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Relato porno 19 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. La luna se elevaba sobre los edificios de la ciudad. En las calles, los coches circulaban con suavidad por la carretera emitiendo pitidos y sonidos estridentes. Pero en uno de los edificios, en el sexto piso el silencio era sepulcral, excitante. Una mujer con el pelo largo y moreno se inclinaba desnuda sobre el sexo de su amante. Podía sentir su polla recorriendo su boca, sus huevos golpear en su barbilla mientras subía y bajaba recorriendo cada centímetro de falo. Ella guardaba silencio mientras mamaba, concentrada como estaba en dar todo el placer del mundo a su hombre. Él la miraba con los ojos entrecerrados sintiendo como una corriente eléctrica sacudía todo su cuerpo.

—¿Qué pensaría tu marido si nos viera ahora? —preguntó él con la voz entrecortada.

—Posiblemente te mataría —sonrió ella dejando de chupar mientras pajeaba la polla del hombre—. Y luego me mataría a mí.

—Pero vale la pena ¿verdad?

Ella volvió a sonreír y pasó la lengua por toda la longitud de la polla, humedeciéndola con su saliva.

—Pero no hablemos de eso ahora —le pidió en un susurro, mientras se tumbaba al lado del hombre y él le rodeaba los hombros con su brazo. La mano de ella siguió masajeando la polla, extendiendo la saliva que había dejado en ella.

—Ahora solo quiero follar —le dijo.

Entonces el hombre se echó sobre ella y paso la lengua por su cuello arrancando suspiros de placer de la garganta de ella. Leer todo

Feb
19

Las primas

Relato porno 19 de febrero del 2010, los mejores relatos porno. El verano comenzó bien desde los primeros días, todas las primas nos juntamos para pasar unas vacaciones lejos de la casa de nuestros respectivos padres. Trabajo nos había costado convencerlos de que nos encontraríamos perfectamente bien estando solas y lejos de casa pero afortunadamente habíamos conseguido el permiso.

Éramos en realidad cuatro jóvenes, todas hijas de familia, la más joven con 18 y la mayor de 24. Pues bien, nos encontrábamos en el aeropuerto esperando a la última que faltaba y llegó justamente antes de la hora de la cita, nuestros padres nos acompañaban y nos daban los clásicos consejos: “no se separen, háganle caso a Sandra (que es la mayor), no tomen demasiado, aléjense de los chicos, etcétera.

Por fin después de las despedidas y muchos más consejos nos perdimos entre las salas y pasillos y abordamos el avión que nos llevaría hasta las hermosas playas de Cancún, en México. Serían varias horas de vuelo así que nos pusimos a platicar sobre cualquier cosa. Efectivamente varias horas después ya nos encontrábamos descendiendo de la aeronave en el aeropuerto de ese paradisíaco lugar del caribe. El calor se dejó sentir desde el primer momento y lo primero que hicimos fue ir a rentar una camioneta en la que pudiéramos viajar todas cómodamente. Leer todo

Relato porno 18 de febrero del 2010, los mejores relatos porno .Benito era un chiquillo rechoncho y chaparrito, hijo de una de las vecinas de la colonia. Benito era casi la viva imagen del monito de las caricaturas que salía con don Gato y su pandilla. Su familia se limitaba a su madre, una señora joven, de piel blanca, chaparrita y regordeta, cuyo único atractivo era un descomunal par de nalgas, parecía como si toda la carne de su cuerpo se hubiera acumulado precisamente en aquella parte. Con aquel trasero era normal que todos los cabrones de la calle se fijaran en aquella señora, que rentaba un pequeño departamento y que vivía de trabajar en un taller de costura.

Pero Benito, pese a su pobreza, se convertía el Día de Reyes en el chiquillo que recibía más juguetes que todos los chamacos de la cuadra juntos, ¿por qué?, ¿de dónde salían tantos juguetes si la nalgona de su madre a duras penas tenía para comer?, pues nada que muchos cabrones que terminaron metiendo la verga entre aquel descomunal par de nalgas sentían que, de algún modo, Benito era algo así como su hijo y el Día de Reyes trataban de calmar sus culpas llevándole a Benito juguetes y más juguetes, aunque los muy jijos no fueran capaces de llevar a sus propias casas ni siquiera el gasto del día. Leer todo