Ramiro había descubierto sus preferencias sexuales y estaba muy conforme con ellas.

Durante ese periodo, para consolarme yo me puse a pololear con Cristian, pero nunca deje la amistad de Ramiro de lado. Compartíamos mucho tiempo juntos, compartíamos casi todas nuestras actividades. Aunque al comienzo Cristian estaba un muy celoso, pronto se dio cuenta que con la amistad de Ramiro, era yo la que corría más riesgo, pues muy cuidadosamente Ramiro siempre estaba tratando de atender y agradar a Cristian. Leer todo