Luego supe que esa fantasía le venía de la infancia, de la adolescencia pues cuando era joven él y su mejor amigo, estaban enamorados de la misma chica y un día que estaban de fiesta en el apartamento de su amigo, se emborracharon y se pudieron a bailar con ella por turnos. Aunque en uno de los bailes la chica se besó con su mejor amigo, y él comprendió que había perdido y que ella ya había decidido quién le gustaba.
Esa noche ellos la pasaron en la cama y él en un colchón inflable que le pusieron en el suelo, junto a la cama, donde vio a su amigo follando con la mujer que amaba. Desde su cama sólo veía lo que hacían debajo de las sábanas, pero se veía perfectamente que estaban follado. A él le dolió mucho aquello, pero de pronto sintió mariposas en el estómago y se le puso la polla dura. Y mientras ellos follaban en el cama de arriba, él se pasó la noche haciéndose pajas en el colchón neumático del suelo, mientras miraba como ellos lo hacían. Continua leyendo »
Cada doce horas el robot realizaba los protocolos correspondientes, comprobando la temperatura del recinto y la luminosidad, la salubridad del estanque…, todo lo que venía siendo, en fin, la rutina de los últimos siglos. No le importaba: él no existía más que para servir a los seres humanos y velar por su bienestar.
Echó un detenido vistazo a las pantallas de televisión que ocupaban tres de las paredes de la cabina y que le permitían vigilar cada uno de los rincones del recinto. Ahora resultaba muy fácil porque el rebaño de humanos dormía plácidamente. Hacinados sobre almohadones y exhaustos de sexo, dormían profundamente gracias a los narcóticos que los robots les suministraban y que ellos aceptaban encantados porque les permitían ver alucinaciones asombrosas antes de sumirse en un dulce sopor… Desde luego yacían desnudos: no necesitaban ninguna ropa en el recinto perfectamente climatizado. Fuera lloviznaba y corría un viento fresco, pero la temperatura del recinto era permanentemente de treinta grados por el día y veinte por la noche. Jamás ocurría nada que pudiera perturbar su sueño. Continua leyendo »
Cuando me sucedió esto tenia alrededor de los 16 años, en ese entonces yo no era de los clásicos jóvenes a los que les gusta estar de fiesta en fiesta o matarse estudiando, si no que yo me consideraba todo un estudiante promedio.
Me encontraba en las fechas muy importantes para la mayoría del planeta, Navidad y Año Nuevo, ya saben en donde no falta la excusa para sobre pasar el límite de alcohol en nuestro cuerpo o pretender hacer actos dignos de orgías de las que no había quien no hablara en ellas en los últimos días antes de salir de vacaciones.
En ese entonces solo me interesaba una cosa, más bien una persona, Gabriela. Ella era la clásica chava a la que le encantaba andar coqueteando con todos los de la escuela, tenía una reputación no muy buena ya que era de una de las que siempre estaba presente en las conversaciones que se hacían a cerca de tal fiesta o tal culeada que se había dado con Mengano o Perengano. Continua leyendo »